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Blog De la Calle: Rusia y la erótica de Pasolini

Blog De la Calle: Rusia y la erótica de Pasolini

El 14/06/2018 a las 18:58Actualizado El 14/06/2018 a las 19:20

El escritor diferenciaba entre el fútbol prosaico de los europeos y el poético de los latinoamericanos. Cheryshev fue lo más sexy del Rusia-Arabia Saudí (5-0).

Pier Paolo Pasolini, hincha furibundo del Bolonia, sostenía que “hay dos tipos de fútbol, el prosaico y el poético. Los equipos europeos son prosa, premeditación, sistematicidad, colectivismo. Latinoamérica es poesía, ductibilidad, espontaneidad, individualismo, erótica…”. En esta radiografía, que data de los 60, el fútbol del desierto apenas se asomaba a los Mundiales.

El partido inaugural de Rusia emparejaba en el majestuoso Luznikhy a dos naciones sin ninguna erótica futbolística. En la ceremonia de apertura destacó la presencia del incorregible Robbie Williams, el Cantona del pop. Interpretó un popurri de éxitos con olor a naftalina en un entorno kistch, con ese tufillo bizarro de la modernez cargada de impostura que se esfuerza por imponer la nueva Rusia. Putin, vigilante en la grada, fue testigo de la peineta que Williams dedicó a los billones de telespectadores. Estaba incluida en la factura. Lo que vino después solo puede justificarse por el poderío del gas y del petróleo. Infantino sonreía sentado entre un jeque y Putin. Business. Rusia y Arabia Saudí, dos equipos prosaicos sin ninguna capacidad de seducción, inauguraban el Mundial.

Sin embargo, Rusia (o la Unión Soviética), a caballo entre la predecible Europa y la enigmática Asia, siempre ha dispuesto de jugadores con esa erótica latinoamericana tan admirada por Pasolini. Mostovoi, Arshavin, Blokhin, Zavarov… Una estirpe que en la Rusia actual apenas tiene continuación. El único jugador sexy es Dzagoev. O mejor dicho, era. Porque se le acabó el Mundial a los 23 minutos con un latigazo muscular de mal arreglo. Por él ingresó en el campo Cheryshev, al que recuerdan aún con guasa en Cádiz. Para entonces Rusia ya ganaba a los anárquicos saudíes gracias a su corpulencia, de la que sacaron ventaja en el primer gol por medio de un testarazo de Gazinsky. Los saudíes proponían ese fútbol asociativo cuyo apóstol en el Golfo Pérsico es Xavi Hernández. Pero su inocencia en la salida del balón, con pérdidas en zonas muy comprometidas, les condenaba. Por no hablar de alejar al delantero 80 metros de sus centrales.

El partido caminaba entre bostezos cuando se produjo un lance que justificó el encuentro, un leve detalle que pagó la entrada. Una caricia. Una pelota perdida en campo saudí permitió un deslabazado ataque ruso en el que la pelota le llegó muy exigida a Cheryshev. Recibía un pase muy apurado para disparar, con dos defensas que acudían como chacales deslizándose por el césped. Y entonces el jugador del Villarreal decidió para el tiempo. Metió el pie debajo del balón, elevándolo sutilmente y haciendo desaparecer a los dos zagueros saudíes, como por arte de magia, para descerrajar una décima de segundo más tarde al meta rival por la escuadra en su salida.

Una hora después, cuando el encuentro echaba el telón, el propio Cheryshev recogió un balón suelto al borde del área. La pelota le quedó franca, botando, y el hispano-ruso la acarició de nuevo con el exterior del pie para superar por la escuadra al portero saudí. Más poesía para un duelo tedioso que coronó en el descuento Golovin con otro pellizco tras clavar en la red una falta lanzada por fuera de la barrera (5-0). Parece que aún queda algo de sensualidad en esta soviética Rusia de hormigón que alinea tallos en las áreas.

Pasolini, que durante sus años de profesor en Ciampino sacaba de las clases a sus alumnos al patio para enseñarles a pegar a la pelota, sostenía que “un partido de fútbol es como un mes de vacaciones”. Queda un mes y 63 partidos por delante. Pasolini sería feliz.

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