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Historias Eurosport: De abril a septiembre, el cambio con el que La Vuelta ganó para siempre

Historias Eurosport: De abril a septiembre, el cambio con el que La Vuelta ganó para siempre

El 23/08/2019 a las 09:50Actualizado El 23/08/2019 a las 17:08

La Vuelta a España no siempre se corrió en septiembre. Desde mitad de los años noventa se decidió trasladarla tras el Tour de Francia en un cambio que de entrada no gustó a todos pero que acabó siendo la clave de un éxito imparable. Revive en una nueva entrega de 'Historias Eurosport' el cuándo, cómo y el porqué de esta trascendental decisión que cambió para siempre el ciclismo.

El 2 de septiembre de 1995 fue la fecha en la que se empezó a odiar al fútbol moderno. Aquel sábado arrancó la primera edición de la Liga de 22 equipos -que nueve meses después sería la del doblete del Atlético de Madrid- y también el campeonato en el que las victorias comenzaron a valer tres puntos en lugar de dos. Ya no se podía salir a empatar, había que salir a ganar en todos los campos. Aquel sábado, la Vuelta a España también dio comienzo en Zaragoza, por primera vez en el mes de septiembre y en medio de discusiones, polémicas y algún mal augurio por este cambio de fechas.

La ronda española también salió a ganar y por supuesto salió ganando con aquella trascendental y rompedora decisión. La ambición de Enrique Franco, histórico director e impulsor de la modernización definitiva de la carrera desde que se hizo con ella en los años ochenta, no era otra que atraer a Miguel Indurain y con él, a a las grandes figuras del momento. Tanta ambición que incluso se convirtió en obsesión, ya que el histórico dirigente llegó a decir de él que "no era beneficioso" para su carrera y que “ha hecho mucho por el deporte español, pero muy poco por el ciclismo”, añadiendo además y fiel a su vehemente estilo: “En otro país, público, políticos y medios de comunicación no hubieran consentido su ausencia”.

Lo cierto es que aquel septiembre de 1995 Miguelón ya había ganado sus cinco Tour de Francia y sus dos Giro de Italia, pero un año más había desertado de la carrera de casa. Esta vez tenía la excusa perfecta, ya que tenía que viajar a Colombia a preparar el Mundial de Duitama que, con la venia del navarro, acabó ganando Abraham Olano. No contar con Indurain no fue un drama de entrada, pues desde que no pudiera con Melcior Mauri en 1991, correr La Vuelta nunca fue un objetivo prioritario para Banesto ni para el propio Indurain. De hecho, la imagen más dolorosa, la que intuía su adiós definitivo al ciclismo, se produjo en Cangas de Onís un año después, cuando fue obligado a correrla tras no poder ganar su sexto Tour consecutivo.

Abraham Olano, en una imagen de 1999

Abraham Olano, en una imagen de 1999 Imago

El carácter de reválida “quien no apruebe en el Tour, que vaya a septiembre” fue una frase que acuñó José Miguel Echávarri para todos sus ciclistas del Banesto y con la que a la larga se ha beneficiado la Vuelta a España. De no ser así, no se hubiera visto la victoria de Alberto Contador en la edición de 2014 o mucho antes los arrestos de un joven Jan Ullrich, de lo mucho que era capaz Roberto Heras sin Lance Armstrong en frente o al lado o, más recientemente, del escenario perfecto para que Nairo Quintana pudiera desquitarse de ese sueño amarillo que no consigue.

Cambio con sentido y consentido

Si bien este examen de septiembre sustituyendo al abril-mayo de toda la vida ha hecho más grande a La Vuelta, los éxitos del cambio tardaron en llegar. El ciclismo reestructuró su calendario por completo en aquel ecuador de los años noventa, tanto que hasta la Unión Ciclista Internacional planteó al Giro de Italia que modificara sus fechas para tener más espacio entre las clásicas y la primera gran vuelta. Los grandes esprínters y clasicómanos habían dejado de aparecer por la ronda española por una cuestión de compaginar sus calendarios y de descanso tras ese bloque competitivo. Los vueltómanos internacionales, por su parte, daban preferencia al Giro de Italia y especialmente al Tour de Francia semanas después.

Éstos fueron básicamente los motivos del cambio, contar con las grandes figuras y esa petición de la Unión Ciclista Internacional que sugirió ese cambio que ya se estaban planteando Enrique Franco y Unipublic, la empresa organizadora de la carrera. Pero conviene desgranar más a fondo estas dos cuestiones, ya que tenían muchas más lecturas entre líneas. Tras el Tour de Francia a finales de julio, la atención del aficionado al ciclismo y más bien del deporte en general caía en picado hasta los campeonatos del mundo. Y ni aun así porque las medallas previas de Juan Fernández eran vistas como un logro muy aislado y el dominio de Óscar Freire o los intentos de Alejandro Valverde aún tardarían en llegar.

Se tomó septiembre o en su defecto la última semana de agosto como una época valle en la que los grandes eventos deportivos, especialmente la Liga de fútbol, todavía no habían empezado o aún no centraba toda la atención del aficionado. Rellenar ese hueco televisivo, mediático y publicitario hasta el Mundial también formaba parte del negocio y así lo entendieron los rectores del ciclismo, tanto que el propio presidente de la UCI, Hein Verbruggen, bendijo esta máxima: “Ahora ya podemos contar con el interés de las televisiones y del público hasta el mes de octubre”.

Las figuras fueron viniendo por sí solas y posteriormente irían apareciendo nuevos e icónicos escenarios como L’Angliru o los nuevos finales en alto que se fueron introduciendo. La Vuelta rompió también con su recorrido clásico de etapas llanas y abanicos en Castilla, jornadas de grandes puertos en Pirineos aragoneses y la traca final fin la sierra de Madrid. Más que su traslado al noveno mes del año, el afán explorador de los sucesivos organizadores de la carrera también fue contribuyendo al éxito imparable de la carrera.

Como era de esperar, el cambio no gustó a todos, así como el hecho de que la gran carrera de casa se fuera internacionalizando con los mejores equipos y ciclistas del mundo. El cambio abril por septiembre no fue bien visto por los grandes directores de los principales equipos nacionales de la época. Ni Manolo Saiz y su once pese a que ganaron aquella ‘Vuelta del cambio’ con Laurent Jalabert ni tampoco Javier Mínguez con su Seguros Amaya al frente. Tras alguna manifestación de desacuerdo y malos augurios, acabaron cediendo y adaptándose a este nuevo formato de La Vuelta. Tampoco puede decirse que perjudicara a equipos españoles en detrimento de extranjeros, ya que sólo hace falta echar un vistazo a las sucesivas participaciones desde entonces y comprobar que en aquellos buenos tiempos de vacas gordas en este deporte, casi ningún equipo nacional se quedó fuera de juego.

Jan Ullrich Vuelta España

Sólo el empuje de la llamada ‘Liga de las Estrellas’ con sus grandes fichajes de mitad y finales de los noventa más las ausencias de Miguel Indurain o el vigente campeón Tony Rominger en la salida de Zaragoza de aquella 50ª edición de La Vuelta, hicieron que inicialmente la afición dejara de animar en las cunetas o pudiera alejarse del televisor.

Afortunadamente nadie se alejó del ciclismo en septiembre, sino más bien al contrario. Había vida más allá de Indurain y Rominger porque más tarde vinieron los duelos Chava Jiménez vs Olano, el todos contra Jan Ullrich, el domino de Roberto Heras, la reválida de Contador en 2008 por no poder correr el Tour, el brillo de Purito Rodríguez y Alejandro Valverde, los últimos bailes del propio Contador y por supuesto, el empeño infinito de Chris Froome en ganarla. La Vuelta a España cambió para siempre en aquel septiembre de 1995. Como el fútbol de los tres puntos, también salió a ganar y acabó ganando… por goleada.

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