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Blog Brotons: El fracaso de Messi

Blog Brotons: El fracaso de Messi
Por Eurosport

El 15/11/2016 a las 11:17Actualizado El 15/11/2016 a las 11:28

No es lo mismo jugar en un jardín decorado desde hace ya muchos años, que tratar de jugar en un cuarto oscuro donde todas las bombillas parecen estar fundidas.

Argentina aprieta los puños y descarga toda su rabia sobre la espalda de Messi. Los aficionados no comprenden que el mejor futbolista del planeta no cumpla las expectativas, cuando se enfunda la camiseta albiceleste. La mayoría de ellos lo "agarrarían del cuello" hasta vaciar su necesidad de buscar un culpable. Ganar es la exigencia que Messi tiene que soportar como castigo a su grandeza, lo contrario es un fracaso.

Los argentinos no se explican cómo es posible que Leo sea capaz de regalarnos a nosotros todas las excelencias cuando juega con el Barça y entre en estado catatónico cuando lo hace con su Selección. Entiendo que la exigencia debe ser proporcional a la grandeza que uno tiene. El fútbol es un deporte de grupo, de equipo, pese a que algunos lo quieran convertir en individual.

Argentina se equivoca gravemente intentando "masacrar" al único que puede dibujar una sonrisa, en un país que ha convertido el fútbol en un estímulo de vida y que llora por las derrotas de su Selección. Si el pueblo argentino no quiere que su grandeza futbolística toque fondo quedándose fuera de la próxima Copa del Mundo, en Rusia, debería orientar la exigencia de su mirada hacia rincones más institucionales que futbolísticos.

Cuando se argumenta que Messi es el mejor jugador del mundo, es porque nos ha dado poderosas razones para realizar esa afirmación. Cuando decimos que Messi es "Dios", es porque su "omnipotencia" ha servido para cambiar situaciones que parecían imposibles de modificar. En su cabeza y sus pies está la solución, pero sin ayuda grupal no podrá conseguir el objetivo.

A Messi se le sitúa en el mismo peldaño que a los cuatros grandes de la historia del fútbol (Di Stefano, Pelé, Cruyff y Maradona), porque actualmente ningún otro futbolista se acerca tanto a lo que representan esos cuatro ilustres. Ellos se adueñaron de una época, a través de la estética y el impulso, la belleza y la eficacia. Hicieron del fútbol una religión y en otros casos una pasión.

La pregunta que circula estos días por los distintos "lugares comunes", ha vuelto a desembocar en un viejo y cansino debate: ¿Cuál es la razón por la que Messi es menos Messi cuando juega en su Selección? La respuesta más clarificadora está en los alrededores. No es lo mismo jugar en un jardín decorado desde hace ya muchos años, que tratar de jugar en un cuarto oscuro donde todas las bombillas parecen estar fundidas.

Hasta los genios más indiscutibles como Messi, necesitan de un orden para ejercer ese liderazgo que demuestra en Barcelona y que se le supone con la albiceleste. Él aporta la fantasía. El truco de Messi con la camiseta del Barça lo conocemos todos, son sus ayudantes. Messi convierte el espectáculo del fútbol en un curso de magia. El mejor futbolista del mundo fracasa cuando le dejan solo en el escenario.

Cualquier revolución necesita de un sistema previo. En el Barça, Leo Messi busca y encuentra. Le acompañan y acompaña. Desordena porque tiene un andamiaje filosófico que le permite ser un revolucionario. Y suele ser feliz porque desde Johan Cruyff a los tiempos actuales, en el Barça se juega con la atrevida intención de frecuentar un estilo canchero y generoso.

No estoy loco, ni ciego por Messi. Sé que tratar de sostener una reflexión seria en un mundo tan pasional como el del fútbol, no es una tarea fácil. Pero los argentinos que claman contra Messi, deberían pensar con la cabeza antes de hacerlo con los pies. Y apuntar hacia las altas esferas institucionales y organizativas que han llevado a la Selección argentina hacia una enorme confusión, que ha desatado una especie de "histeria" colectiva. Argentina necesita más que nunca, pensar con la cabeza. Para pensar con los pies, ya tienen a Messi.

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