La opinión de Luis Jiménez: El cliente no siempre tiene la razón
PorLuis Jiménez
Publicado 19/02/2024 a las 13:38 GMT+1
Muchas veces se ha criticado a los organizadores de carreras ciclistas por sus recorridos infames, cuando no peligrosos o sin ningún sentido. Sin embargo, los promotores ciclistas tienen que pelear con mil aspectos ajenos a su control…y no siempre ganan la batalla.
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Autor del vídeo: Eurosport
Cuántas veces hemos criticado con dureza que tal carrera era indigna de formar parte del calendario ciclista mundial. Cuántas veces se ha analizado la peligrosidad de ciertos recorridos, con unas metas diseñadas, más por un sociópata que por alguien mínimamente familiarizado con el ciclismo. Cuántas veces hemos comentado lo absurdo de hacer pasar a los corredores por determinados lugares que no aportan absolutamente nada, ni deportivamente ni como reclamo para que el espectador disfrute del paisaje. Reconozcámoslo: muchas veces. Lo sucedido la semana pasada con la Ruta del Sol y su dramática reducción a 5 kilómetros contra el reloj quizá nos haga ser en el futuro un poco más comprensivos, tolerantes y abiertos de mente con los organizadores.
El cliente siempre tiene razón…o no
Este es una especie de dogma frecuente en el mundo de la hostelería. Quien paga manda y, además, tiene razón. Y como el chiste, incluso cuando no tenga razón, se le da al cliente. Y no, como bien saben aquellos que trabajan en este sector, no siempre el cliente está en posesión de la verdad y no, no siempre el cliente tiene razón cuando plantea una queja. Este mismo razonamiento se podría aplicar perfectamente al mundo del deporte. Sucede con frecuencia cuando contemplamos una carrera ciclista y, como clientes/consumidores de deporte, no nos gusta lo que vemos en la pantalla, bien porque el paisaje es feo como un susto, el recorrido es un truño, los corredores se fuman las carreras, aunque estas tengan un diseño perfecto; o una mezcla de todo un poco. El enfado/indignación se extenderá como un incendio sin control en el tribunal inquisitorial de las redes sociales, a la vez que el pánico se instalará en los organizadores de la carrera. Hay mucho en juego.
Profesión de riesgo: organizador de carreras ciclistas
Montar una prueba ciclista es una carrera de desgaste, con mil trampas en el camino, con una competencia feroz y con unas servidumbres a veces draconianas. Has de contar con un equipo medianamente competente en el diseño del recorrido, llamar a mil puertas para lograr que patrocinen tu idea; conectar con el salvaje mundo de las instituciones públicas que puedan estar interesadas en el proyecto, lidiar con políticos con el chip del ‘quien paga, manda’ muy instalado en la mente, que para eso ponen la pasta y para eso se creen con el derecho de pernada de colocar las metas en lugares como mínimo poco adecuados. Se tiene que negociar con las televisiones para que tu carrera cuente con visibilidad. Sin tele ningún potencial patrocinador con interés se acercará a tu carrera. Tampoco el político de turno al que la carrera posiblemente le toque un pie, pero que maataaaaa por salir en la foto cortando la cinta en la salida y entregando los premios en el podio de meta. La seguridad es también otro de los aspectos peliagudos. Has de tener un plan aprobado por las fuerzas de seguridad, además de permisos para cerrar al tráfico carreteras y cortar calles, aparte de un dispositivo sanitario para atender los posibles accidentes. Y no siempre es fácil contar con las autorizaciones necesarias. Batallar con los seguros para atender la responsabilidad civil en caso necesario. Un quilombo. También tienes que elegir bien en qué punto del calendario quieres que se celebre tu carrera ya que hay bofetadas por los escasos huecos libres, no solo en tu propio país, sino también más allá de tus fronteras, más aún si tu organización es modesta y tienes que luchar contra grandes emporios que copan el mercado. Importante: tener excelentes relaciones con la UCI para que ser aceptado en el calendario y, por supuesto, con los equipos ciclistas, para ‘convencerles’ de que estar en tu carrera es un buen negocio para ellos y, por supuesto, para ti. Fácil, ¿eh?
Dejo para el final el capítulo de ‘varios’ en esta carrera de obstáculos. Una tormenta de verano que provoca un mar de lodo y te chafa la etapa más decisiva del Tour de Francia (ni Prudhomme puede doblegar a la meteorología), esa nevada que te capa el puerto más emblemático del Giro; o una protesta de agricultores que impide que la Guardia Civil tenga efectivos suficientes para garantizar el desarrollo de la pasada Ruta del Sol. Un año de trabajo que queda reducido a cinco kilómetros, una ruina económica y miedo, mucho miedo, a perder en el futuro inmediato el estatus ganado tras muchos años de esfuerzo. No, señores, definitivamente el cliente no siempre lleva razón…
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