Corría el año 68. París se llenaba de jóvenes insatisfechos que buscaban arena de playa bajo los adoquines del bulevar de Saint-Germain alentados por aquel líder estudiantil de apellido imposible (Cohn-Bendit) que pasó a la historia como Dani El Rojo.

México se prestaba, por entonces, a organizar los Juegos Olímpicos en medio de un clima enrarecido tras la decisión del COI de readmitir a la Sudáfrica, país que mantenía en vigor sus políticas deportivas racistas. Resolución que generó numerosas protestas de los países participantes. Los países africanos y los árabes, la India, las antiguas colonias británicas del Caribe, los países del Bloque del Este y varios atletas de Estados Unidos amenazaron con boicotear los JJOO si finalmente tomaba parte Sudáfrica. Amenaza que obtuvo frutos, ya que a finales de marzo de 1968, instado por los organizadores, el COI reconsideró su decisión, y con 47 votos en contra revocó la invitación a Sudáfrica.

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Ese no era el único problema de los anfitriones. La olimpiada de México representaba, para las instituciones “un Milagro mexicano” que el movimiento estudiantil estaba dispuesto a desmontar para mostrar al mundo la verdadera realidad del país. Al grito de “¡No queremos Olimpiada, queremos revolución!”, los estudiantes desafiaban al sistema de gobierno impuesto por el PRI, el Partido Revolucionario Institucional. La tensión se disparó explotando el 2 de octubre, cuando miles de personas acudieron a un mitin convocado en la Plaza de las Tres Culturas. El Ejército y un grupo paramilitar llamado ‘Batallón Olimpia’ reventaron la manifestación ocasionando la muerte de 20 personas y deteniendo a 500, según cifras oficiales. Los estudiantes siempre han mantenido que murieron muchos más.

En medio de ese ambiente se celebró el 12 de octubre la ceremonia de inauguración de los Juegos. Chile compareció con un delegación compuesta por 21 atletas, 19 hombres y 2 mujeres. La expedición saltó al estadio encabezada por su abanderado, el jabalinista Rolf Hoppe, desfilando a su espalda la dos atletas femeninas del equipo, la lanzadora de peso Rosa Molina y la vallista Carlota Ulloa. Precisamente esta última saltó al coso olímpico con su bolso, conformando una de las imágenes de los JJOO.

‘Mujer que va delante con bolso’ pasó a formar parte del imaginario colectivo chileno, sudamericano y olímpico. Pocos saben que la mujer del bolso era Carlota Ulloa, una de las mejores atletas de la historia de su país. Estudiante del Liceo Francés, donde le inculcaron el amor por el atletismo, debutó como atleta en el Club Colo-Colo a sus 15 años. Inició su carrera el 28 de marzo de 1960 con un resultado premonitorio: ganando las competencias de Salto Largo (salto de longitud) y fue segunda en la que sería su especialidad: los 80 metros valla. Por entonces era la distancia que corrían las féminas, cambiando en 1969 a los 100 metros vigentes.

En el palmarés de Ulloa destacan brillantes actuaciones en el Campeonato Sudamericano de 1965 celebrado en Río de Janeiro, donde conquistó tres medallas: oro en longitud, plata en 80 vallas y bronce en 4x100. Dos años después, en los V Juegos Panamericanos, en la ciudad canadiense de Winnipeg, quedó cuarta en los 80 metros valla. Idéntica posición que lograría en 1968, en los JJOO de México. Quedó a centésimas de colgarse el bronce y subir al podio olímpico, al ser cuarta. Rozó el objetivo para el que meses llegó a viajar, junto a otros tres atletas chilenos, a Colonia para entrenar en la Escuela Nacional de Deportes de Alemania.

Por último destacan los dos medallas que se colgó en 1969 en el Campeonato Sudamericano de Atletismo de Quito. Carlota Ulloa se proclamó campeona y recordwoman continental en los 80 m vallas. A lo que sumó un valioso récord nacional de pentatlón con 4.107 puntos, que la permitió subir al cajón en tercer lugar. Ulloa era una mujer rapidísima, pero también era muy versátil. Cierto es que destacó en las pruebas de 80 metros valla, Salto Largo (longitud) y Pentatlón. Pero de forma esporádica llegó a competir en 100 metros, Salto Alto (altura) y en el relevo 4x100. De los 29 medallistas olímpicos chilenos, solo dos atletas se han colgado una presea. Ulloa fue una de las que ha estado más cerca de unirse a ese grupo. Nombrada Figura Señera del Atletismo en 1964 y Mejor Deportista del Atletismo por el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile en 1966, en octubre de 1967 llegó a participar en el Meeting “Astros Mundiales de Atletismo”, junto a atletas de Alemania, Checoslovaquia, España, Francia, Estados Unidos, Polonia, Argentina, Colombia y Perú.

Pero Ulloa era una figura muy querida en el atletismo chileno y sudamericano. Del Sudamericano de Río de Janeiro del 65, además de las tres medallas, se trajo el título de Miss Simpatía. Años después de abandonar la práctica del atletismo atravesó por serios problemas de salud que logró superar con la ayuda de la pintura. Hoy Carlota Ulloa Bercher es una destacada pintora que exhibe sus creaciones de pintura mayólica cargadas de policromía, vidrio y porcelana. Una dedicación que ella misma confiesa “comenzó tras una terapia de recuperación y hoy se ha convertido en una pasión, desconocida hasta entonces por mí, que llena mi vida”. Detrás de la 'mujer que va delante con bolso’ esta la historia de una atleta que abrió camino a las deportistas en Chile, una atleta llena de talento, ternura y creatividad venerada en Chile y desconocida en el mundo.

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