Sao Paulo, 28 ene (EFE).- Con menos de tres meses en Brasil, el portugués Abel Ferreira afrontará este sábado el hasta ahora mayor desafío de su corta trayectoria como entrenador. Tras eliminar al River Plate argentino, dirigirá al Palmeiras frente al Santos en la final de la Copa Libertadores.
Ferreira, de 42 años, es una de las principales revelaciones de la actual generación de jóvenes entrenadores europeos, y este sábado tendrá la oportunidad de conquistar en el estadio Maracaná su primer título importante desde el banquillo un año después de que lo hiciera con Flamengo su compatriota Jorge Jesus.
Llegó en noviembre al Palmeiras en sustitución Vanderlei Luxemburgo, exseleccionador brasileño y extécnico del Real Madrid, y en solo tres meses ha transformado la dinámica del conjunto paulista hasta llevarlo a las finales de la Libertadores y de la Copa do Brasil, que disputará en febrero ante el Gremio.
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Para la primera decisión, Ferreira prometió mantener su habitual estrategia: emplear fuerza máxima, con el psicológico de los jugadores fortalecido y bajo la premisa "ganar o ganar".
"Las reglas del juego son claras: o se gana o se gana. No vine aquí de vacaciones. Vine aquí para trabajar y ganar con el club", anunció en su primera rueda de prensa a principios de noviembre.
Ferreira comenzó su discreta carrera como futbolista en 1997 como defensa del Penafiel y la terminó en 2011, antes de cumplir los 30 años, en el Sporting de Lisboa, el mismo club en cuyas categorías inferiores inició su andadura como entrenador.
En 2017, pasó al banquillo de Braga y dos años después firmó con el PAOK griego, al que abandonó a finales del año pasado para emprender su aventura en Brasil.
En más de una ocasión, el entrenador afirmó que se define como una persona de convicciones a la que le gusta seguir sus instintos.
Sin embargo, pese a las resultados conseguidas en su breve era en Palmeiras, además del cupo para las dos finales, Ferreira admite que tiene un largo camino por delante.
Para conservar el alto rendimiento de su plantilla, bastante desgastada debido a la alta secuencia de partidos, el portugués apuesta por la recuperación psicológica de los jugadores, que considera tan importante como la física.
"Tenemos que preguntarnos qué nos trajo hasta aquí. Necesitamos continuar haciendo las mismas cosas y la misma rutina. Tenemos que redoblar el foco y la concentración, dejar de lado todo lo que pasa alrededor y centrarnos en el trabajo", dijo esta semana.
Agregó que, cuando llegó al Palmeiras, no prometió "títulos", sino "un trabajo calificado y una mentalidad vencedora".
"Es con eso que me comprometo ante mis jugadores y es eso que vamos a hacer, sea donde sea o contra quien sea", enfatizó.
Su premisa es aprender de experiencias pasadas, dedicar 24 horas para digerir una derrota o celebrar una victoria y, después, volcar todos los esfuerzos hacia los siguientes encuentros del calendario.
Además de un cuidado redoblado con el emocional de sus jugadores, Ferreira también dedica especial atención a los más jóvenes.
Con un estilo más abierto, aunque sin jamás olvidar el rigor defensivo, el entrenador luso impone desafíos permanentemente a su equipo. Y precisamente por ello consiguió récords de puntos y goles cuando estaba al frente del Braga, una proeza que confía en repetir con Palmeiras.
"La única manera de ganar experiencia es así: viviendo y pasando por situaciones como esa", dijo Ferreira tras eliminar al River Plate y asegurar el pase para la final de la Libertadores.
Nayara Batschke
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