Bolt, la retirada del mito que cambió el atletismo para siempre

Bolt, la retirada del mito que cambió el atletismo para siempre

Todos conocemos la historia. Un velocista desgarbado de origen humilde irrumpe con fuerza en Pekín, batiendo tres récords mundiales con los que el atletismo corona a un nuevo rey. Armado con la combinación perfecta de atributos, velocidad, arrogancia y un apellido inevitablemente excelente, Usain Bolt ha reinado en la especialidad desde entonces.

Pero mientras su leyenda entra en el capítulo final en el Campeonato Mundial de Atletismo de Londres, poco se sabe todavía sobre la mentalidad que hay detrás su implacable racha de victorias. ¿Cómo es posible que el bufón del deporte haya mantenido la ventaja mental durante nueve años en eventos que duran unos pocos y fugaces segundos? Tiger Woods, Michael Jordan, Michael Phelps y Serena Williams son algunos de los grandes nombres que han dominado su deporte con una disciplina férrea. Bolt, por el contrario, está en su salsa haciendo el payaso en la línea de salida.

"Solo cuando el juez de salida dice ‘en sus marcas‘ me concentro en la carrera", cuenta Bolt en exclusiva a Eurosport, mientras nos adentra en la mente de un grande del deporte. A las 22:45 h del sábado 5 de agosto, el juez de salida dirá esas palabras al jamaicano una última vez. El atleta de 30 años dejará de hacer muecas, se centrará en el modo de carrera y, casi con toda seguridad, se adjudicará la victoria en la última carrera de su increíble trayectoria profesional.

¿Pero cómo puede permanecer tan tranquilo cuando su legado está a un paso de desentrañarse? ¿Qué tiene de excepcional su actitud que lo ha impulsado a niveles inimaginables? ¿Y cómo puede progresar el atletismo cuando la carrera profesional de Bolt llegue a su fin?

1. El salvador del esprint

Usain Bolt's famous pose - Allegra Lockstadt

Cuando Bolt, triunfante, golpeó su pecho y se relajó trotando enérgicamente en Pekín, no sólo estaba burlándose del evento insignia de las Olimpiadas, sino que también estaba rompiendo el manual del esprint para siempre. Tal fue su impacto ese día, que el atletismo ha marchado a su ritmo desde entonces. Era la primera vez en la historia que un velocista de 100 metros había demostrado tal apatía por correr los 100 metros completos... y aún así aniquiló el récord mundial. Los márgenes de vitoria combinados de Barcelona 1992 a Atenas 2004 se situaron en 0,16 segundos; el crono de Bolt en 2008 le dio 0,2 segundos de ventaja sobre su rival más cercano. Todo con una dieta nutritiva de nuggets de pollo. "Cualquier cosa puede suceder", fue una frase ahora redundante en el esprint masculino, todo debido a la extraordinaria victoria de Bolt en 9,69 segundos.

Y el chico hizo que el atletismo lo necesitara. Recién salido de la debacle de Atenas, que vio como Konstantinos Kenteris, el atleta propuesto para encender la llama olímpica, marcó el tono de unos Juegos azotados por las sustancias prohibidas al esquivar un control antidopaje en la víspera de la ceremonia de apertura. El deporte necesitaba ser rescatado, y lo sería, por el personaje más extravagante.

Durante cinco años, el dominio de Bolt fue tal que pudo permitirse el espectáculo previo a la carreras, con una sola descalificación aislada en la final de los 100 metros en el Campeonato del Mundo en Daegu, 2011, arruinando su impecable recorrido por los principales campeonatos. Nadie podía aproximarse a él y eso desafiaba toda lógica. Se suponía que los velocistas se ajustaban a un estereotipo: musculoso, explosivo y cerca de 1,80 metros de altura. El inicio era donde se ganaba y se perdía la carrera, así que ¿qué esperanza tenía Bolt de aprovechar su apellido y escapar de los otros corredores con su 1,95 de estatura actuando como un paracaídas gigante?

Nada podía detenerlo en aquellos primeros años, cuando empezó a redefinir un deporte. Pero a medida que la juventud de Bolt se alejaba, también lo hacía su aterradora ventaja. Para cuando llegaron los Campeonatos del Mundo de 2015, surgieron voces disidentes, también surgió un claro rival para el chico de oro del deporte: el vilipendiado y doblemente sancionado por dopaje, Justin Gatlin. Por primera vez en su carrera, Bolt estaba en el punto de mira dentro y fuera de su deporte. Una carrera que tomó una dimensión moral, casi convirtiéndose en una parábola del bien contra el mal, acaparaba toda la atracción y Gatlin estaba en una forma increíble, invicto en 29 carreras.

No se notaba. Con su tradición de una derrota para derrumbarse, Bolt llegó a la final de los 100 metros con su típica fanfarronería y parecía completamente relajado a medida que los atletas iban presentándose a la multitud. No fue su fuerte ritmo el que ganó la final, sino el control mental sobre sus rivales cuando Gatlin, medalla de oro olímpica, se olvidó de cómo correr los últimos 15 metros. No fue una casualidad. Fue el efecto Bolt. Pensar que puedes ganarle a ganarle de verdad, son dos cosas muy diferentes. Es una tensión que ninguno de sus rivales ha sido capaz de resolver, una amenaza constante a lo largo de sus carreras.

2. El fanfarrón que sorprendió al atletismo

Nadie había visto nada igual. En la WWE, tal vez, pero seguro que no en el atletismo. Cuando Bolt se clasificó para los 100 metros en Pekín en 2008 sus rivales se desconcertaron, al igual que los aficionados de todo el mundo. Fue sorprendente, casi impactante, magnífico. Sus compañeros velocistas estaban centrados, severos e inquebrantables mientras que Bolt se pavoneaba como un pavo real; efectivamente rugió: "¡Mirad! He llegado. Así es como hacemos ahora las cosas".

Ningún atleta había celebrado jamás la victoria antes de una carrera de manera tan convincente; nadie se había atrevido a hacer de los 100 metros la fiesta de un solo hombre, sólo interrumpida muy fugazmente por el evento principal. La carrera en sí era sólo una parte muy pequeña de una celebración mayor, no solo de talento, sino de personalidad.

Bolt había llegado, y la carrera en la que batió el récord mundial quedó inmersa en selfies, flashes y posados desenfrenados y desinhibidos. Fue como si un joven atleta pudiera disfrutar de su momento de triunfo delante de un espejo de cuerpo entero mientras bailaba de alegría. Parecía un sueño para el joven jamaicano. Él fue el único que no se sorprendió por la fanfarronería; él fue el único que no se sorprendió por el éxito. El atletismo había cambiado para siempre, el cuestión de 30 impresionantes e inolvidables minutos.

"Nunca he visto a nadie competir con una actitud tan despreocupada y una sensación de disfrute, de celebración de su talento", cuenta a Eurosport Jonathan Edwards, récord mundial de triple salto. "Para mí eso lo hace destacar tanto como por su talento y lo que ha logrado".

"Simplemente dejo ver mi personalidad", explica Bolt. "Lo hice varias veces y a la gente le gustó, así que seguí haciéndolo. Me encanta cuando un estadio tiene mucha energía, me inspira a conseguir mejores resultados".

Por esta razón las fanfarronadas no rechinan, la poses no cargan: porque es Bolt siendo él mismo, la versión desenfrenada y sin control de sí mismo. Es la autenticidad de sus excentricidades por lo que sus millones de fans empatizan con ellas, porque así es como se comporta con sus amigos y en casa. En lugar de mostrarse forzado y artificial para las cámaras, simplemente muestra al mundo su verdadero yo.

El profesor Steve Peters, autor de la Paradoja del Chimpancé (Chimp Paradox) y célebre psiquiatra deportivo, cuenta a Eurosport cómo Bolt ha dominado el arte de estar completamente relajado antes de salir a competir "logrando aprender a concentrarse en el momento apropiado o a no tener miedo al fracaso o a no rendir bien, o a sentirse totalmente preparado". Es una receta casi perfecta para la psicología antes de la carrera, y tal vez nunca la veamos utilizada de nuevo en la misma medida.

La línea de salida de 100 metros, generalmente un lugar de nervios paralizantes y tensión insoportable, se ha convertido en una pista de baile y una pasarela unidas por el incomparable Bolt.

3. La personalidad decisiva: dentro de la mente de una máquina de ganar implacable

Usain Bolt and the stages of sprinting - Allegra Lockstadt

¿En qué piensa Bolt cuando su corazón está latiendo y la tensión es insoportable antes del comienzo de una final olímpica de 100 metros? ¿A dónde se dirige esta mente de élite en esos momentos de tensión extrema, con la adrenalina corriendo por las venas? La respuesta es inesperada.

"Trato de pensar en cosas aleatorias", revela Bolt. "Lo que voy a tener para cenar, lo que tengo que hacer al día siguiente". Ni siquiera algo relacionado con la carrera, o el hecho de que está en la línea de salida con millones de fans en todo el mundo observando cada movimiento de sus músculos. Parece increíble que el mayor velocista de todos los tiempos ni siquiera esté pensando en la tarea que tiene delante hasta el momento en el que se oye "a sus puestos". Y así, de repente, entra en un estado de concentración y se convierte en un personaje totalmente diferente; solo en ese momento se desvanece su sonrisa, su representación se detiene y se enciende una máquina ganadora, fría e inexorable.

Durante una carrera de 100 o 200 metros, hay poco tiempo para pensar. Pero lo que pasa por la mente del jamaicano mientras martillea la pista sigue teniendo un punto de fascinación. "No hay mucho tiempo para pensar en nada, pero en general hay cosas en las que debo concentrarme, desde el principio hasta la fase de impulso y hasta la transición a la velocidad máxima", dice Bolt.

Como cualquiera que lo haya visto correr, y ganar, sabe muy bien, que la fiesta después de la carrera es a menudo tan importante como la carrera en sí, algo de lo que es muy consciente a medida que revela su proceso.

"Lo más importante siempre es conseguir el triunfo, después compruebo el crono para ver lo rápido que fue. Después de esto se trata de agradecer a los fans por su apoyo. Por lo general hago una vuelta de honor, lo que implica un montón de selfies y autógrafos".

El atletismo nunca fue así: el deporte ha cambiado, para mejor. Puede que hayas pensado que Bolt solo se estaba divirtiendo con sus payasadas, pero también hay una intención firme detrás de esa sonrisa.

4. La conciencia de una derrota segura

La convicción es la mejor amiga de un atleta. Los velocistas, en particular, llevan la convicción como una insignia. Si no tienes convicción, reza un dicho en la línea de salida de una carrera de 100 metros, no tiene sentido quitarse los cascos gigantes y el chándal. Sin embargo, cuando se compite contra Bolt, la convicción nunca ha parecido tan inútil, tan poco convincente, tan imperceptible.

Es extremadamente difícil que un atleta hable sobre el desafío de enfrentarse a Bolt, el factor de intimidación tan a menudo insinuado pero nunca admitido abiertamente. Kim Collins es un ejemplo. Aunque encontrarás a muchos atletas que aceptan que Bolt es el mejor, Collins, el campeón del mundo de 2003 y legendaria leyenda que competirá nuevamente en Londres con 41 años, descarta el tema con un enfático "¡No!". Trate de decirle que enfrentarse a Bolt es algo que deba temer.

"Un contrincante es un contrincante, no es diferente a mi hijo de cinco años", responde de manera animada. "Cuando compito con mi hijo de cinco años, me niego a dejarlo ganar y sentir como si fuera mejor que yo, así que cuando eres un contrincante compites contra todo el mundo para vencerlos, no para dejarlos ganar. Así que cuando perdemos, no nos limitamos a quedamos atrás y dejarlos ganar".

Collins mantiene su impresionante postura desafiante, con la perspectiva que le presta un título mundial y una gran experiencia. "He estado rodeado de verdaderos intimidadores: Carl Lewis, Linford Christie, Dennis Mitchell, Donovan Bailey y todos esos tipos eran totalmente diferentes. Así que ahora estos tipos no pueden cambiarme".

¿Intimidación? Tal vez no. Pero la fanfarronería de Bolt es algo completamente distinto.

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"Si sus rivales eligen centrarse en él, entonces pueden esperar una reacción", explica el profesor Peters. "Para algunos podría tener consecuencias negativas. Los corredores de 100 metros deben aceptar que no hay lugar para el error". Por eso, correr contra Bolt se reduce a un desafío único y totalmente desmoralizante: aceptar que incluso la carrera perfecta puede no ser suficiente. Con casi absoluta seguridad no será suficiente.

Roger Black describió una vez que correr contra el gran Michael Johnson era como "competir por el segundo puesto". Para los velocistas, la agonía de competir por el segundo puesto se ve agravada por una verdad desgarradora que mina su confianza y que es casi ineludible en la línea de salida: la idea de que los demás participantes representan efectivamente un espectáculo secundario, un desfile de corredores desalentados. Puede parecer duro describir la competición contra Bolt en estos términos, pero cuando se consideran los sacrificios, la dedicación y el compromiso necesarios para competir como atleta de élite, esta verdad psicológica es simplemente devastadora y, efectivamente, paralizante para algunos.

Para el propio Bolt, por supuesto, se aplican reglas diferentes. Sin presión, sin negatividad; total seguridad, total confianza. "Realmente no siento presión", declara Bolt con una tranquilidad que debe enfurecer a sus rivales. "Por supuesto, el Campeonato del Mundo es la carrera más importante del año, así que es importante hacerlo bien, pero me gusta estar relajado porque corro mejor cuando estoy relajado".

La conciencia de una derrota segura: una mentalidad inaceptable para un velocista, pero casi inevitable cuando se topa con un hombre que simplemente sabe que va a ganar. Si quiere estar relajado, estará relajado; si quiere ganar ganará. Quizás nunca antes un atleta parecía tener tanto control. Independientemente de si sus competidores reconocen o perciben un factor de intimidación, el hecho es que Bolt tiene un control sobre sus rivales cuando se trata de los eventos definitorios de su época, que va más allá del puro talento y velocidad.

Ha sido la historia de su carrera, con una notable excepción...

5. "El día que gané a Bolt"

"Cuando digo que he ganado a Bolt, la respuesta siempre es la misma: '¡No es posible! Estás bromeando'. Tengo que enseñar los vídeos, porque nadie me cree...".

Se ha hablado mucho del récord olímpico perfecto de Bolt: nueve eventos; nueve victorias, al menos antes de que le despojaran con carácter retroactivo su título de relevos de 2008 debido al positivo por dopaje de Nesta Carter. Eso también es mentira. Es el 24 de agosto de 2004. Atenas está celebrando los Juegos de la XXVIII Olimpiada, con la eliminatoria de 200 metros masculinos en la que cuatro atletas son estrellas en ascenso. La cámara está fija en la calle cinco mientras el campeón mundial junior, Bolt, tres días después de su 18 cumpleaños, gesticula a alguien en la multitud momentos antes de que se pronuncie "a sus puestos". Alrededor de él, sus competidores hinchan sus mejillas de un modo claramente intimidatorio.

Apenas 60 segundos después, el jamaicano se queda fuera después de terminar quinto. El atleta polaco poco conocido Marcin Jedrusinski, entonces con 22 años, está saludando a la multitud después de su victoria. Jedrusinski se quedaría fuera más tarde en semifinales y se retiraría con una sola medalla de plata en Europa como prueba de sus logros. Pero mientras se adentra en el ocaso de su carrera profesional, puede presumir de lo que le ha dado la fama: fue el hombre que triunfó en el único fallo olímpico de Bolt.

"En ese momento, no pensé que había ganado a un grande", cuenta Jedrusinski a Eurosport Polonia. "Usain era un velocista que ya había bajado de 20 segundos, pero todavía no era de primera categoría y para ser honesto, estaba vigilando a los otros corredores. Derroté a Usain y volví a la rutina diaria. Pasado el tiempo resultó que el mundo nunca había tenido a alguien como él. Resultó que yo había derrotado a la leyenda".

Jedrusinski terminó la carrera con una modesta mejor marca personal de 10,26 s (100 metros) y 20,31 s (200 metros), y con su 1,88 de altura suscitando voces que clamaban que su futuro estaba fuera de las pruebas de velocidad; opiniones que Bolt tiró por tierra cuando finalmente irrumpió en escena cuatro años más tarde en Pekín. "Cuando lo vi, me recordó cómo me trataron a mi cuando era un chaval", agrega Jedrusinski. "La gente solía decirme, 'eres demasiado alto, deja de perder el tiempo y céntrate en un deporte diferente'. Pero pensé 'él es más alto que yo y baja de los 20 segundos. ¿Por qué no puedo hacerlo yo?' Ahora Usain parece un auténtico velocista, pero en 2004 era como un palo: alto y muy delgado. En mi época, teníamos a Shawn Crawford y Maurice Greene. No eran tan altos, pero eran musculosos. Entonces, de repente, nos dieron a alguien como Usain que era todo lo contrario".

Sin embargo, a pesar de vencer a un futuro campeón mundial, Jedrusinski, ahora de vuelta en el ejército, insiste en que, si bien es una historia maravillosa, no es lo más destacado de su carrera. "Incluso después de todos estos años, no creo que ganar a Bolt sea mi mayor logro", añade. "No fue la carrera más rápida de mi vida ni gané una medalla en Atenas. Es simplemente una historia divertida. Fue mi mejor Olimpiada, pero no por derrotar a Bolt. Aunque he descargado los vídeos para enseñárselos a mis hijos en el futuro".

Incluso el mejor necesita ayuda. La ausencia de invencibilidad de Bolt duró poco, hasta que el entrenador Glen Mills lo tomó bajo su dirección a finales de 2004. Mills renovó completamente su técnica y le inculcó una ética de trabajo firme; y el resto, como dicen, es historia.

6. El legado de una leyenda

Usain Bolt with his famous smile - Allagra Lockstadt

"En el atletismo él es el más grande y fuera del atletismo está a la altura de leyendas del deporte como Pelé, Maradona y Muhamad Ali", cuenta Mo Farah a Eurosport.

Si se reduce la carrera de Usain Bolt al simple proceso de correr, a priori es difícil estar de acuerdo con la afirmación. Catorce minutos y 28,33 segundos, el tiempo que Farah necesitaría para avanzar trabajosamente por una inusual carrera de 5000 metros a pie, es el tiempo total que Bolt ha pasado en la pista durante eventos individuales en los Juegos Olímpicos y Campeonatos del Mundo, desde Atenas 2004 hasta Río 2016. Incluso si incluye sus hazañas en relevos con unos generosos 10 segundos por carrera, el tiempo total de Bolt en 62 series globales y finales se extiende a solo 16 minutos y 8 segundos. Una sexta parte de un partido de fútbol; apenas cinco asaltos en el cuadrilátero.

Es cierto que Bolt ha corrido esporádicamente en los encuentros de la Diamond League, en campeonatos nacionales e incluso en los Juegos de la Commonwealth, pero su marca se creó en esos 16 minutos; pocos se preocupan de lo que sucedió en los escasamente concurridos eventos en Doha y Kingston.

Sin embargo, a diferencia de los gigantes del deporte mencionados por Farah, cada segundo contó en la ascensión de Bolt hacia la grandeza. La reputación de Pelé quedó ligeramente manchada por su incapacidad para ganar un Bota de Oro en la Copa del Mundo, además de sufrir lesiones en 1962 y 1966; Diego Maradona estuvo envuelto en escándalos de drogas y armas y la "Mano de Dios", Muhammad Ali, perdió el "Combate del Siglo". Aquellos puntos bajos no terminaron con el legado, pero Bolt nunca pudo permitirse el lujo de cometer pequeños errores. Cualquier error, cualquier derrota en una final importante habría mermado su aura; siete medallas de oro olímpicas y una plata no tienen la misma medida para él.

Claro que Bolt mostró que podía fallar con su descalificación en Daegu. Pero incluso esa falsa salida, su único fracaso en una gran final después de 2008, contribuyó a alimentar el mito de que el único hombre que podía pararlo era él mismo. Con conquistas potenciales superadas diez veces por el daño de la derrota, rara vez se ha visto en el deporte la constancia de Bolt bajo la presión más intensa. Ni tampoco ha sido más aplaudida.

Bolt fue consagrado como el salvador del atletismo después de la crisis de Atenas 2004, un espectáculo difícil para cualquiera, por no hablar de un bromista que todavía estaba asumiendo el talento definitorio de su generación. Pero al cargar con esa responsabilidad, proporcionó una distracción agradable ante las aparentemente incesantes y condenatorias historias de dopaje que arrasaban el deporte.

Todo cuento necesita un héroe y un villano. O villanos, como ocurrió en el atletismo, ya que los principales rivales de Bolt, Gatlin, Tyson Gay y Asafa Powell fueron abucheados debido a sus pasados lacrados por las drogas. Fue el cara a cara del primero con Bolt el que obtuvo mayor publicidad, con Gatlin demasiado dispuesto a desempeñar el papel de enemigo público número 1. La actitud arrepentida del estadounidense pudo haber provocado la indignación, pero también, inadvertidamente, creó una plataforma para que Bolt se afirmara como la respuesta del atletismo a las trampas. Y el jamaicano hizo exactamente eso, una y otra vez.

De hecho, una pequeña mancha en el récord de Bolt es que no mejoró más los récords mundiales. Si tan solo se hubiera colado en las carreras extra después de Berlín 2009, rezando para tener un viento de cola óptimo de +1,9 m/s, podría haber mejorado aún más el récord mundial en territorio inexplorado: 9,4 segundos en los 100 metros y por debajo de los 19 segundos en los 200 metros, ambos parecieron alcanzables en su mejor momento.

Tal vez sea egoísta querer más, pero esa es la sensación que se extenderá por el estadio londinense cuando se retiren los testigos después del relevo masculino de 4 x 100, su último evento. A PT Barnum se le atribuye haber acuñado la frase: "déjalos siempre con ganas de más", y con Bolt ese sentimiento nunca será más fuerte. El atletismo pierde a su mejor animador.

Olvídate de las medallas y los récords mundiales durante un segundo, si puedes. El doble legado de Bolt es que transformó un deporte de miradas frías a sonrisas descaradas, acercando a los aficionados más que nunca. Introdujo el concepto de la fiesta posterior, demostrando que el espectáculo puede continuar mucho después de que la carrera haya terminado. También ha acabado con la idea de que los campeones tienen que mantener una concentración constante y ser serios las 24 horas del día. Su sonrisa en la línea de salida puede ser contagiosa, pero también es una de sus armas más brutales. ¿Es su mensaje? "Nadie me puede parar".

Desde el chico que se golpeaba el torso hasta el defensor inexorable pero maduro, el impacto de Bolt, tanto dentro como fuera de la pista, ha tenido pocos rivales. Farah seguramente tiene razón: el jamaicano forma parte de las más grandes figuras del deporte. Después de todo, ¿quién más puede presumir de una carrera dorada forjada a partir de unos cimientos de poco más de 15 minutos? Y cuando Bolt se prepara para salir del escenario por última vez, sólo hay una pregunta más por responder...

7. ¿Qué pasa ahora con el atletismo?

No preguntes. Simplemente no preguntes. Es la pregunta que el atletismo no quiere responder y, sin embargo, después de que se cierre el telón en los Campeonatos del Mundo de Londres, de alguna manera deberá hacerlo. Cuando Bolt y su amigo Farah abandonen la pista, habrá quedado un vacío inconfundible tras de sí. Bolt se retira y Farah se centrará en maratones. Nadie es más consciente de las responsabilidades de los atletas de interactuar y conectar con los aficionados que los convierten en superestrellas que este último, que reconoce que los espectáculos después de la carrera son tan importantes como los logros en la carrera misma.

"Crecimos juntos en el deporte, así que nos conocemos desde hace mucho tiempo", cuenta Farah a Eurosport. "He visto la forma en que interactúa con los aficionados y pasa mucho tiempo firmando autógrafos, haciéndose selfies, etc., algo que nosotros, como atletas, tenemos la responsabilidad de hacer".

Bolt no podría estar más de acuerdo sobre el valor de la personalidad y de dar a los aficionados lo que quieren: ganar y después actuar. De forma sorprendentemente directa, Bolt dejó bien claro a sus herederos velocistas lo que se les exigirá, además de correr rápidamente.

"Les he dicho a algunos atletas que conozco personalmente: 'necesitáis mostrar vuestra personalidad, no sólo el rendimiento en pista'", dijo Bolt. "Escuchadme, no estoy tratando de decir que deberíais intentar hacer cosas raras, pero la gente quiere ver la personalidad y algo diferente. Espero que confíen en mí y traten de cambiar. Le dije a de Grasse la temporada pasada: 'Escúchame, sí, te va bien, pero estáis muy callados. Mira la atención que recibiste porque nos estábamos divirtiendo". La gente decía: 'De Grasse es genial' ".

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El plusmarquista mundial de triple salto, Jonathan Edwards, cuenta a Eurosport que no hay duda sobre la grandeza de Bolt, tanto como atleta como superestrella, y que el atletismo se resentirá por su salida del deporte.

"Ciertamente, él es el más grande que haya habido nunca; no creo que nadie pueda rebatirlo", concluye Edwards. "En mi opinión, lo es, y no sólo por sus victorias sino también por lo que aporta al deporte con su personalidad. Tendrías que ponerlo junto con gente como [Cristiano] Ronaldo, [Lionel] Messi, Neymar; los deportistas más famosos del mundo. Bolt, no sólo por sus victorias, sino también por su personalidad, es un nombre tan importante como Ronaldo o Messi, sin ninguna duda. Probablemente el único otro atleta que ha estado en su misma liga fue Carl Lewis, en un momento en que el atletismo quizá competía con el fútbol por ser el deporte número uno. El atletismo es muy afortunado de tenerlo".

Entonces, ¿dónde deja esto al atletismo, con su estrella más condecorada y laureada dejando la batalla? Edwards agrega: "Uno se pregunta dónde estaría el atletismo sin él, él es un faro. No creo que haya otro Bolt ahí fuera, alguien que pueda captar la atención del mundo de la manera en que lo hizo él, no que yo vea por el momento, a pesar de que hay algunos atletas con mucho, mucho talento. La competitividad es obviamente buena para el deporte, pero hay algo especial al ver a un campeón dominante que es casi sobrehumano".

Bolt dice que se crece en su condición de ser el atleta más grande que el mundo haya visto nunca. "Me da confianza. He trabajado duro por todo lo que he logrado y siempre es bueno tener reconocimiento por mis logros".

Puede que nunca haya un atleta que logre tal dominio dentro de la pista y la adoración fuera de ella, pero tal vez eso está bien. Con el campeón dominante, que es casi sobrehumano, saliendo del escenario, tal vez es hora de que regrese la verdadera competición a las principales carreras mundiales, por la incertidumbre de reemplazar la maravilla de celebrar la grandeza de un solo hombre. Para el atletismo el miedo recae, sin embargo, en que el deporte ahora está más centrado en individuos de lo que ha estado nunca.

Los criterios para su próxima superestrella mundial nunca han sido tan grandes. Carreras legendarias, grandeza indiscutible y una personalidad única e inolvidable: ¿es realmente demasiado pedir?

IntroducciónBolt, la retirada del mito que cambió el atletismo para siempre
  • Capítulo 11. El salvador del esprint
  • Capítulo 22. El fanfarrón que sorprendió al atletismo
  • Capítulo 33. La personalidad decisiva: dentro de la mente de una máquina de ganar implacable
  • Capítulo 44. La conciencia de una derrota segura
  • Capítulo 55. "El día que gané a Bolt"
  • Capítulo 66. El legado de una leyenda
  • Capítulo 77. ¿Qué pasa ahora con el atletismo?