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Blog De la Calle: Warrenball

Blog De la Calle: Warrenball

El 02/07/2017 a las 16:25Actualizada El 02/07/2017 a las 16:39

El técnico de los Lions se sale con la suya renunciando a su estilo de juego y ganando a los All Blacks tras aprovechar la justificada expulsión de SBW.

Warren Gatland es un tipo disonante en el mundo del rugby. Tiene la indecorosa costumbre de copar los titulares de los medios de comunicación antes de los partidos con venenosas declaraciones. Para este segundo Test ante los All Blacks, el técnico de los Lions quiso poner el foco en el árbitro. Polémica en la que caballerosamente declinó entrar Steve Hansen, técnico de los kiwis.

Casualidades o no, todo (el partido y la serie) saltó por los aires con una decisión arbitral, que en realidad fue más es más achacable a una mala decisión de Sonny Bill Williams. El primer centro neozelandés acudió a la ayuda de Naholo, implicado en un placaje sobre el inglés Watson, contra quien SBW se estampó sin ánimo de placar cargando con el hombro sobre su cabeza. Una “shoulder charge” de Rugby League de libro.

Jerome Garcés no se lo pensó. Tarjeta roja. El francés entendió que era pudo en peligro la integridad física del portador y decidió preservar la seguridad del juego expulsando al mediático kiwi, que dejó a los All Blacks en inferioridad durante 55 minutos. Sonny había completado un discreto primer test, con una igualado desafío físico con Te’o su opuesto lion y también ex jugador de League. Su frustración le jugó una mala pasada y condenó a sus compañeros a una agonía. SBW se convertía en el primer all black expulsado desde que lo fuese en 1967 Colin Meads. El legendario Pinetree se cobró la justicia por su mano pateando a un inglés, repitiendo el puntapié que en 1935 Cyril Brownie dio a un escocés y le costó idéntica sanción. Los tres únicos borrones en la hoja de servicios de los All Blacks durante los 555 partidos de su historia.

El incidente supuso un punto de inflexión en el partido. Hansen reaccionó sustituyendo al tercera Keino por Laumape para mantener el dinamismo en el juego abierto y seguir ganando la ventaja en la incorporación de la línea con las embestidas del monstruoso centro de los Hurricanes. Con superioridad numérica Gatland ordenó redoblar la presión física sobre los medios neozelandeses. La noche era lluviosa y Nueva Zelanda alineaba en la cueva a Israel Dagg, zaguero que suplía en el 15 a Ben Smith, lesionado en el primer Test. Los Lions trataban de presionar a Iggy con Farrell y Sexton pateando a las esquinas, donde acudió una y mil veces Dagg con prestancia para exhibir su dominio del oficio en las pelotas altas.

Una furiosa reacción colocó a los All Blacks 18-9 arriba en el marcador tras coser a golpes a los ‘turistas’. El partido estaba marcado por la exigencia física, en la que sobresalía el precoz Maro Itoje. El inglés entraba en el XV titular para neutralizar la influencia de Rettallick, protagonista omnímodo del primer duelo. Y en medio de esa batalla las indisciplinas de Mako Vunipola, uno de esos piliers modernos del que inopinadamente se ensalza su animosa participación en el juego abierto para maquillar su deficiencia en la melé, permitían rentabilizar los palos a un errático Beauden Barrett.

El 10 kiwi soportó estoicamente los intentos de intimidación de un Mako pasado de revoluciones que rozó el límite del reglamento con sus acometidas. En una de ellas se excedió en su celo a la hora de limpiar un ruck y Garcés lo mandó al sin bin. Los All Blacks recuperaban la igualdad numérica. Pero como los caminos del Señor son inescrutables, ocurrió lo que no había acontecido en todo el partido: los Lions, previsibles y planos con el abuso de los garryowens de Sexton, enlazaron varias fases de ataque profundo desplegando a su caballería. La pelota llegó al ala de Watson, donde la exhausta defensa kiwi neutralizó la estampida. Murray llegó a pie de ruck y adivinó más defensores de los recomendables en las inmediaciones del agrupamiento, momento en que desató una diagonal que terminó con Faletau posando en el banderín contrario.

Primer ensayo del partido, primera buena interpretación de los espacios en el despliegue de los Lions, primer síntoma de que los All Blacks estaban extenuados por el desgaste físico fruto de la inferioridad. Sospechas que se confirmaron a falta de once minutos para el final, cuando Murray volvió a rentabilizar la perniciosa costumbre que tienen los All Blacks, especialmente sus medio melés, de abandonar los postes en los rucks. El 9 irlandés cargó furibundamente por el lateral del agrupamiento y se zambulló en la zona de ensayo igualando el marcador. Cuarto ensayo del de Munster ante los All Blacks. Más que un dato, una tendencia.

La tensión era extrema. Hasta el punto que Sir Ian McGeechan, el conocido Mister Lion por su participación en el equipo como jugador, técnico y mánager en diversas etapas, era trasladado en ambulancia al Hospital tras sufrir un colapso en la cabina de prensa. Posteriormente informaba en redes sociales que se había recuperado al tiempo que enviaba al Telegraph su columna con ejemplar diligencia.

Los Lions resucitaban en un partido que tenían perdido por la indisciplina (13 golpes en contra) y el sometimiento del rival (39% de posesión). Quiso el destino que el partido se decidiera por otra controvertida decisión arbitral al señalar un golpe a Faumuina por placar en el aire a Sinckler. Siendo cierto que el pilier kiwi tocó al rival arriba, la realidad es que fue el primera línea británico el que saltó, algo que está prohibido y debería haber provocado la decisión en sentido contrario.

Sea como fuere, el 21-24 final corona una victoria histórica, la primera derrota de los All Blacks en casa desde 2009. Una gesta que pondera el pragmatismo de Gatland, quien ha sacrificado su denostado ‘Warrenball’, plan de juego con un alto componente físico que se caracteriza por la búsqueda de la línea de ventaja a cualquier precio. Credo que explica la involución en el juego de Gales en el último lustro. Ante los All Blacks se evidenció que para ganarles se necesita audacia, como la del despliegue de la línea en el ensayo de Faletau, y determinación como la que tuvo Murray en su posado. Sumado a la entrega y el compromiso de una defensa feroz que posibilitó que Nueva Zelanda se marchase del partido sin ensayar. Hecho sin precedentes en los tiempos modernos. Cuatro partidos estará sin jugar Sonny Bill Williams, sanción nimia comparada a la muesca que le marcará para siempre tras la derrota y su expulsión.

Advertía Warburton, que regresaba a la titularidad tras ser relegado en el primer partido al banquillo pese a su capitanía: “Pase lo que pase en el tercero, regresamos a Europa con nuestra credibilidad intacta. No puedo verbalizar lo importante que son los Lions personalmente para cada uno de nosotros. Es la cima absoluta de nuestras carreras”. Mientras Gatland comparecía socarronamente ante la misma prensa que le había ridiculizado después del primer partido: “Hoy sigo siendo un payaso, pero un payaso feliz”. The Special One…

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