Madrid, 2 abr (EFE).- No se escapa de la memoria de Carolina Marín el día que dejó Huelva para adentrarse definitivamente en el deporte de alto nivel. Tenía 14 años cuando se marchó de casa y emprendió una nueva etapa en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. Cuenta la onubense que de eso hace ya 13 años y que, en todo este tiempo, ella no había pasado "tres semanas seguidas en casa".

De hecho, hacía tanto tiempo que no convivía con su madre que ya no recordaba los pequeños roces entre ambas. "¡Pero lo llevamos lo mejor posible!", bromea durante su intervención en el Santander Talks 123aCorrer, organizado por el Banco Santander junto a diferentes medios de comunicación, entre ellos EFE.

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La vigente campeona olímpica de bádminton está rematando la tercera semana de confinamiento en Huelva, adonde llegó tras un viaje relámpago. En cuanto terminó su participación en el All England, tomó un vuelo a Sevilla. Allí la recogió su madre y en coche cubrieron juntas un recorrido casi fantasmal hasta su casa.

Carolina Marín venía de hacer una vida normal en Birmingham. "Allí los restaurantes estaban llenos y la gente salía de fiesta por la noche", dice. Ya en España, se topó de bruces con la "soledad de la carretera" y con las "calles desiertas, como en una película". Fue entonces cuando dimensionó la gravedad de la pandemia de COVID-19.

"Antes de que se decretara el estado de alarma, nos lo tomábamos un poco a cachondeo, por lo menos yo", reconoce. "Pero fíjate ahora la cantidad de muertos y de contagiados. Y las cifras siguen creciendo", lamenta.

Esta situación ha alterado sus planes por completo. Los Juegos Olímpicos han desaparecido de su radar, al menos hasta el verano de 2021. Desconoce cuándo fijará la federación mundial el reinicio de su calendario competitivo. Entretanto, llena su tiempo con recetas, series, libros y manualidades. "Mi madre tenía unas sillas por pintar en la terraza y le dije: 'trae para aquí la brocha'", apunta sobre su nueva afición por el bricolaje.

Confiesa, sin embargo, que le gustaría verse en un pabellón, raqueta en mano y rodeada de volantes, compartiendo la residencia Joaquín Blume con los 300 deportistas que regresaron a sus lugares de origen. Entiende, en todo caso, que sería imprudente que habilitasen la práctica deportiva ahora que les mandaron abandonar las instalaciones.

"A día de hoy, la mejor solución es la que se ha tomado, que nos quedemos en casa. Aunque seamos deportistas, más que nunca tenemos que unirnos a la sociedad española y ser una piña para luchar contra esto", subraya.

De la situación rescata algunas cosas positivas. Los últimos meses, según expone, han estado llenos "de piedrecitas en el camino". Ha pasado una lesión de rodilla, un virus que mermó su rendimiento y, más recientemente, "un problema familiar bastante grave", que le impedía tener la mente concentrada "al cien por cien" en el juego.

Por eso asegura que el aplazamiento de los Juegos Olímpicos de Tokio le puede venir bien. "Tendré más tiempo para reconectar conmigo misma y para seguir mejorando cosas", recalca.

Por delante tiene dos grandes desafíos, ya para 2021. El Mundial de septiembre, en Huelva, cerrará un verano marcado por el desafío de revalidar el oro olímpico.

"Nunca sabremos si este verano hubiera conseguido la medalla de oro. En 2021, con más ganas que nunca, iremos a por ella", advierte.

Sí le preocupa el regreso a la pista y, especialmente, esa "primera toma de contacto". "El primer día va a ser casi como la primera vez que empecé a jugar a bádminton", afirma.

Lleva tres semanas sin tocar la raqueta, entre jornadas de descanso, recuperación activa y entrenamiento en una bici estática. Con garrafas de agua, cartones de leche y bolsas de arroz y de garbanzos improvisa las pesas, aunque ya dispone de las máquinas de entrenamiento que su entrenador, Fernando Rivas, le envió desde Madrid a través de un transportista para continuar su plan de trabajo físico. Y es que este coronavirus está poniendo a prueba la capacidad de adaptación de Carolina Marín.

"Creo que con todo esto vamos a saber valorar mucho mas a toda esa gente que está al cuidado de nuestra salud, a los trabajadores del sector de la alimentación, a los farmacéuticos, a los camioneros. Por supuesto, a los enfermeros, a los médicos y a todas esas personas que se están exponiendo por ayudarnos. También hay que valorar el cuerpazo que tenemos de Policía, Guardia Civil y el Ejército", concluye la onubense.

Ella también ha contribuido a paliar esta crisis con un donativo a través de la iniciativa promovida por Rafael Nadal y Pau Gasol, junto a Cruz Roja. "Se trata de devolver el cariño y el apoyo que siempre hemos recibido por parte del pueblo español", explica.

De manera individual, ella también promoverá una iniciativa para ayudar "a la gente y a los hospitales de Huelva". Ofrecerá más información en los próximos días.

Lucía Santiago

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