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Abanicos, actitud y ciclismo clásico: no hizo falta nada más para reconciliarse con La Vuelta

Abanicos, actitud y ciclismo clásico: no hizo falta nada más para reconciliarse con La Vuelta

El 11/09/2019 a las 19:21Actualizado

Philippe Gilbert dijo en la meta de Guadalajara que esta 17ª jornada de la Vuelta a España 2019 se vería reflejada en los libros de historia del ciclismo. Sin pretender quitarle la razón al belga y habiendo disfrutado -por fin- de un gran espectáculo por parte de todo el pelotón, el escenario que le queda a la carrera supera las mejores previsiones.

Mientras una gran mayoría de aficionados al ciclismo siguen criticando el actual formato de la Vuelta a España, es decir, la colección de finales en alto con porcentajes imposibles y kilometrajes más cortos, el pelotón se encargó de darles gran parte de la razón camino de Guadalajara. Tal vez el primero que llegó a meta entre tanta velocidad, abanicos y vértigo exageró con eso de que esta jornada pasará a los libros de historia.

Philippe Gilbert y ese discurso grandilocuente unido a todo lo que se vio en la etapa sirvieron para que esa masa descontenta de aficionados se reconciliara ya no con La Vuelta, sino con el ciclismo de toda la vida. No era tan difícil: más de 200 kilómetros para desgastar, un recorrido aparentemente plano pero con un desnivel acumulado de más de 2.000 metros y el viento fuerte y necesario para provocar abanicos y refriegas.

La Vuelta 2019 cambia radicalmente de escenario: ¿Qué le espera a Roglic y al Movistar?

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Roglic está tocado, puede perderla
Nada grave, conserva toda su ventaja
Movistar debe apostar por Nairo Quintana
Atacarán sin piedad al Jumbo-Visma

Movistar jugó sus cartas en lugar de limitarse a ir a rueda del Jumbo-Visma y trató de dinamitar La Vuelta mandando por delante a Nairo Quintana con más compañeros. Todos entraron al trapo y cogieron al equipo del líder desprevenido y desde ahí otra maniobra táctica a 45 kilómetros de meta para acabar de aislar a Primoz Roglic y, de paso, también a Tadej Pogaçar. El Astana colaboró activamente para proteger las opciones de podio de Miguel Ángel López y aunque la clasificación general al final de este día de furia no experimentó ningún cambio significativo salvo el salto de Nairo Quintana al segundo puesto, se vivió más acción e incertidumbre que en cualquier etapa de montaña.

Puestos a debatir, ahora queda la duda razonable de quién debe ser el jefe de filas del Movistar Team en las dos etapas de montaña que restan, si Valverde o Nairo Quintana. Sea quien sea y decida lo que decida la dirección técnica del equipo español, en Guadarrama o Gredos veremos una Vuelta a España completamente diferente.

De lo que iba a ser un paseo militar de Roglic hasta el podio de Cibeles el próximo domingo, las puertas de la esperanza y del espectáculo se han abierto de par en par. El esloveno sonreía tímidamente en el podio de Guadalajara, él y su equipo minimizaron pérdidas pero quedaron retratados. De pronto ya no son tan altos ni tan fuertes. Ahora sólo falta que Valverde, Quintana, Supermán López e incluso Pogaçar se lo acaben de creer y aprovechen dos jornadas con puertos ‘de verdad’ y encadenados y no las popularmente conocidas como ‘cuestas de cabras’.

Al fin y al cabo, sólo ha hecho falta un poco de ciclismo de verdad para cambiar todas las percepciones. Tal vez no pase a los libros de historia, pero los manuales clásicos de este deporte rezan exactamente lo que se vio entre Aranda de Duero y Guadalajara. Sólo hizo falta aplicarlos.

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