4. Miradas

Miradas perdidas, ojos desenfocados. La mente en otro sitio. Esa mirada de alguien al que despiden de su puesto de trabajo, de aquél al que deja su pareja o suspende el examen definitivo de un curso cualquiera. Mirada sin brillo, de las que no busca nada, tan solo pasar un trance.

Eurosport

Fuente de la imagen: Eurosport

La dolorosa derrota ente Italia y el incidente de Mirotic con la bandera serbia (notable equivocación de un tipo ejemplar) tiñeron el arranque del partido ante los islandeses de negro. Stefansson se disfrazó de Bellinelli y España deambulaba por la pista, sobreviviendo gracias a Pau Gasol y Nikola Mirotic.
Pau y Niko. En teoría, una pareja interior perfecta. Pau pone los centímetros, la calidad inmensa dentro de la zona. Niko, como define Dirk Nowitzki, es un “all around”, un cuatro capaz de botar, pasar, tirar y penetrar. Y para redondear el círculo, el hispano-montenegrino también puede postear, lo mismo que Gasol abrirse para lanzar desde la media distancia. Un lujazo sobre el que el juego de España debería basarse sin pestañear un segundo.
Ocurre sin embargo, que en los equipos hay galones. Y para ganarlos hace falta tiempo y personalidad. Gasol anda sobrado de ambas cosas. A Mirotic le falta tiempo, apenas si está debutando con el equipo absoluto. Scariolo tiene la última palabra.
Pero volvamos a las miradas. El trance se va diluyendo a medida que el partido va avanzando. Y de repente, como en la vida misma, el sol se cuela por la rendija. Basta que el Chacho robe un balón, que Felipe Reyes coja un rebote ofensivo , que Llull se pegue una carrera sin freno o que Rudy enchufe un triple para que el tono de las pupilas de los jugadores vaya cambiando. Un brillo repentino alumbra la esperanza de un equipo que se demuestra a sí mismo que solo desde la defensa y el sacrificio solidario atrás se pueden alcanzar las metas. Cinco minutos bastan para decir adiós a Islandia.
La recta final sirve para dar descanso a los hombres clave. Y para que jueguen invitados de piedra como Claver, Aguilar o Vives. Quizás el problema de Claver esté precisamente ahí. Nunca se rebela. Siempre acepta lo que el destino tiene preparado para él. Y si en un Eurobasket como éste, en el que España anda necesitando un tres como el comer, para pelear con los Bjelica, Gallinari y compañía, Víctor Claver no es capaz de pegar un puñetazo encima de la mesa para decir “Aquí estoy yo” , es que no merece estar en la selección.
El destino. El destino nos regala hoy una final anticipada ante Alemania. Una gran noticia porque nos dejará con el trasero pegado al sofá durante dos horas mágicas de baloncesto. España al borde del abismo. Una vez más. Generalmente, en la última década, hemos salido bien parados de estas trampas. Nos va la marcha. Y como solemos empezar mal los torneos (¿Por qué será?) para cuando el fuego aprieta solemos estar listos para la batalla.
Los años pasan. Y Pau Gasol lo dijo ayer bien claro: “Este grupo no tiene el talento de baloncesto de años pasados”. Está en lo cierto el pívot catalán, pero uno sigue pensando en que hay talento suficiente para seguir avanzando en este torneo. Todo pasará por el acierto y el compromiso, porque la espalda de Rudy nos dé una tregua, porque Pau supere a Pleiss, Mirotic a Nowitzki o Llull a Schroder, la bala alemana. En las miradas está la clase. Fijaos en ellas, desde el minuto uno. Nos dirán muchas cosas.
@Fernan_Ruiz
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