Un tipo que con 22 años es segundo en una Gran Vuelta lleva por dentro un ciclista de los buenos. Lo mires por donde lo mires. Aquella efervescente irrupción fue poco a poco viéndose diluida ante la presión de ser señalado como el gran referente del ciclismo español en carreras de tres semanas y heredero de un trono del que abdicó un tal Alberto Contador. Y aunque en el fondo claro que lo era, quizá el error era ese. Imaginar a Enric como el corredor que cada uno añora en su recuerdo y no como el que realmente es. Pensar que iba a ser ya y ahora. Y al ver que no, no ser conscientes de que igual su momento todavía estaba -o está- por llegar.
Y ese momento -ojalá- bien puede ser este. No sin antes recordar que estamos ante un corredor que en su primera temporada de capitán de ruta viene de hacer top-5 en Tour y Vuelta y, en la presente, un sexto puesto en una ronda francesa en la que el último día, en el último baile en la montaña, ahí estaba compartiendo corral con los gallos. Es decir, con más o menos brillo pero siempre con los mejores. Aunque lo cierto es que mirar de tú a tú a Roglic en una Grande son palabras mayores. Subir al último escalón. Hablamos del que, haciendo la trampa de considerar a Pogacar fuera de catálogo, es el mejor vueltómano del mundo. Un devorador que en una semana ya les mete 1’21’’ a Superman López, 1’52’’ a Egan Bernal o 2’07’’ a Adam Yates. Y ahí está Enric. Porque si no estuviese él, ya podríamos empezar a decir que esta Vuelta empezaba a estar entre encarrilada y sentenciada.
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¿Puede ganar La Vuelta?

Mas llega al primer día de descanso cargado de moral y confianza. Porque todo lo que le pedíamos, yo el primero, se lo está tomando al pie de la letra y las sensaciones en la primera semana son inmejorables. En el prólogo inicial por fin recordó al ciclista que hacía grandes cronos con Deceuninck, en la primera llegada en alto picó tiempo a todos los favoritos, en un final poco propicio para él como el de la Cullera aguantó con los más fuertes hasta los últimos metros y en el primer gran día de alta montaña dio un golpe sobre la mesa en la general. Fue Enric el que en Velefique después de salir al paso del ataque de Adam Yates se llevó con él a Roglic sin mirar atrás. Incluso llegó a dar la sensación de que el esloveno iba apretando los dientes. Valiente y ambicioso. Con las piernas de la edición de 2018. Que, teniéndolas o no, no las había vuelto a mostrar hasta ahora. Luego pasará lo que tenga que pasar, pero este lunes, primer día de descanso, a la pregunta de si puede ganar La Vuelta, yo digo sí. Y motivos hay para creer en ello.

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Mucha y dura montaña

Si hay un lugar en el que Roglic se ha podido mostrar vulnerable en su reciente tiranía en España es en la alta montaña. En su primera conquista fue un desconocido Pogacar el que dominó en los altos vuelos y en su segunda coronación, el año pasado, fue Carapaz el que puso al esloveno contra las cuerdas. Primero en Formigal y por último en La Covatilla, donde salvó el triunfo final por 24 segundos. En este punto, Enric Mas debe aprovechar el día libre para marcar en rojo en su calendario tres etapas y tres ‘puertacos’: Villuercas, Lagos de Covadonga y, en especial, Gamoniteiru. Tres ascensiones que invitan a la épica del ciclismo de antaño, el de las grandes diferencias, y en las que sus paredes casan mucho mejor con las características del mallorquín. Del temido y ansiado Gaminoteiru, en la 18ª etapa, Enric deberá salir con al menos un minuto de ventaja para llegar vivo y con opciones a la contrarreloj del último día en Santiago de Compostela.

14ª etapa | Perfil y recorrido: Don Benito-Pico Villuercas

17ª etapa | Perfil y recorrido: Unquera-Lagos de Covadonga

18ª etapa | Perfil y recorrido: Salas-Altu d’El Gamoniteiru

El mejor Movistar

Lejos de la tensión que refleja ‘El día menos pensado’ en las dos últimas temporadas, algo parece estar cambiando en el conjunto telefónico. Esas dudas y ese correr a ver lo que pasaba parece haber desaparecido. Antes de la desgraciada caída de Valverde, dejando también su firma en los días de posibles abanicos, fueron los protagonistas del primer gran movimiento estratégico de la carrera en el Collao. Fue iniciado por José Joaquín Rojas y continuado por el propio Alejandro, quien puso los nervios en el cuerpo a todos los favoritos. La del Bala, eso sí, es una baja más sensible imposible por todo lo que es y significa para el grupo, el hermano mayor de los chavales. La respuesta al golpe la dio en primera persona Carlos Verona, que se quedó a las puertas de un antológico triunfo en el Balcón de Alicante. El madrileño ha mutado en los últimos años a ‘supergregario’ en la alta montaña y puede ser clave para que Enric camine un poco más. Como Superman López, que pese a su vitola de ‘capo’ y ser tercero en la general, demostró en Velefique que no se le caen los anillos para cerrar huecos y ayudar al que, ahora sí, la carretera ha dictado como líder.

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Alianza con Ineos y Bahrain

El tren de Ineos parece el equipo más fuerte de la carrera en lo táctico. Su líder, Egan Bernal, no ha respondido como se esperaba en los primeros exámenes y el tiempo perdido les obligará a dinamitar la carrera desde lejos. A Adam Yates lo han mandado levantar el pie del acelerador, pero da la sensación de tener el gas para estar con Enric y Primoz. Y Richard Carapaz, con nada que perder y sin ser una amenaza en la clasificación es la baza perfecta para hacerlo saltar todo por los aires. También Bahrain promete guerra con un Jack Haig con argumentos sólidos para meter mano en la general, con un Damiano Caruso que ya hemos visto cómo se las gasta y con un, cómo no, Mikel Landa que, a pesar de haber hecho claudicar todas sus opciones, estoy totalmente convencido de que no ha dicho su última palabra en la carrera. Todos contra Roglic. Porque cuando todos estos petardos se enciendan, todos los focos apuntaran al esloveno y no al español.
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Enric Mas: "Me siento al mismo nivel que Roglic"

Nadie dice que vaya a ser fácil, sino todo lo contrario. Pero ya no es el imposible que se antojaba el sábado en el inicio en Burgos. Enric Mas tiene la certeza de que puede hacerlo y de que su momento puede estar ante nuestros ojos. La demostración de que la ambición da sus frutos y que el ciclismo siempre apremia al valiente. Y la creencia de que está igual de fuerte que el más fuerte, que no es un cualquiera precisamente. Porque también es cuestión de creérselo y ahora sí parece que se le ha metido en la cabeza. Luego ganará o no, aquí no hay nada absoluto, pero este es el ciclista que queremos ver y que nos apasiona. El que nos hace soñar con que puede ganar una Gran Vuelta. Al que lo logre o no, no le podremos reprochar nada. Actitud y aptitud de corredor grande, pues tocará pensar en grande. A por todas, Enric.
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