Las etiquetas pesan y si es la del ‘nuevo Indurain’, la losa pasa a ser directamente insoportable. A Marc Soler le cayó esta envenenada comparativa cuando se proclamó campeón de la París-Niza en 2018, casualmente la misma carrera que aupó al estrellato absoluto a su referente. Los parecidos eran más que razonables, en escenario y en condiciones. Pero las realidades de ambos totalmente incomparables por mucho que este titular quede tan bien en las portadas.

Soler también ha pasado de ser el protagonista que peor queda en un documental televisivo a casi casi convertirse en un ciclista de dibujos animados, siempre y cuando se den las circunstancias adecuadas. En pleno confinamiento en este complicado año 2020 el catalán no salía bien parado de ese ‘El día menos pensado’ que estrenó la plataforma Netflix contando las interioridades de su equipo. Excusándose sin que nadie se lo pidiera cuando Nairo Quintana falló en el Tourmalet o siendo severamente criticado por uno de sus directores cuando perdió una minutada a las primeras de cambio en La Vuelta o, pocos días después, protagonizó esos famosos aspavientos cuando le mandaron parar camino de una posible victoria en Andorra.

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Aquél fue el Marc Soler ‘de documental’. El de ‘dibujos animados’ sólo se ha visto cuando ha corrido con confianza en sí mismo y liberado total o parcialmente de cualquier supeditación a un jefe de filas. O sea, el de la pasada Vuelta a España, el que lo intentó desde la fuga aunque sin acabar de creer en sus opciones en dos etapas del pasado Tour de Francia o aquel más joven antes e inmediatamente después de aquella París-Niza en la que fue peligrosamente comparado con Indurain.

En el pasado Tour de Francia surgió una pregunta pertinente: ¿qué pasaría si Marc Soler corriera como su tocayo Hirschi, como Max Schachmann o como el Lutsenko que ganó en Mont Aigoual? Cuestión extensible a qué pasaría si corriera en otro equipo que no fuera Movistar Team o si éste le diera ese espacio que necesita para brillar.

La respuesta se responde sola, basta con repasar sus actuaciones en esta última Vuelta a España: victoria en Lekunberri, segundo en La Farrapona ante un escalador que es mejor que él definiendo y estando ahí hasta el final pero dejándose llevar ante llegadores más rápidos que él como Tim Wellens o Michael Woods.

Durante el confinamiento y recién retratado en aquel célebre documental, Marc Soler iba a acudir al Giro de Italia como jefe de filas único. Su gran oportunidad para demostrar que puede luchar por estar entre los mejores en una gran vuelta. El destino y el complejo contexto de la temporada ciclista cambiaron ese objetivo y fue alineado para Tour de Francia y Vuelta a España, aunque sin dedicación exclusiva para tirar de su compañero Enric Mas. Ahí empezó a verse al Soler ‘de dibujos animados’, a un ciclista que jamás será como Indurain pero que puede y debe mutar a, si se lo permiten, cazar otros objetivos menos llamativos pero que seguramente marcarán su carrera a mejor.

A finales de noviembre de este 2020 cumple 27 años y pese a que todavía tiene edad para intentar ir a por el podio de una grande, ya va siendo hora de ver en él dibujos animados de acción y no más lamentos en otro documental. A ver si el director se da cuenta.

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