Madrid, 18 oct (EFE).- El noruego Lucas Braathen protagonizó la gran sorpresa del fin de semana al convertirse este domingo en el primer líder de la Copa del Mundo de esquí alpino. Nacido hace 20 años en Hokksund, el nórdico ganó el gigante de Sölden (Austria), que abrió la competición masculina del deporte rey invernal.

Braathen, hijo de brasileña, 'pinchó' literalmente la burbuja de Sölden. Donde, un día después de que las mujeres inaugurasen la Copa del Mundo, los chicos disputaron su primera carrera sin público en toda la historia del torneo. Resuelta a favor del noruego, triunfal por delante de los suizos Marc Odermatt y Gino Caviezel: el hermano menor de Mauro; que, al igual que el ganador, también subió por primera vez al cajón de una prueba de la competición de la regularidad en Sölden.

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Nadie en su sano juicio hubiese apostado por este podio, sólo 24 horas después de que la italiana Marta Bassino se convirtiera en la primera líder al ganar el gigante femenino. En el que relegó al segundo puesto a su compatriota Federica Brignone, última ganadora de la general y que defiende título en la Copa de la disciplina; con un resultado bastante más lógico, en una prueba en la que la eslovaca Petra Vlhova acabó tercera.

Esta vez con sol y no con el cielo encapotado, como el sábado, Braathen celebró a lo grande su puesta de largo. Con una victoria que forjó, sobre todo, gracias al segundo tiempo que marcó en la segunda manga, en la que mejoró cuatro posiciones el ya de por sí sorprendente quinto puesto que había logrado en la primera.

El esloveno Zan Kranjec -séptimo, al final-, abrió pista y marcó la que parecía la referencia buena de la primera manga. Poco antes de que, con el dorsal 3, quedase fuera de competición, tras salirse en la parte alta del recorrido, el noruego Aleksander Aamodt Kilde, ganador de la general en el 'Año I' tras la retirada del austriaco Marcel Hirscher. Vencedor ocho veces seguidas de la Copa del Mundo: los ocho años previos.

Kranjec le había 'metido' cuatro centésimas a otro noruego, Henrik Kristoffersen; y nueve al francés Alexis Pinturault (segundo en la general los dos cursos pasados) hasta que bajó y tomó el liderato Gino Caviezel. Que, a pesar de contar 28 años y a diferencia de su hermano Mauro -de 32 y que lo había hecho en diez ocasiones-, nunca había pisado un podio de la Copa del Mundo.

Caviezel dominó la primera manga con seis centésimas sobre Kranjec y diez sobre Kristoffersen -último ganador de la Bola de Cristal de la disciplina-, con Pinturault en la cuarta plaza provisional, a 15 del helvético.

Es decir, que la segunda manga prometía, con los cuatro primeros en sólo décima y media de segundo; y con la emoción de ver si Caviezel resistiría el contraataque de sus tres predecesores en la clasificación parcial.

Sin embargo, fue el quinto clasificado provisional, Braathen, el que acabó totalmente enajenado, sin creerse lo que acababa de suceder; cuando festejó su primer triunfo en Copa del Mundo.

Después de que el gran Ted Ligety -doble oro olímpico y con cinco títulos mundiales para Estados Unidos, que había logrado cuatro de sus 25 victorias en Copa del Mundo (24 de ellas en gigante) en Sölden- se saliese de pista en la segunda manga, tras haber sido décimo en la primera, llegó la hora de la verdad.

Y la verdad fue que, después de que otro noruego más, Leif Kristian Nestvold-Haugen ratificase en la segunda su octava plaza de la primera manga, Odermatt, de 23 años -que se lo 'comió' todo en su etapa júnior- y que contaba una victoria en Copa del Mundo, acabó firmando su quinto podio en la competición. Gracias al mejor parcial en la bajada decisiva.

En la que nadie mejoró su tiempo global, salvo Braathen. Que combinó sangre fría con ritmo de samba para festejar victoria, por sólo cinco centésimas.

Caviezel, que también hubiese sido sorprendente ganador, se conformó con la tercera plaza: canjeable asimismo por su primer podio en la competición. Que salvó por sólo tres centésimas ante Pinturault, ganador en 2016 y el año pasado. Que este domingo no pudo firmar su tercera victoria en Sölden; y se tuvo que conformar con el cuarto puesto.

Kristoffersen, que al igual que Pinturault desaprovechó la pasada temporada la posibilidad de suceder en el historial al irrepetible Hirscher, tampoco anduvo fino y se marchó del bello Tirol con la quinta plaza -a medio segundo de Braathen-, que compartió con Loic Meillard: tercer suizo entre los primeros seis.

En una prueba en la que Austria, la gran potencia histórica -que el curso pasado dejó de ganar, por primera vez en 31 años, la Copa de las Naciones- completó un fin de semana para el olvido. En casa. Aunque no hay mal que por bien no venga: al menos lo hizo sin público.

Si el sábado no pasó del decimoquinto puesto con Katharina Truppe, este domingo la afición local se tuvo que conformar con ver por televisión el decimoséptimo de Stefan Brennsteiner como el mejor puesto de entre los suyos.

Braathen llegará líder, dentro de un mes, a la siguiente prueba -también en Austria: el gigante paralelo de Zürs/Lech (Vorarlberg)- de una temporada en la que, por culpa de la pandemia, se cancelaron todas las pruebas que habitualmente se disputan entre noviembre y diciembre en Norteamérica.

Adrian R. Huber

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