Cuando Borut Bozic ganó la sexta etapa de la Vuelta a España 2009 en Xátiva, imponiéndose al esprint, nada menos que a Tyler Farrar o Tom Boonen, Primoz Roglic todavía soñaba con ser campeón del mundo de saltos de esquí y ni tan siquiera montaba en bicicleta de carretera.

Entre ese esprint de Bozic y la batalla entre dos eslovenos por ganar la carrera más importante del mundo ha pasado una larga década en la que al líder del Tour de Francia le dio tiempo para desencantarse de sus aspiraciones como saltador, aprender a montar y competir en bicicleta y pese a un éxito tardío, convertirse en uno de los mejores corredores de su generación.

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Pero la irrupción de Eslovenia como pequeña élite en el ciclismo no sólo debe medirse por los triunfos de Roglic o los portentosos triunfos de Tadej Pogacar aun sin haber cumplido los 23 años. En esta última década, el despegue de ciclistas profesionales ha sido un lento goteo. Por ejemplo, Janez Brajkovic con su victoria en el Dauphiné de 2010 ante Alberto Contador o la polivalencia de Simon Spilak brillando en carreras de una semana, culminando un interesante palmarés con su general de la Vuelta a Suiza de 2017.

En este lento despegue esloveno también merecen ser nombrados Grega Bole, a quien ya hicimos referencia como todo un pionero en su victoria en una etapa del Tour For All de Zwift, Jan Tratnik o Jan Polac, maestro y guía en la carretera de Tadej Pogacar. Otros, como Marko Kump, prometedor rodador y clasicómano con vitola de campeón de la París-Roubaix Sub’23 que nunca encontró continuidad en el World Tour tras varias oportunidades, han sido excepciones en este imparable camino hacia el éxito. Pero a medio camino de notabilísimos profesionales de este país pueden situarse Luka Pibernik o el esprínter Luka Mezgec.

Matej Mohoric, compañero de Mikel Landa en el Bahrein-McLaren, fue campeón del mundo de ruta juvenil y Sub’23 de forma consecutiva. Su explosión como gran corredor y victorias en la élite ha sido lenta, pero su colección de victorias aunque no es amplia, casi siempre ha venido acompañada de una gran exhibición con sus dotes de rodador.

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Todos ellos son los nombres pero la pregunta que surge ahora es: ¿cómo y por qué están llegando tan alto? En el caso de Roglic por constancia, calidad física y una casualidad previa por no haber triunfado como saltador y elegir este deporte para practicarlo de forma profesional. En el de Pogacar por ser un auténtico fenómeno llamado a arrasar y ser leyenda desde prácticamente la cuna. Nada más ganar el Tour del Porvenir firmó su primer contrato profesional con el equipo Emirates y a partir de ahí, ya es de sobra conocida su trayectoria y la proyección de su altísimo techo.

El ciclismo profesional en Eslovenia tiene un definido trampolín hacia Italia. Actualmente, y también en los últimos años, sólo ha tenido dos equipos profesionales en categoría Continental Profesional (la tercera división del ciclismo mundial). Un corredor de esta nacionalidad bueno corre automáticamente en el Adria Mobil y de ahí, el paso natural es fichar por un conjunto de superior categoría italiano, como en su día sucedió con Liquigas o Lampre, ahora bajo el nombre de Emirates. También ha ayudado en los últimos tiempos que el equipo Bahrein-McLaren fijara allí desde allí su centro de operaciones y de entrenamientos puntuales.

La estructura del ciclismo profesional en un país que apenas supera los dos millones de habitantes, no es ni mucho menos sólida, pero cuentan con una vuelta por etapas que ha tenido ganadores como Vincenzo Nibali o Jakob Fuglsang y que en los últimos años (en 2020 ha sido cancelada por el coronavirus) ha ido crecido de forma sostenida, con una cierta consolidación en el calendario.

Esta serie de escasos pero sólidos pioneros del ciclismo esloveno y la proyección que por sí mismo dan ciclistas ganadores como Roglic o Pogacar, están siendo los principales motivos para que el ciclismo esloveno no sólo esté en el mapa, sino que sea referencia a nivel mundial. En un pequeño país acostumbrado a alumbrar auténticos talentos superdotados en deportes de invierno o baloncesto, el ciclismo ha sabido dar ese salto definitivo.

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