El Real Madrid ha ganado la Liga y lo ha hecho después de que Zinedine Zidane lo haya convertido en un equipo de autor. El francés ha sido capaz de desfigurar a su equipo de forma que no se identifique con la figura de un futbolista en concreto, pero sea reconocible en rasgos de muchos de sus jugadores. La elegancia goleadora de Benzema, la consistencia de Casemiro, el carisma de Sergio Ramos o la solvencia de Courtois. Un equipo poliédrico al servicio de un entrenador que ha dado una lección de estrategia y gestión de grupo en el postconfinamiento.

Lejos queda aquel Real Madrid en el que todos los jugadores levantaban la cabeza al llegar al área para buscar a Cristiano Ronaldo. Una alternativa que pasó a rutina y luego terminó por convertirse en obligación, lo que acartonó el juego del equipo, al tiempo que facilitaba a los rivales el trabajo defensivo. Todo terminaba en Cristiano, y si no ocurría así, el portugués se encargaba de reprochárselo al compañero en cuestión. Aquel Real Madrid era un equipo descompensado y asimétrico con Cristiano arrancando por la izquierda a pie cambiado para llegar lanzado al borde del área. Un rematador inigualable, cierto, pero una pieza que acaparaba el juego del equipo hasta condicionarlo.

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Y las pruebas las hemos encontrado esta segunda temporada sin el CR7. Hemos visto a Sergio Ramos asumir los lanzamientos de penaltis, e incluso de faltas, con mayor personalidad y grado de acierto que el luso. Hemos descubierto el talento goleador de Benzema ahora que se ha sentido protagonista y se ha liberado de las obligaciones de servir a Cristiano en el ataque. Hemos encontrado a un Kroos más determinado a la hora de lanzar a puerta y sumar goles. Pero por encima de todos hemos descubierto la riqueza táctica de un Zidane que ha naturalizado el sentido coral del equipo. Ha cambiado el dibujo, ha alternado en el once a los futbolistas manteniendo a todos implicados haciendo crecer enormemente al equipo en la parcela defensiva y utilizando diferentes sistemas para adaptarse a cualquier contexto de partido.

Zidane no ha elevando el tono ni ha sacado pecho. Ha pasado momentos malos, como la mala rarcha de arranque tras perder ante el PSG (3-0), Mallorca (1-0) y empatar con Atlético y Brujas. Pero Zizou supo sacarse de encima los fantasmas y reunió al grupo en torno a su idea de juego. Hoy el Real Madrid es un equipo reconocible, un equipo de buen pie, compromiso absoluto y una pegada demoledora. 21 jugadores de la primera plantilla han marcado goles esta Liga, un registro que explica a la perfección la idea de juego de Zidane. Es el equipo que más goles ha marcado desde el regreso, 17 junto al Barça y Atlético, el menos batido encajando solo tres (dos menos que los azulgrana) y el que más remata a portería contraria: 58 veces.

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A este Real Madrid coral le ha sentado bien la descristianización, pero sobre la desgalactización. El Real Madrid 2019-20 de Zidane es un equipo con más recursos, más profundo y consistente, un bloque con esa vieja impronta que siempre dejaba el conjunto blanco cuando saltaba al campo: la camiseta del Real Madrid pesa. Sabes que tarde o temprano terminarán haciendo caer los partidos de su lado. Y todo eso lo ha conseguido Zidane pese a no contar con la aportación de un Hazard que ha enlazado una lesión tras otra, y de un apático Bale que se ha pasado media Liga bostezando en la grada. Zizou es el gran triunfador de esta liga que confirma que la desgalactización del Real Madrid es un hecho. Y el equipo lo agradece.

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