Imposible no ser de Roglic porque cada vez que se pone un dorsal es para ganar. Da igual el perfil, el recorrido o el valor de la carrera. No importa cómo y cuánto de fuertes sean los rivales. Da lo mismo lo que haya pasado antes o lo que venga después. El esloveno es de los que sale a por la victoria todas y cada una de las veces que se sube a una bicicleta. Un auténtico caníbal sobre dos ruedas. La forma insaciable de entender su nueva vida. Y digo nueva, porque hasta hace relativamente poco estaba todavía dando saltos de esquí. En una vuelta por etapas, en una Clásica de un día o en un campeonato contra el crono. Así que en su palmarés reluce del mismo modo la Vuelta a España, una Lieja-Bastoña-Lieja o un oro olímpico en contrarreloj. Triunfos de todos los colores y sabores. Primoz Roglic y de segundo apellido, ganador.

Roglic agranda su leyenda en los Lagos

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09/09/2021 A LAS 09:00
Imposible no ser de Roglic porque se levanta de cada golpe como un campeón. En 2019 fue en el Giro, cuando llegó a la tercera semana con la carrera en el bolsillo y entre las caídas y un desfallecimiento en la montaña perdió la maglia rosa. Su respuesta fue ganar la Vuelta a España tres meses después. Aunque quizá ninguna derrota vuelva a ser tan dolorosa como la del Tour 2020 en La Planche. Pogacar le dio la vuelta el último día a minuto y medio y le despertó del sueño de vestir de amarillo en París. Lejos de esconderse entre montañas eslovenas, Roglic se levantó ganando en Lieja su primer Monumento y en Madrid su segunda Gran Vuelta. Un sueño, el de los Campos Elíseos, que se vio truncado también esta temporada al verse obligado a abandonar en el Tour tras una dura caída en la primera semana. El campeón esloveno, nunca mejor aplicado, se curó de las heridas colgándose el oro olímpico en la contrarreloj de Tokio y alargando su reinado en La Vuelta.

Ciclismo | Roglic cura sus heridas con una exhibición de oro

Imposible no ser de Roglic porque dignifica como nadie la Vuelta a España. Su idilio con nuestro país es único. Como si de amor a primera vista se tratara, se encaprichó de nuestra tierra patria en su primera vez en 2019 y desde entonces no ha dejado ni de venir ni de ganar. Tres de tres y nueve victorias de etapa para erigirse como uno de los más grandes de la historia de la ronda española. Igualando a Alberto Contador y a Tony Rominger y acechando ya los cuatro triunfos finales de Roberto Heras. Además, se ha convertido en el segundo corredor de todos los tiempos en ganar la misma Gran Vuelta de forma consecutiva en sus tres primeras participaciones. El otro fue un tal Eddy Merckx en el Tour. Que el esloveno, uno de los ciclistas más mediáticos del mundo, venga a La Vuelta a exhibir su infinita grandeza da a la carrera un valor incalculable.

Roglic, tres de tres: La historia de su idilio con La Vuelta

Imposible no ser de Roglic porque tiene un carisma y una personalidad que hacen afición. Nunca un mal gesto. Nunca una mala palabra. Siempre con una sonrisa en la boca. Cuando gana y también cuando no, que es más importante. La tarde que entró triunfal en los Lagos o el día que se cayó en el descenso de Almáchar. Atendiendo a los fans en cada salida y a los medios en el final de cada etapa. Que el ejemplo, que no valga de eso precisamente, del abandono de Miguel Ángel López hace aún más grande la actitud de Primoz. Ni rastro queda ya de aquellos haters, porque les ha tenido, que tantas veces la catalogaban de ‘pancartero’. Quién nos iba a decir a nosotros que nos iba a alegrar tanto la victoria de un esloveno en nuestra Vuelta. Con sus “vamos a la playa” tras ganar en la pared de Valdepeñas de Jaén o con sus “Cerveza, dos más aquí” después de darse de palos durante 100 kilómetros con el resto de favoritos en la emboscada de Mos. Un crack en todos los sentidos.

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Imposible no ser de Roglic porque simple y llanamente lleva tres años siendo el mejor ciclista del mundo. En ese tiempo, nadie ha ganado tanto y de tanta calidad en el pelotón. 12 etapas en Grandes Vueltas, podio en el Giro y Tour y tres Vueltas a España, Lieja, oro olímpico y plata en el Mundial de contrarreloj, campeón nacional en ruta y contra el crono, Itzulia, Tirreno Adriático, UAE Tour, Tour de Romandía… como si nada. Roglic ha ido poco a poco ganándose también el corazón de cada aficionado con sus victorias, su manera de encajar las derrotas, su humanidad para sobrevivir entre un ciclismo cada vez más de estrellas y su forma de honrar a un deporte tan señorial. Por resultados ya podemos empezar a hablar de él como uno de los mejores vueltómanos del último siglo. Sólo su compatriota Pogacar ha podido frenar en cierto modo su canibalismo. Y que queréis que os diga, pero yo ya tengo decidido que en el próximo Tour de Francia voy con Primoz.

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