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Blog Julio García Mera: Camino a la perfección

Blog García Mera: Camino a la perfección

El 22/09/2017 a las 10:56Actualizado El 22/09/2017 a las 10:59

Hay una pregunta que siempre te acecha: ¿Cómo sé que estoy haciendo lo correcto? Te persigue a casi cualquier rincón: en los entrenamientos, en los momentos previos a un partido, segundos antes de un penalti, incluso cuando ganas los partidos y consigues lo que te habías marcado como objetivo.

Una de las locuras más maravillosas del deporte colectivo es que nunca tienes la certeza de que estás haciendo lo correcto.

Me gusta contar una pequeña historia del protagonista que siempre está ahí, en el centro de la imagen de nuestro deporte, el balón.

El balón siempre ha intentado reinventarse, mejorarse; siempre en busca de alcanzar la perfección.

La obsesión de los fabricantes de balones siempre ha sido conseguir el vuelo ideal, el toque exquisito, la belleza estética.

Para ello los fabricantes han intentado eliminar las diferencias que hay en la superficie, quitar esas impurezas que no ayudan al juego cada vez más exigente. Del viejo balón tradicional al voluptuoso balón moderno.

En la Copa del Mundo de Sudáfrica el famoso Jabulani parecía hacer movimientos extraños. Así que los analistas de la NASA probaron varios de estos balones en busca de respuestas. El Jabulani era un balón mejorado, más liso, más perfecto. Con 8 paneles en lugar de 32, como sucedía con los balones tradicionales. No obstante, los ingenieros obtuvieron un resultado curioso: llegar a obtener un balón más liso no garantizaba necesariamente un vuelo más limpio. Y al chutar el Jabulani con fuerza, el balón describía movimientos erráticos.

En el siguiente paso, para el Mundial del 2014, se consiguió un balón con menos paneles aún, sólo 6: el Brazuca. Por lo visto, se conquistó un vuelo más fiable que el anterior, con menos turbulencias. Sin embargo, la fiabilidad de este moderno balón, realizado por un grupo competente de diseñadores, no superaba al fiable y viejo balón estándar de la FIFA de 32 paneles.

Tecnología, ingenieros, mejoras, sentido común, sesudos estudios: todo al servicio de hacer un balón mejor, de conseguir el balón perfecto. Se suponía que no se había escatimado en esfuerzo e inversión. La idea era hacer lo correcto. Y, de hecho, se hizo. No obstante, el resultado no mejoró el balón de toda la vida.

No hay que temer ni a la incertidumbre ni a las contradicciones, ya que forman parte la vida. De hecho, es algo consustancial a la propia existencia. Pocos lo han expresado tan bien como el psicólogo estadounidense, Rollo May: "Creer plenamente y tener dudas al mismo tiempo no es ningún caso de contradicción; presupone un mayor respeto por la verdad, la conciencia de que la verdad siempre va más allá que todo lo que se pueda decir o hacer en un momento dado".

Tanto Barça como Palma han buscado lo mismo que los fabricantes del balón: mejorar lo que ya tenían, no conformarse, buscar la excelencia, conseguir el equipo perfecto. Y en ello están: camino a la perfección.

Los de Andreu consiguieron la temporada pasada lo más complicado en deporte colectivo: saber qué quieren, reconocerse ante el espejo, tener una identidad. Y se han acorazado con las incorporaciones. Si ya eran indomables antes, quien quiera ganarles ahora deberán hacer muy bien los deberes y correr un triatlón.

Vadillo toma un equipo que esta temporada es aún más equipo con los fichajes. Refuerzan la defensa, la elaboración y el ataque. Lolo, Pazos y Quintela: excelentes profesionales que son excelentes personas. No se puede fichar mejor. Prepárense para disfrutar con este grupo de hombres felices.

Esta noche podremos ver los primeros pasos de la temporada de estos dos grandes equipos que aspiran a todo. Y pase lo que pase hay algo que nos queda claro: el futsal es una locura maravillosa en la que nunca tienes la certeza de que estás haciendo lo correcto.

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