A finales de enero se cumplió exactamente un año de una pregunta directa a Ivan Basso: ¿Puede Egan Bernal ganar el Giro de Italia y el Tour de Francia el mismo año? “Te respondo muy fácil: es el único”, afirmó el italiano. En enero de 2020 ese y no otro era el nivel de exigencia con el ciclista colombiano: proyecciones de cuántos Tour sería capaz de ganar, si mínimo cinco pudiendo romper incluso esa barrera histórica o bien cargarle aún de más presión y expectativas invitándole a ganar ese doblete a lo Marco Pantani o Miguel Indurain.

Y, de repente, llegó la pandemia. El ciclismo se paralizó de súbito pero las expectativas de lo que iba a ser capaz de ganar Egan Bernal con 23 años recién cumplidos siguieron intactas. Se lo pudimos haber preguntado directamente en la entrevista que concedió a ‘La Montonera’ desde su casa en Colombia. Pero en aquella interesante charla nos dejamos conducir por su impactante naturalidad y su cristalina claridad de ideas. En su discurso se captaba a la primera que él aceptaba de buen grado esa presión y lo mucho que, a esas alturas del año y su carrera, se esperaba de él. Por eso buscamos respuestas sobre su liderazgo del Team Ineos frente a Froome y Geraint Thomas, compañeros y rivales a la vez. Esos titulares fueron las que dieron la vuelta al mundo pero, de haberlo sabido entonces, habría bastado cuestionarle si era realmente feliz sobre su bicicleta con toda esa historia por hacer.

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Cuando se convirtió en el primer ciclista colombiano en ganar el Tour de Francia y también uno de los más jóvenes de todos los tiempos en hacerlo, se reparó entre poco y nada en que se vistió de amarillo en una etapa recortada por aludes y un coloso aún por subir o en que la etapa del día siguiente quedó reducida a la nada debido a las circunstancias. La memoria es tan corta que tampoco alcanza a recordar que su principal rival fue un Julian Alaphilippe que tarde o temprano despertaría abruptamente de su sueño amarillo. El resto, estaban a años luz. No estuvo Roglic, Pogacar todavía estaba por explotar y, de esto puede que directamente no se acuerde nadie, el tercer cajón del podio lo ocupó Steven Kruijswijk de forma casi clandestina.

Pese a todas estas eventualidades, Egan Bernal fue justo campeón de aquel Tour de Francia 2019, pero puestos a seguir tirando de memoria: una caída entrenando le privó de ir al Giro de Italia aquel año donde iba a estrenar jefatura de filas en el mejor equipo del mundo. Esa fractura de clavícula acabó siendo una bendición para él o, visto de otro modo y teniendo una tal vez injusta visión a posteriori, pudo acabar siendo un regalo demasiado envenenado.

No perdió su sonrisa, pero tras sus entrenamientos ‘monstruosos’ en Colombia y pese a haber tenido una feliz y victoriosa vuelta a la competición en 2020 en Occitania, una caída hizo aumentar el dolor de su espalda y esa nube de felicidad empezó a abandonar poco a poco al colombiano. Aunque Roglic también se fue al suelo y tuvo que abandonar en esta antesala del Tour de Francia, ya se vio que la superioridad del Jumbo y de su rival esloveno empezaba a ser manifiesta: llegar de amarillo a París por segundo año consecutivo dadas las circunstancias, iba a ser mucho más complicado.

Bernal ni tan siquiera llegó a la etapa reina en el Col de La Loze. Entre carantoñas y gestos forzados de ‘no puedo más’ ante la cámara, el vigente campeón se bajó de la bici para dejar de sufrir. La distancia entre él, Pogacar y Roglic ya era entonces mucho mayor de lo que decía la clasificación general. Sus ambiciones en ese Tour estaban enterradas, pero lo que realmente necesitaba era poner tierra real de por medio entre esa imagen y un reseteo necesario.

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Mientras trabajaba duro para curar esa escoliosis y corregir esa dismetría, Egan Bernal lanzó guiños certeros al Giro de Italia y a meses vista de que su jefe lo acabara confirmando definitivamente. Dave Brailsford, además, dio en el clavo del principal problema:

Quiero que recupere la alegría de correr en primer lugar, y que disfrute sobre la bicicleta

Recuperar esa alegría pasa necesariamente por, de entrada, desviar al ciclista de la presión de ganar sí o sí el Tour de Francia y permitirle antes que se reencuentre en otra gran vuelta que ansía ganar y que en caso de hacerlo le va a servir de trampolín perfecto para quitarse todas las piedras de presión de su mochila para, ya de cara a 2022 y plenamente recuperado física y mentalmente volver a mirar de tú a tú a Roglic, Pogacar y el gran rival que se preste.

Y lo más importante, porque en ese escenario ideal Egan Arley Bernal Gómez todavía tendrá 25 años y muchísimo que ganar. No nos engañemos, un corredor de su talla sólo es feliz ganando o en su defecto luchando hasta el último milímetro por hacerlo. Por eso la decisión de correr el Giro de Italia 2021 es el camino más corto al éxito. Y para volver a ser feliz.

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