El caos que envuelve al Fútbol Club Barcelona en los últimos tiempos, sumado al discurso cambiante de Setién y su alter ego Eder Sarabia, han terminado por humanizar a Lionel Andrés Messi Cuccittini. Leo se ha convertido en un jugador que ha perdido la sonrisa, un futbolista cuyo lenguaje corporal delata su hastío, un genio que cada vez frota menos la lámpara.

El grado de depedencia del Barça con Messi ha ido aumentando a medida que la plantilla se descapitalizaba. Se fueron Xavi e Iniesta y llegaron Arthur y Dembelé. El escenario de Messi en el Camp Nou ha cambiado hasta llegar a uno similar al que le atormenta cada vez que se enfunda la albiceleste. Rodeado de compañeros estáticos, expectantes, pasivos.. Todos esperan a que Messi resuelva el partido sacándose un disparo letal en una falta, a que se invente una asistencia inverosímil o que inicie un slalom maradoniano que le lleve hasta la red.

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Messi está huérfano en Argentina. Nadie ha sabido entenderle o ha querido implicarse en la quimérica tarea de ayudarle a ahuyentar al fantasma del Pelusa ganando un Mundial. El Barça, como Argentina, lleva años vulgarizando su fútbol. Un equipo que ha pasado del hambre de la recuperación tras pérdida con Guardiola a este fútbol funcionarial con el balón en los pies con Setién. Messi solo detecta dos socios en el horizonte cuando levanta la cabeza: el insaciable Luis Suárez y el diagonal Jordi Alba. El resto trota a su alrededor.

Recuerdo cómo vivimos la Copa América de 2011 en Argentina. Sergio Batista afirmó en la rueda de prensa inicial del torneo que iban a jugar "como el Barcelona" para que Leo se sintiese cómodo. Lo decía completamente en serio, o al menos lo intentaba, mientras perpetraba un trivote con Cambiasso, Banega y Macherano. Messi terminó desesperado y eliminado en cuartos ante la áspera Uruguay de su amigo Suárez después de empatar con Bolivia y Colombia y ganar a Costa Rica en el grupo.

Messi habla poco, pero dice mucho. Esta temporada, cansado del mal juego del equipo, levantó la voz: "Jugando así será difícil pelear por la Champions". Fue un aviso para técnicos, entrenadores y afición. Él solo no puede con todo. Y para muestra un dato: desde que se fue Xavi, el Barça no ha ganado ninguna Champions. Días después Setién contradecía públicamente al argentino sin haber hablado antes con él en privado. Aquel día Leo le puso la cruz al cántabro. Hoy Messi vive una pesadilla en este Barça con un entrenador en el que no cree, un asistente que le incomoda y un presidente cuyos fichajes no le convencen. Han argentinizado al Messi azulgrana que hoy se parece más al Messi de la albiceleste. Y Setién a Batista...

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