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Blog Uría: Antifútbol

Blog Uría: Antifútbol

El 11/02/2018 a las 20:28Actualizado El 11/02/2018 a las 20:35

Después de un plan maestro, el modesto Getafe de Bordalás frena al todopoderoso Barça. Algunas voces se quejan: "Puro antifútbol". Pero ¿qué es el antifútbol?

Hace unas horas, el Getafe de Pepe Bordalás, un magnífico entrenador, ofreció una lección de espíritu defensivo, solidaridad y explotación de recursos humanos. Pasó la semana estudiando y trabajando métodos, zonas y armas para incomodar al fútbol de seda del Barça. Diseñó un plan maestro y contó con la extraordinaria ejecución del equipo, porque de nada sirve la idea de un míster sin el trabajo de sus jugadores. El Getafe ejecutó su idea de manera milimétrica y combatió, con éxito, a un equipo invicto e intratable. Selló la banda de Alba, vigiló a Messi, neutralizó a Busquets, contuvo a Suárez y consiguió recompensa por partida triple: limitó al todopoderoso Barça dejándole sin un solo tiro a portería en 45 minutos, inquietó en un par de ocasiones el perímetro de Ter Stegen y acabó arrancando un punto del lugar donde el resto de equipos coleccionan puntos…pero de sutura. Curiosamente, lejos de ponderar el mérito incalculable del equipo azulón, se escucharon voces críticas, acusando de resultadistas a los que vieron un trabajo bien hecho de un equipo que jugó como quería y le salió bien, como si ese equipo tuviese que pedir perdón por su propuesta. Algunos dijeron, vivir para ver, que visto el partido y el resultado, lo que hizo Bordalás fue antifútbol. Para comer cerillas.

Lejos de reconocer el buen trabajo de un equipos que escondió defectos y potenció virtudes, algunos echaron en cara a Bordalás y sus chicos que cerrasen todos los caminos a un Barça que acabó frustrado e impotente. Antifútbol, concluyeron. Si todos jugasen así, el espectáculo sería horrible, vaticinaron. Han pegado mucho, dijeron. Han perdido tiempo, exclamaron. Y el árbitro no ha descontado lo que debería, susurraron. Verán ustedes, si el antifútbol es combatir con tus armas a un equipo que cuenta con Messi, Coutinho, Busquets, Iniesta, Rakitic, Suárez o Dembelé, entre otros, concediéndoles sólo cuatro ocasiones de gol, uno se siente cercano al antifútbol. Si todos jugasen así, sostienen muchos quejosos, se acabaría el espectáculo. Cierto, pero para que todos jueguen con la alegría demandada, de igual a igual, sería más justo que todos los equipos tuviesen el mismo presupuesto o cuando menos, parecidos recursos económicos, pero eso no sucede cuando a un equipo que no pasa de los 50 millones se le pide que contenga e incluso gane a uno de 900. Y resulta que, si lo consigue, haciendo posible lo que parece imposible, ese equipo tiene que aguantar que algún iluminado les acuse de practicar el antifútbol o de favores arbitrales. Suena a pataleta del que rico que se arroga la superioridad moral sobre el juego, del que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, del tipo que protesta por tres minutos menos porque es más fácil que pensar qué ha hecho su poderoso equipo durante los otros noventa. Eso sí que es antifútbol.

Entiendo a los periodistas y aficionados que crean que, obviamente, resulta más entretenido y vistoso jugar como el Barça o el City antes que como el Atlético o el Getafe. Coincido. Eso sí, una cosa es el gusto por el estilo o la manera de jugar, subjetivo y debatible, y otra, diferente, el resultado. Eso no se debate, ni se cuestiona, porque es objetivo. Hay quien cree que Simeone debe pedir perdón por ganar 1-0 cada domingo y por cuidar cada gol como un tesoro. Hay quien no perdona a Garitano que se acule, que levante un muro y que gane con muy pocos goles, economizándolos al máximo. Hay quien desprecia a Marcelino por construir un orden defensivo de primer nivel y vivir del error ajeno. Y hay quien considera que Bordalás debe pedir perdón por trabar partidos, interrumpirlos y sacar petróleo del balón parado. Quien quiera sostener, por convicción o despecho, que Simeone, Garitano, Marcelino o Bordalás, cada uno con distintos matices y presupuestos, es el antifútbol, maravilloso y perfecto. Eso sí, con la venia, que revisen qué es disponer de las figuras nacionales y del resto del mundo, pudiendo mantener o fichar a los mejores futbolistas que el dinero pueda comprar, acumulando suplentes de 100 millones de euros, para acabar diciéndole a los rivales cómo deben jugar o culpando al árbitro de lo que ellos no han sabido o podido hacer. Eso, queridos lectores, eso sí que es el antifútbol.

Rubén Uría / Eurosport

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