Los 214 centímetros de estatura de Thomas Van den Spiegel sobresalían entre la multitud congregada un domingo cualquiera de finales de octubre en el circuito de ciclocross en la base militar de Gavere (Bélgica). Minutos antes de una breve conversación con él de ciclismo y por supuesto de baloncesto, había tenido una acalorada discusión en televisión con Sven Nys, leyenda local e ídolo absoluto de esta modalidad del ciclismo.

El exjugador de baloncesto de Real Madrid y dos veces campeón de Europa con el CSKA de Moscú es desde hace años el máximo responsable de Flanders Classics, la empresa que organiza y gestiona las clásicas belgas más importantes y también las pruebas de Superprestigio, una liga privada de ciclocross que se corre de forma paralela a la Copa del Mundo que organiza la Unión Ciclista Internacional. Como buen CEO y sabiendo lo que las carreras que dirige son capaces de generar teniendo como figuras a Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert, confrontó en directo su afán de expandirse y deslocalizar del corazón de la Bélgica flamenca la modalidad ciclista del barro con la opinión de vieja escuela de Nys. El ‘Caníbal de Baal’ ampara su postura en la tradición de un deporte en el que, más allá de los apellidos Van Aert y Van der Poel, es capaz de congregar -cerveza y salchicha en mano- a miles de personas cada fin de semana en el interior de un circuito. Entonces, ¿por qué cambiar algo que gusta y funciona?

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Esos fieles pagan religiosamente 30 ó 40 euros de entrada haga frío, llueva o esté nevando y corran o no Van Aert o Van der Poel. Ambos han tiranizado el ciclocross en los últimos cuatro años, por lo que prácticamente cada carrera de Superprestige, Copa del Mundo e incluso los Mundiales eran una película que casi siempre tenía el mismo final: o ganaba uno, o ganaba otro. Un dominio aplasatante que poco importaba a la mayoría de aquellos que lo viven a pie de circuito porque, básicamente, gastan su dinero esperando ver ese espectáculo entre ambos.

Mathieu van der Poel et Wout Van Aert

Fuente de la imagen: Getty Images

Aquella tarde ninguno de los dos corrió en Gavere y Thomas Van den Spiegel nunca hubiera imaginado el escenario que un año después y de forma completamente accidental iban a plantearle estos dos enemigos íntimos no en una prueba cualquiera de ciclocross, sino en la carrera más importante que organiza su empresa.

Para llegar a este punto ha tenido que mediar una recalendarización del ciclismo profesional de carretera por culpa del coronavirus y recolocar el Tour de Flandes a un domingo de finales de octubre en lugar de su fecha habitual a mediados de abril. También los esfuerzos de la propia empresa Flanders Classics de seguir adelante con la carrera pese a que la situación de la pandemia en Bélgica no es la mejor ni la más recomendable para evitar contagios. Pero el hecho de que se corra también ha sido otro punto a favor de este Monumento y de lo mucho que se espera de él y de esta citada rivalidad, ya que la cancelación definitiva de la París-Roubaix le deja como la última gran clásica que se disputará en este 2020 para olvidar.

Si la importancia que tiene de por sí el Tour de Flandes no fuera suficiente, Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert van a llegar, para mayor delicia de organizadores y aficionados, con sus respectivos orgullos heridos tras el histriónico marcaje entre ambos en la reciente Gante-Wevelgem. A diferencia de sus batallas en ciclocross donde no tenían rival que se acercara remotamente a su nivel, en la recta de meta de Wevelgem aparecieron Mads Pedersen o Matteo Trentin para dejar a ambos sin gloria, pero con un sonado cruce de declaraciones que por supuesto tendrá su eco desde la salida del centro de Amberes hasta la meta de Ourdenaarde, batallando antes en cada muro adoquinado.

Mathieu y Wout han batallado entre sí por ser el número uno desde niños, teniéndose que soportar antes, durante y después de cada carrera de ciclocross. Siendo ese después uno de sus enfados más sonados cuando antes de una ceremonia de podio, el neerlandés y nieto de Raymond Poulidor hizo esperar más de la cuenta a su archienemigo, algo que le ofendió profundamente.

Tras no poder ganar la Gante-Wevelgem, Van Aert no se mordió la lengua acusando a Van der Poel de su estrecho marcaje y de impedir que pudiera ganar esa carrera. Unas declaraciones en las que hasta otra leyenda como Tom Boonen, tomó partido. Y no fue a favor de su compatriota, de quien dijo que sus quejas no tenían ningún sentido queriéndole decir además que debería medir mejor sus esfuerzos y estrategia en caso de que quiera ganar más grandes clásicas.

Ha preferido a que cualquiera ganara antes que yo. Me miraba solo a mí, pero debe saber que hasta ahora ya he ganado muchísimo (Van Aert)

Pedersen triunfa en el marcaje desesperante de Van der Poel y Van Aert

Van der Poel tampoco se calló aunque fue menos efusivo en las alusiones a su rival. Ya en frío y a pocos días de este domingo de gloria en Flandes, Van Aert ha enterrado el hacha mediática. Asunto zanjado para hablar sobre la bicicleta y tratar de ganar su segundo Monumento de este 2020 tras su exhibición en la Milán-San Remo. Allí ganó con suficiencia el esprint a Julian Alaphilippe, pero no hubo batalla real con un Van der Poel que finalizó en 13ª posición.

Después llegó el verano y Van Aert corrió el Tour ganando dos etapas y casi la carrera con Primoz Roglic para inmediatamene después ser subcampeón del mundo en contrarreloj y en ruta. Mientras que el neerlandés sumó un triunfo de etapa en Tirreno-Adriático, ganó la última etapa y la general con exhibición incluida en el BinckBank Tour y sólo un día después acabó dignísimamente la Lieja-Bastoña-Lieja en las primeras posiciones y posteriormente midió mal su esprint ante Alaphilippe en la Flecha-Brabanzona.

Van der Poel firma una de sus grandes exhibiciones para llevarse la general

Sin Peter Sagan en liza, es más que evidente que ellos dos son los grandes favoritos y los más fuertes a priori para ganar este Tour de Flandes versión otoñal. De los dos dependerá el espectáculo y la magnitud de la permanente carrera que ambos mantienen por ver quién gana más y de la forma más asombrosa posible. Van Aert, ahora mismo, va uno o dos pasos por delante en palmarés de ruta y especialmente por tener un objetivo claro: el de centrarse en carretera y no competir en todas las disciplinas posibles como Van der Poel tiene intención de seguir haciendo al menos hasta los Juegos de Tokio, donde aparentemente intentará ser medallista en mountain bike.

Esta gran rivalidad ya es lo suficientemente conocida y global gracias al ciclismo en ruta. Tomas Van den Spiegel seguirá teniendo en mente expandir su modelo de negocio de ciclocross, pero va a ser la carretera y un Tour de Flandes celebrado en octubre de forma accidental quien le regale el mejor escenario y los embajadores más propicios para que su idea siga prosperando. Aunque Wout Van Aert y Mathieu Van der Poel nunca más vuelvan a pisar el barro.

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