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Grandes Relatos Eurosport: Diez años de La Roja en La Vuelta, el origen de una pasión hecha maillot

Grandes Relatos Eurosport: Diez años de La Roja en La Vuelta, el origen de una pasión hecha maillot

El 13/09/2019 a las 20:43Actualizado El 14/09/2019 a las 15:12

Acaba de cumplir diez años pero ya es una joven leyenda. El maillot rojo que viste al líder de La Vuelta se gestó como una idea que tenía que romper con lo convencional y dotar de un sello propio a la tercera gran vuelta ciclista del año. Unir en una sola prenda pasión, la idea de un genio de la moda y todos los éxitos que entonces estaba cosechando el deporte español más allá del ciclismo.

Al diseñador Custo Dalmau le encomendaron la que seguramente iba a ser su creación más atrevida. En este caso no se trataba de una colección más, esas camisetas que bajo su sello ‘Custo Barcelona’ ya eran un éxito internacional en el mundo de la moda. El catalán tenía que plasmar en un maillot de lycra todo el peso de la responsabilidad y de la historia que supone vestir el jersey de líder de una gran vuelta ciclista. Y algo más: ese maillot debía ser lo suficientemente rompedor e innovador para una carrera que meses antes de la edición de 2010 se había obligado a cambiar y a, por fin, tener una personalidad propia y que la diferenciara del Giro de Italia o del Tour de Francia.

El maillot de líder de La Vuelta no tenía que volver a ser rojo por casualidad. Ni por una mera imposición de los organizadores de la carrera ni porque Custo Dalmau determinara que ese tono iba a resaltar al líder entre el pelotón. El rojo simbolizó esa ruptura con el anterior maillot dorado que sólo duró una década, la pasión que debía transmitir la ronda española y también los muchos éxitos que hace diez años estaba consiguiendo todo el deporte español, y no sólo el ciclismo.

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Llama poderosamente la atención que esa ‘Edad de Oro’ del deporte español con la Eurocopa y el Mundial de fútbol ganadas por la Selección, así como el encadenado Mundial-plata olímpica-Eurobasket de 2009 del baloncesto, las Copas Davis de tenis con Rafa Nadal al frente o las victorias de un Fernando Alonso ya vestido de Ferrari, no tuviera continuidad con aquel jersey dorado que La Vuelta vistió desde 1999 hasta 2009.

Antes de la conclusión del Siglo XX, La Vuelta ya estaba tratando de diferenciarse de Giro y Tour, pero no lo suficiente. Se cambió el amarillo por el dorado y la propia carrera comenzó a experimentar sus primeros grandes cambios. Asentada ya en septiembre desde la edición de 1995 que ganó Laurent Jalabert, la inclusión de montañas con porcentajes imposibles como L’Angliru unida a la tímida internacionalización de la carrera atrayendo a las principales figuras extranjeras, se logró romper con convencionalismos. Pero faltaba un elemento lo suficientemente rompedor para acabar de tener definida esa personalidad propia.

Un maillot de líder nuevo, de color rojo y diseñado por un genio de la moda. La primera prenda presentada al público que se presentó en enero de 2010 tal vez fue demasiado rompedora, tanto que hasta el propio Custo Dalmau tuvo que explicar varias veces su diseño, tratando de justificarlo. La pasión del rojo y unos tintes negros emulando los dibujos de la piel de un guepardo, un animal rápido y astuto, como debe ser un líder de una gran vuelta.

Pasión y... astucia

"Este animal y el ciclista tienen similitudes: la velocidad, la posición en carrera y ambos corren por la naturaleza", explicaba entonces Custo. "Las manchas que atraviesan el maillot simbolizan las carreteras del trazado de La Vuelta". Esta era su justificación oficial ante los medios, pero convenía quedarse con este otro titular: “Queríamos cambiar el concepto de un deporte tan tradicional”. Dio en el clavo.

El maillot rojo o ‘La Roja’, como Luis Aragonés se empeñó en bautizar a su selección antes de proclamarla campeona de Europa en Viena para que el aficionado español abandonara la cultura de club y fuera la Selección quien uniera a todos, llegó a la Vuelta a España para quedarse. Tras esa presentación inicial en enero de 2010, el jersey que se enfundó Mark Cavendish en una noche sevillana o el que se quedó el propiedad Vincenzo Nibali tres semanas después tras proclamarse campeón en la inédita Bola del Mundo, no tuvo tantas manchas de guepardo pero sí un simbolismo que ha sabido perdurar y que ya ha cumplido una década.

Efectivamente, la contrarreloj por equipos con la que se dio el pistoletazo de salida a La Vuelta 2010 ya fue un concepto totalmente rompedor e innovador en una gran vuelta. Nunca se había corrido de noche ni con un alumbrado especial para hacerla posible. El aficionado con buena memoria recordará con pasión la lucha intensa entre Igor Antón, Joaquim Rodríguez, Ezequiel Mosquera (desposeído de su segundo puesto posteriormente por dopaje) y Vincenzo Nibali por quedarse con aquel primer maillot rojo de La Vuelta.

Primero de esta nueva era de La Vuelta, pues en la edición de 1945 se optó por este color para vestir al líder, aunque posteriormente se regresó al naranja que por entonces distinguía al primer clasificado de la general. El rojo siempre estuvo presente, bien como una raya diagonal sobre fondo blanco en los primeros tiempos de la carrera o bien con en el cambiante popurrí de colores y patrocinadores de clasificaciones secundarias durante la primera década del Siglo XX. Fue rojo para casi todo menos para el ganador, hasta que por fin alguien se atrevió con el cambio.

Video - La Roja cumple una década: historia y significado del maillot de líder de La Vuelta

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Ese alguien fue Javier Guillén, entonces recién nombrado director de la Vuelta a España tras aprender el oficio con Víctor Cordero. Lo decía entonces y lo repite diez años después, este color llegó para quedarse, con sus reservas iniciales: “Cuando pusimos en marcha el concepto de La Roja no teníamos muy claro si era para quedarse. Además, como le digo yo a Christian Prudhomme (director del Tour de Francia), celebrar cien años del maillot amarillo es todo un éxito, pero celebrar diez años de cualquier cosa en España es increíble. Por eso estamos contentos de haber cumplido una década con este maillot”.

“El rojo es pasión, mucha fuerza, mucha furia. En 2010 España deportivamente lo ganaba todo. Fútbol, baloncesto, Fernando Alonso, Rafa Nadal y la Copa Davis… Es el color de la furia y el color del éxito del deporte español”, recuerda Guillén diez años después en los micrófonos de Eurosport.

El deporte español vivió sus mejores días, en efecto. Pero el ciclismo español también estaba entonces en lo más alto con los Tour de Francia ganados de forma consecutiva por Óscar Pereiro, Alberto Contador por partida doble y Carlos Sastre. El propio Contador ya había ganado antes de 2010 la triple corona de grandes vueltas o Samuel Sánchez el oro olímpico en Pekín, así que esa ‘Edad de Oro’ también tenía que estar obligatoriamente plasmada en este nuevo maillot rojo.

Italian rider Vincenzo Nibali of Liquigas-Doimo celebrates on the podium after winning the Vuelta tour of Spain in Madrid on September 19, 2010 (Getty Images)

Si Alejandro Valverde fue el último campeón de La Vuelta vistiendo el jersey oro en 2009 ante Samuel Sánchez y Cadel Evans, Alberto Contador ha sido el único ciclista en ganarla vestido de dorado y de rojo, concretamente en 2008 debutando y ganando la ronda española y posteriormente en 2012 y 2014. El hoy comentarista de Eurosport tiene claro que el rojo destaca más que el dorado: “El rojo es un color que tiene mucho protagonismo en nuestra bandera y es mucho más acertado que el maillot oro, aunque para mí fue igual de especial ganar con el oro que con el rojo”.

‘La Roja’ ha sabido cumplir diez años y ha visto cómo además de Alberto Contador o Vincenzo Nibali han vestido o ganado todos los grandes vueltómanos del ciclismo actual. Tanto, que se convirtió en una especie de obsesión para Chris Froome, quien prefirió ser campeón en Madrid antes que ganar un Giro de Italia y quien no paró hasta conseguirlo en 2017. O de un Nairo Quintana quien supo encontrar en este maillot el consuelo necesario tras no cumplir su sueño amarillo en el Tour de Francia.

Lo que hace poco más de diez años se gestó como una idea atrevida que fuera capaz de romper con el pasado y dotar de una personalidad propia a una carrera ciclista que nunca acababa de encontrar una identidad propia, ha acabado por convertirse en un símbolo reconocido, respetado y soñado por los mejores ciclistas del mundo. Custo Dalmau nunca había diseñado una prenda de carácter deportivo y aunque en la celebración de este aniversario su nombre ha pasado un tanto desapercibido, su idea inicial seguirá perdurando en el tiempo.

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