El ciclismo es un deporte que se debe a la épica o a superarse a sí mismo en cada pedalada tratando de conquistar hazañas imposibles o desafiar a cualquier condición. En más de una ocasión los ciclistas o quienes mandan de ellos aparcan el sentido común para que el espectáculo continúe a cualquier precio. Da igual si nieva, si hay más de cuarenta grados de calor o si te has caído y estás lleno de sangre o con algún hueso roto. Tienes la obligación de levantarte y seguir. Cueste lo que cueste. Abandonar está permitido, pero siempre es la última opción.
En una conversación con Manuel Quinziato sobre la Milán-San Remo de 2013 que vio recortada su recorrido a causa de la nieve y el temporal de frío, el hoy exciclista italiano se lamentaba de que poco menos que les obligaron a correr pese a los evidentes riesgos de hipotermia y las condiciones extremas. “¡Incluso se suspendió un partido de ‘calcio’ por la nieve, pero nosotros teníamos que correr!" decía.
Muchos de los autoproclamados puristas del ciclismo no entendían entonces que aquella Milán-San Remo que acabó ganando Gerald Ciolek en detrimento de Peter Sagan se recortase o pudiera no correrse, como tampoco acabaron de entender, por ejemplo, que la organización del Tour de Francia neutralizara una etapa a causa de desprendimientos como sucedió hace escasos meses. “Son ciclistas”, es la expresión que suele emplearse en estos casos cuando esa épica desmesurada corre peligro de no existir y por tanto de no satisfacer desterminadas voluntades.
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La primera Clásica Monumento de la temporada se ha disputado de forma ininterrumpida desde 1945 y según recuerda el historiador de ciclismo David Guénel, los 372 Monumentos que se han sucedido desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se han disputado de forma consecutiva. Sin ninguna excepción. De San Remo, a Flandes pasando por Roubaix y Lieja para acabar cada otoño en Lombardía.
La amenaza del coronavirus amenaza con detener en seco esta cifra aplastante. A diferencia de los partidos de baloncesto o de fútbol que ya hemos visto y seguiremos viendo a puerta cerrada para evitar contagios, el ciclismo no puede correrse ‘a carretera cerrada’. O se corre desafiando al virus o se suspende o aplaza la carrera. Sin medias tintas.
En este punto conviene aclarar que una carrera ciclista no sólo es un pelotón de bicicletas, motos y coches transitando entre dos puntos geográficos. El riesgo de infectarse, en este caso por coronavirus, podría ser más elevado porque alrededor de las 300 personas que conforman una carrera o una vuelta por etapas llegan desde diferentes países y en el caso de este tramo de competiciones italianas desde la Strade Bianche hasta la Milán-San Remo van a estar circulando por todo el norte de Italia para, a los pocos días, regresar a sus puntos de origen o a otras zonas para seguir entrenando o compitiendo.
El ciclismo debe dar ejemplo para evitar situaciones que en parte el propio ciclismo ha generado, como las que se están viviendo en Emiratos Árabes, tras la cancelación del UAE Tour y la cuarentena que están guardando varios equipos en Abu Dabi. No por el hecho de hacer cuarentena, sino por las situaciones de desinformación, confusión y abandono por parte de organizadores, federaciones y otras autoridades que han denunciado ciclistas como los hermanos José y Jesús Herrada.
Tal vez el miedo de un organizador de carreras tan importante como RCS (responsable del Giro de Italia) vaya más allá de posibles contagios en Italia. Se trataría de evitar más situaciones de cuarentena o aislamiento por si estallara algún nuevo caso de infección por parte de algún ciclista o miembros de un equipo a partir de este sábado 7 de marzo con la Strade Bianche.
Hay equipos que, con buen criterio, se han puesto la venda antes de esa posible herida. El Jumbo-Visma anuncia que no correrán anteponiendo la competición a la salud de sus corredores, igual que lo hizo posteriormente el Mitchelton-Scott. Antes lo hizo el Education First, preguntándose qué pasaría si no iban a correr. Pero, ¿y el resto?
No debería pasar absolutamente nada si no se corre, ya que es una cuestión de sentido común y sensatez. Pero el ciclismo está, sin querer, ante una situación para demostrar una unidad que nunca acaba de existir cuando este deporte debe afrontar unido temas capitales como éste. A pocos días de la Strade Bianche pocos están hablando claro y el resto espera a ver qué pasa o qué hacen otros. La épica se resentirá, los puristas volverán a enojarse y seguramente no podamos ver en Eurosport estas carreras tan atractivas. Pero si no se puede ni se debe correr, que no se corra. Y si los equipos permanecen unidos y afrontan juntos esta crisis, mucho mejor.

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