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Blog De la Calle: El Clásico impensable

Blog De la Calle: El Clásico impensable

El 03/12/2018 a las 12:22Actualizado El 03/12/2018 a las 12:40

Aquel 26 de junio de 2011 la barra de River convirtió Buenos Aires en una zona bélica. Ahora llega a Madrid un Boca-River por encima de nuestras posibilidades.

Fui testigo directo del descenso de River Plate a la B en el estadio de Monumental de Buenos Aires. Fue el domingo 26 de junio de 2011. Lo viví junto a mi añorado Jorge Topo López. Nunca olvidaré lo vivido allí aquella tarde ni por la trascendencia deportiva ni por el dantesco espectáculo que ocurrió luego. River llegaba de perder 2-0 en el partido de ida de la promoción con Belgrano. Aquel domingo había mucha policía en los alrededores de Monumental para aquel partido de vuelta.

Todo arrancó bien, con un gol de Pavone a los cinco minutos que disparaba las expectativas del público que llenó el coliseo de River. Pero el juego del equipo era plomizo, la responsabilidad pesaba demasiado a los jugadores y a los 16 minutos de la segunda parte Belgrano empataba con un gol de Farré. A falta de veinte minutos para el final Pavone falló un penalti y entonces comenzó a peligrar el desenlace del partido ante un ambiente muy caldeado. Restaba un minuto cuando Pezotta, el colegiado, decretó el final del partido argumentando "falta de garantías para mantener la seguridad de los jugadores". Llovía todo desde las gradas, donde se podían ver escenas delirantes. La carga de la policía contra la barra de Los Borrachos del Tablón terminó con un policía lanzado desde la grada alta hacia abajo. Los padres huían aterrorizados del campo con sus hijos. Los jugadores lloraban el descenso en el césped hasta que todo se desmadró.

Los radicales abandonaron el fondo e invadieron el resto de gradas del Monumental. Asaltaron la tribuna de prensa en la que nos encontrábamos los periodistas, y nos evacuaron a la zona de vestuarios. Allí, los jugadores, atrincherados como si se tratase de un búnker y rodeados por un fuerte dispositivo policial, soportaron durante horas ante las amenazas de los hinchas. Recuerdo que Almeyda quería salir a hablar con los dirigentes de la barra, pero los cargos policiales trataban de convencerle para que no lo hiciera. No atendían a razones "porque eran culpables de manchar 102 años de historia".

Hubo carreras, armas blancas y algunos disparos. Recuerdo una fotografía de mi compañero Amilcar Orfali, que tuvo los reflejos y la sangre fría para sacar la cámara y fotografiar a un barra brava que sacó un machete para amenazarle durante las carreras vestuario arriba, vestuario abajo. Una fotografía que terminó ilustrando en la portada de su diario. Si dentro los gritos y las carreras de periodistas y radicales eran caóticas, afuera, en la calle, el ambiente era apocalíptico.

Disturbios como no se han visto nunca en España en un partido de fútbol. La barra brava tendía emboscadas a la policía y cargaba con violencia contra todo lo que se encontraba en su camino para mostrar su furia por el descenso del equipo. Recuerdo bajar andando con Topo por la Avenida del Libertador, entre Montañeses y Monroe, y toparnos con un escenario digno de una guerra. Coches quemados, cristales reventados, negocios saqueados, locales incendiados, pintadas por todos lados, señales de tráfico arrancadas, cócteles molotov, semáforos arrancados y cruzados en medio de la calzada... Más de 60 locales fueron destrozados y 150 vehículos particulares quemados.

En lo humano las cifras también asustaban. 90 heridos, de los que 35 fueron policías, en la batalla campal que libraron los miembros de la barra y las fuerzas del orden al final del partido. Y apenas 50 detenidos para unos incidentes que dejaron daños por valor de casi cinco millones de pesos argentinos. Las imágenes, dantescas, mostraban el lado más salvaje del fútbol. Un lado que en España no conocemos.

Recuerdo una reflexión del Topo mientras abandonábamos aquella tarde los alrededores del Monumental: "Esto no tiene que ver con el fútbol. Son bandas de criminales que manejan el fútbol argentino atemorizando a los clubes. Ahora entenderás por qué no vienen los aficionados visitantes a los campos. Un River-Boca con las dos aficiones en el estadio sería impensable. No solo por el choque de las dos barras, que sería peligrosísimo, sino porque en todos los partidos pierde uno de los dos. Y ya has visto cómo encajan la derrota los radicales. No quiero ni pensar qué ocurriría". Nadie conocía mejor las entrañas del fútbol argentino que el Topo.

Horas después cené con otro periodista y amigo, Arturo Lezcano, que por entonces dirigía una productora en la capital argentina. Arturo fue muy gráfico al describir lo vivido: "Ha sido una locura. No se puede contar". Cené con él y con seguidores de River llegados de Monumental. Los semblantes eran serios por el descenso y por todo lo vivido en aquella fría tarde de junio en la que la mitad de Buenos Aires celebró el descenso de River a la B. Ese partido "impensable" que decía Topo se va a jugar. Será en Madrid, y en medio de un puente navideño con la capital llena de visitantes. Un partido por encima de nuestras posibilidades. Que no pase nada...

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