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Blog Julio García Mera: Caperucita y el lobo

Blog Julio García Mera: Caperucita y el lobo

El 29/09/2017 a las 14:38Actualizada El 29/09/2017 a las 14:39

Todos los que conocemos a Caperucita sabemos que el lobo, en realidad, no era un lobo. Era un perro. Su perro. Caperucita nos mintió a todos los niños. Se lo inventó para hacerse famosa y entrar en la casa de Gran Hermano.

Desde entonces, la mala reputación de lobo feroz le persiguió al pobre perro y le dejó mal de la cabeza. Así que tuvo que acudir a un médico. Le dieron la dirección de un tal Pavlov. La manera de trabajar del medico ruso tenía sus peculiaridades: el tratamiento tenía que ver con platos de comida y campanas. Con el tiempo Pavlov pasó a la historia como un clásico de la Psicología, pero del perro de Pavlov nada se supo, excepto que salivaba nada más escuchar el sonido que le condicionaba el comportamiento.

Eurosport ha tenido acceso al perro al que todo el mundo teme desde el cuento de Caperucita y al que nadie conoce, pese a ser tan famoso gracias a Pavlov. Y nos confiesa que “como siempre se ha prestado atención sólo a Caperucita, yo soy el malo de la película. En cuanto a lo de Pavlov, conseguí condicionar la conducta del doctor. Cada vez que él tocaba la campana, yo producía saliva y entonces me daba de comer. Y además se ponía muy contento”.

Qué curioso, ¿verdad? Si sólo se ve la realidad desde un punto de vista, se pierde la perspectiva. Por eso los cuentos deberían narrarlos los vencedores y los vencidos, los caballeros y los villanos, las damas y los vagabundos, los guapos y los feos. Por eso los jugadores deberían pasar por todos los puestos del equipo. Para ponerse en el pellejo del que mete goles, del que los defiende, del que no para de ayudar a los demás o del que se pone bajo palos. Sólo así se tendrá una visión global del juego. Sólo así se llegará a entender los secretos del juego.

Algunos de esos secretos los podréis ver esta noche. En un partidazo: Osasuna Magna frente a Movistar Inter. La fe de un grupo que año tras año crece frente al dominio y la madurez de los torrejoneros. El Inmortal frente a Mr. Magorium.

Y aunque este cuento ya os lo he contado en muchas ocasiones, aquí va una vez más: fijaos en los veteranos de cada equipo y podréis descubrir esos secretos del juego. Uno de ellos es clave: el juego sin balón. Si hacéis el seguimiento a Eseverri, Rafa Usín, Rafael Rato o Ricardinho, os daréis cuenta de que teniendo todos una calidad extraordinaria y pudiendo administrarse los esfuerzos, son los que más se sacrifican sin balón. Tocan y rompen en corto, tocan y rompen en largo, tocan y salen en diagonal profunda. No paran. Es un lujo tener a jugadores con tanta calidad y tanta capacidad de sacrificio al mismo tiempo. Puede parecer que es lo normal. Pero no es así. Que no os cuenten cuentos.

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