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Blog Uría: Todo es una falta de respeto

Blog Uría:  Todo es una falta de respeto

El 15/02/2016 a las 11:17Actualizado El 15/02/2016 a las 11:39

En el gran carnaval mediático del postureo y la barra libre de porquería, todo es una falta de respeto.

Antonín Panenka cometió una gravísima falta de respeto con aquella genialidad para abatir a los alemanes desde los once metros. René Higuita faltó al respeto a la Reina de Inglaterra, a Wembley y a todos los ingleses habidos y por haber, incluido Francis Drake, cuando sacó un disparo con su famoso “escorpión”. Pelé faltó al respeto a todo Uruguay cuando regateó sin balón a Mazurkievich, en un gol imposible que nunca entró y pasó a la historia precisamente por eso, como aquel que casi le hizo, desde el centro del campo, al checo Víctor, con otra falta de respeto que habría merecido varios años de cárcel en Sing Sing. Diego Armando Maradona faltó el respeto a toda Bélgica cuando tiró tres taconazos con un 2-0 a Bélgica en semifinales del Mundial, España faltó al respeto a Dinamarca en México ’86 cuando decidió que El Buitre lanzase un penalti con 4-1 a su favor, para que Emilio sumase el cuarto gol del partido e hiciese historia, algo que debió haber acabado con arresto domiciliario del siete del Madrid. Djalminha era un criminal con ínfulas de provocador cuando tiraba una lambretta y se inventaba un doble sombrero sobre su marcador cuando su equipo estaba empatando a cero, en Riazor, con el Madrid.

Magic Johnson y los Lakers faltaron al respeto a toda la NBA cuando, ganando por 20 puntos, metían canastas de espaldas y a toda carrera. Larry Bird faltó al respeto a la humanidad, a la ONU y a la Unesco cuando decidió levantar el dedo índice en pleno concurso de triples antes de que la pelota entrase. O cuando pegó una patada en la puerta antes del concurso y comentó, en voz alta, quién iba a ser el segundo del certamen, porque él iba a ser el primero. O cuando, a pesar de su maltrecha espalda, dominaba sin apenas anotar y decidía lanzar los tiros libres con la zuda o sin siquiera mirar, pregunten a Reggie Miller. Charles Barkley debió haber sido deportado a Siberia cuando,con su equipo ganando por 50 puntos de diferencia, lanzó a canasta desde el centro del campo, y con la izquierda. Y Drazen Petrovic, el genio de Sibenik, faltó al respeto al baloncesto FIBA cuando decidió pasarle el balón entre las piernas a un jugador del Real Madrid, con su Cibona de Zagreb humillando a los blancos, en una final europea, yendo arriba por 22 puntos.

Muhammad Alí cometió una terrible falta de respeto cuando fue derribado y comentó a los periodistas que el golpe le había alcanzado porque se había quedado mirando a Liz Taylor en mitad del combate. Mike Tyson le faltaba el respeto a la historia del boxeo, a los pesos pesados, a los aficionados y a los promotores cuando noqueaba a sus rivales en el primer asalto. Federico Martín Bahamontes faltó al respeto al pelotón, al ciclismo y a su equipo cuando pasó el primero por un puerto y después, en el descenso, se paró a comerse un helado. Coppi y Bartali le faltaron el respeto a todos los aficionados al mundo del ciclismo cuando, en plena rivalidad, decidieron frenar su ritmo brutal en plena ascensión para compartir un bidón de agua, delante de todo un país dividido en dos. Iván Lendl faltó al respeto a todo París cuando pasó a Mecir con un passing de espaldas con dos sets a favor y estando a dos juegos de clasificarse para siguiente ronda. Usain Bolt falta al respeto continuamente al atletismo mundial cuando desacelera en los últimos veinte metros y se deja llevar, cuando sabe que ya ha ganado, porque gana casi siempre. Al paredón con esta gente. Qué manera de ofender al personal y de reírse de toda esa gente que paga una entrada por ver espectáculo.

Hace décadas que Cruyff, el genio que revolucionó los códigos del fútbol, faltó al respeto a sus compatriotas holandeses durante años por ejecutar un penalti dentro del reglamento, innovando esa suerte. Y anoche, Messi, el mejor de todos los tiempos, faltó al respeto a todos los españoles, ciudadanos del mundo, habitantes de Marte, Narnia y Mordor, por ese orden, salvo al entrenador y los jugadores del equipo rival, que no se sintieron agraviados, ni molestos. La tremenda falta de respeto del pequeño dictador consistió en delegar la suerte suprema de una pena máxima a su amigo y también compañero. Intolerable. Lo aconsejable habría sido reventar la pelota, con la uña, como Dios manda. Para eso pagan su entrada los espectadores, para ver un punterazo de los de toda la vida. A dónde vamos a parar.

La única realidad es que, por desgracia, en este gran carnaval, en este circo del absurdo que rinde pleitesía a lo superfluo y pasa de puntillas por el juego, todo es una falta de respeto. Si el que está enfrente es el rival, todo lo suyo ofende. Si el que comete la acción es el equipo que uno defiende, todo es arte. Y así, siempre. Todo es falta de respeto para quien falta al respeto a los que, viéndoles, se faltan al respeto a sí mismos. Un día es por tirar un caño cuando se gana, al otro la falta de respeto es por Hacienda, al siguiente la falta de respeto es por el derecho a decidir, cuando no es por un caso que está en los juzgados, si no es por una fiesta de Halloween, incluso por un tuit o por una foto de Instagram o una foto en el Facebook, y casi siempre es por una presunta conspiración arbitral. Ahora , la penúltima falta de respeto pasa por un penalti que desafía la ejecución convencional. Todo es una falta de respeto para los que, desde el permanente insulto a la inteligencia ajena, faltan el respeto a los demás con estas faltas de respeto de todo a cien. Así funciona el recurso del pataleo de los que son incapaces de hablar de lo único que no pueden, ni saben, ni quieren hablar: de fútbol. De eso tienen prohibido abrir la boca, porque, en los últimos años, no hay debate.

Rubén Uría / Eurosport

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