Su medalla de plata olímpica de Moscú 80 en los 50 kilómetros marcha nunca caerá en el olvido, la primera en la historia de los Juegos para nuestro atletismo, pero a pesar de ser el hito más importante de su carrera, no fue el único muro que consiguió derribar para el resto de los atletas nacionales que sin duda encontraron todo un referente en su figura y en su rivalidad con Josep Marín. Y es que no se entiende la trayectoria del uno sin el otro y viceversa, sentando las bases de una disciplina que sigue dando grandes días a nuestro deporte en el presente.
La primera barrera superada por Llopart cayó dos años antes de su plata en Moscú. El equipo español había empezado a llevar deportistas a los grandes campeonatos de atletismo a partir de los años 50, pero no conocía lo que era saborear lo más alto del podio hasta la llegada del marchador catalán, que duramente entrenaba con su padre, Moisés Llopart en El Prat del Llobregat, además de realizar una preparación específica en altitud. El binomio no pudo ser más productivo llegando en los Europeos de Praga de 1978, el primer oro continental de la historia del atletismo nacional, en la siempre dura y exigente prueba de los 50 kilómetros marcha, aquella que le traería el reconocimiento internacional. Fue la antesala de lo que estaba por llegar en la capital de la por aquel entonces Unión Soviética en 1980, logrando antes su mejor marca en la prueba con 3:44:33 en 1979, un registro que, hoy en día, también le permitiría luchar por las posiciones de privilegio en las grandes citas mundiales y que hubiera superado en los Mundiales de Roma de 1987 de no ser por una inoportuna descalificación.
En Moscú, aquel 30 de julio hace más de 40 años, no fue el único español en disputar la distancia más larga del calendario olímpico en atletismo, acompañado por Marín que acabaría también en puesto de diploma con la sexta plaza. En una carrera donde por desgracia pocas imágenes se pueden recuperar, más que las grabadas por su propio padre en el circuito con el que se fundía en un abrazo en la pista del Estadio Lenin una vez superada la línea de meta, solamente fue superado por el alemán Hartwig Gauder, medalla de oro, que también fallecía el pasado abril en un aciago 2020 para la historia de la marcha. Por detrás, el bronce era para el local Yevgeny Luchenko que cerraba el podio del que se caía el gran favorito, el mejicano Raúl González, plusmarquista mundial. Con su éxito, Llopart encabezaba una generación que destacaba por una técnica privilegiada y que sentaba las bases de lo que estaba por llegar años más tarde, como posteriormente también demostró en su labor como entrenador y asesor.
Europeos pista cubierta
Gómez y Fontes, plata y bronce en 1.500; Ingebrigtsen descalificado
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Otros dos Juegos Olímpicos vieron marchar al catalán, Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, donde finalizaba séptimo y decimotercero respectivamente, antes de terminar su carrera deportiva en 1992 para dedicarse a la misma labor que había realizado su padre con él, ser entrenador. Y es que, si su plata sirvió para abrir el camino al podio, sus conocimientos y el trabajo realizado desde el otro lado del asfalto con Daniel Plaza permitieron saborear el oro en la prueba de los 20 kilómetros de Barcelona 1992, donde otro español, Valentí Massana era descalificado cuando también peleaba por las medallas. Cuatro años más tarde ganaría un bronce en los 50 kilómetros, pero eso ya es otra historia de las muchas que se pueden contar de la marcha en nuestro país, como también el bronce de María Vasco en Sydney 2000.
Muchos han sido los predecesores de Llopart tanto en los 20 como en los 50 kilómetros marcha, Daniel Plaza, Valentí Massana, Jesús Ángel García Bragado, Mari Cruz Díaz, Juan Manuel Molina, María Vasco, Beatriz Pascual, Miguel Ángel López, Álvaro Martín, Diego García, María Pérez y un largo etcétera de una lista donde nos dejamos una buena cantidad de nombres desde que a finales de los 70, la prueba entrara de lleno en la historia de nuestro atletismo.
Porque todo esto no se entiende sin la figura de un administrativo en el ayuntamiento de su localidad, que en su tierra recorría kilómetros y kilómetros en el asfalto tutelado por su padre. Jordi Llopart, que también trabajó como asesor para diversos países como Japón, México o Estados Unidos, fue el primero en traer éxitos internacionales a la marcha, un legado que quedará siempre presente a pesar de su fallecimiento a causa de un infarto, porque la edad de oro de esta disciplina en España no se entiende sin el trabajo y tesón del catalán. Descanse en paz.
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