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Blog De la Calle: Griezmanneando

Blog De la Calle: Griezmanneando

El 16/05/2019 a las 19:18Actualizado El 16/05/2019 a las 19:23

Se confirma. El francés le pone los cuernos al Atlético después de meses buscando calor en su cama mientras coqueteaba con el Barça y filtreaba con el PSG.

Hay algo que chirria alrededor de Griezmann. La pantomima aquella que le produjo Piqué, ese estudiado exhibicionismo de sus redes sociales, sus enigmáticas apariciones en los programas de fútbol en Francia... Griezmann lleva demasiado tiempo jugando con los sentimientos de una de las aficiones más emotivas y leales del fútbol español, la del Atlético. Pero la decisión ya está tomada. Se va, en realidad lleva tiempo marchándose. Nunca ha sido claro, nunca mostró categóricamente su compromiso fuera del césped con el club con ese calculado gesto de ambigüedad que ha terminado por molestar incluso a compañeros de vestuario. Demasiados meses griezmanneando...

Al francés no se le puede achacar futbolísticamente nada en el Atlético. Ha derramado litros de talento con la rojiblanca puesta. Ha regado el césped del Calderón y del Metropolitano con el sudor de su compromiso. Era el primer defensor y el último atacante. Iba y venía. Siempre estaba. Goles, asistencias, mando, galones, pierna dura... Lo que hiciera falta. Un futbolista total que ha crecido exponencialmente a las órdenes de Simeone. Quizás no sea el estandarte de los valores intrínsecos del cholismo, pero Griezmann se ha uruguayizado hasta volverse canchero cuando los partidos lo necesitaban, tribunero cuando la situación lo exigía y competitivo siempre. Pero hay algo que le diferencia de Godín. La autenticidad. El charrúa es lealtad, el francés, impostura.

El delantero le pone los cuernos al Atlético después de meses buscando calor en su cama mientras coqueteaba con el Barça y filtreaba con el PSG. Y ahora además pretende salir amistosamente y seguro que le propondrá incluso "llamarnos de vez en cuando". Pero las grandes historias de amor acaban doliendo, regando de vinagre las heridas O si no, no son tal. Y este tibio divorcio que propone Griezmann al Atlético no es digno de una canción de Sabina. Si acaso dará para una de Café Quijano. Porque perdida la magia inicial y anestesiada la química, Griezmann se muda dejando la impronta de haber sido mejor jugador que atlético. Un año de fuego, 30 de tierra quemada.

El Principito podría acabar en el Barça, donde muchos entenderán que jugó con ellos el verano para subirse el sueldo en el Atlético hasta esos insostenibles 23 millones anuales y dejarse abierta una puerta en forma de cláusula para acabar en el Camp Nou cobrando el doble de lo que iba a cobrar hace dos meses. Circula además por ahí un corte de voz del propio Griezmann afirmando que es madridista que tampoco hará gracia en Can Barça. Uno diría que es un pecado de juventud, si no fuera porque Griezmann sufre un acusado síndrome de Peter Pan que le impide madurar. Será una más de la lista, como lo son Agüero, Falcao, Manduzkic o Gameiro.

Amortizado Griezmann, el asunto se complica con la estampida del vestuario rojiblanco. Porque Godín se va al Inter empujado por la mezquindad de la directiva rojiblanca, Rodrigo parece que huye al City y Lucas se muda al Bayern. Del Manzanares a la aristocracia europea. Equipos que han mostrado por estos jugadores más interés y cariño que los dirigentes y en algún caso el técnico atlético. Lucas se va, a Godín 'lo van' y Rodri se cansó de su intermitencia. Les sobran los motivos. Y sin embargo...

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