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Blog Vintage: Al Owairán, el hijo del desierto

Blog Vintage: Al Owairán, el hijo del desierto

El 18/10/2016 a las 17:53

Marcó un gol quizás hasta mejor que el de Diego Armando Maradona, pero apenas pudo quedar un mayor poso de él. Dejó por el camino a tanto belga que ni los Tercios de Flandes en una inolvidable acción en el Mundial de 1994.

Fue un 29 de junio en el partido final del Grupo F de la primera fase, un Arabia Saudí-Bélgica (0-1) en el RFK Stadium de Washington. 52.959 afortunados asistieron a algo que cambió sus vidas para mejor.

Un eslálom rápido como el viento de un hijo del desierto, Said Al-Owairan, un media punta con el 10 a la espalda tan técnico como orgulloso, una maravilla de futbolista limitado por una vida sufrida entre las cuatro paredes de una monarquía absoluta bajo la égida de la Sharia como es su país, Arabia Saudí, el mismo que le bajó del pedestal por conducta impropia.

Al Owairán finaliza en gol su jugada ante Bélgica en 1994.

Al Owairán finaliza en gol su jugada ante Bélgica en 1994.Imago

Al Owairán tomó la pelota a los 5 minutos (fresco, pues) al borde del área de Arabia tras un ataque de Bélgica y se lanzó a una desbocada carrera ganadora en la que se llevó por delante hasta a seis rivales, portero incluido (ni más ni menos que Michel Preudhomme) para firmar un gol de 80 metros, diez segundos, tres regates y un tiro ven caída con la derecha. Una simulación aventajada del gol de Maradona a Inglaterra en el Mundial de México 86.

'El Maradona del Golfo Pérsico'

Venía Said en el mejor momento de su carrera, héroe del Al-Shabab, su club de siempre, con el que había ganado un triplete de Ligas (1991, 1992 y 1993). Al Owairán, con el éxito de un gol que dio la vuelta a los mundos del fútbol, era un ídolo nacional. Balón de Oro asiático de 1994, imagen publicitaria de multinacionales como la Coca Cola, el sobrenombre de ‘Maradona del Golfo Pérsico’ parecía al apropiado para sus cualidades.

En una concentración con la selección en El Cairo, Al Owairán cayó en la tentación en un club nocturno y su conducta con unas chicas rusas llegó a oídos del régimen. Sancionado con ocho meses por su Federación, solo su talento, su pasado y la exigencia del seleccionador, el brasileño Carlos Alberto Parreira, permitieron a las autoridades rehabilitarlo con miras al Mundial de 1998 en Francia.

Pero Al Owairán ya no volvió a ser el mismo, se le prohibió fichar por un club europeo como era su sueño y no lució en la tierra donde sí destacó Zinedine Zidane. A los 32 años optó por retirarse del fútbol, aburrido de la falta de retos con el Al-Shabab del que fue el jefe de El Jefe, apodo del club de la capital saudí, Riad.

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