Blog Uría: Rebeldes sin causa

Con tres Champions bajo el brazo, el Real Madrid trata de sobrevivir a un ataque repentino de la nueva epidemia del fútbol moderno: la rebeldía sin causa.

Eurosport

Fuente de la imagen: Eurosport

Lo que por lo visto está sucediendo en el Real Madrid es un ataque de fútbol moderno: ese en el que los actores principales quieren borrar con el codo lo que nadie les obligó a firmar con el brazo. Hoy pasa en el Madrid, pero es el pan nuestro de cada día en muchos clubes. Bien parece que un futbolista pretenda una mejora de salario si considera que la merece, pero la reivindicación pierde legitimidad si se acomete más en los diarios que en el despacho del presidente. Más si cabe en un club que pertenece a los socios y que cuenta con un garante electo que, si algo ha demostrado, con sus errores y aciertos, es que no es permeable a chantajes y pulsos mediáticos, Tachen a Florentino Pérez de lo que quieran, pero tengan meridianamente claro que para él, la institución es sagrada y no hay verso libre, se llame como se llame o tenga el valor deportivo que tenga, que esté o pueda estar por encima del club. Incluso en el contexto actual, engordado por los diferentes acontecimientos, la marcha inesperada de Zidane – con sus respectivas interpretaciones a la carta-, la fuga de Cristiano – cariños, dineros, Hacienda y brindis final con champán-, la hipotética salida de Modric – eso dicen- y ahora, la supuesta rebeldía de Mateo Kovacic, el presidente sabe que el club es de los socios, no de los jugadores, ni los agentes.
Es legítimo que los jugadores quieran ganar más dinero, que busquen nuevos retos deportivos, que se sientan poco relevantes o que, simplemente, impulsados por los afectos o por algún episodio familiar concreto, tengan la necesidad de cambiar de caballo en mitad del río. Es la vida. Es el fútbol. Pero existe otra realidad, la de los clubes. Un contrato liga a ambas partes, no sólo a una, y si una parte quiere romperlo, existe una cláusula y debe ser abonada. Si quien sea no es feliz en el Madrid, lo tiene sencillo: ir al despacho del presidente antes de levantar polvareda en los medios, buscar una salida amistosa, encontrar un club comprador trayendo una oferta, dejar el máximo dinero posible en sus arcas, agradecer cada minuto que pasó en un club que le cuidó y pagó por entrenar en sus instalaciones, nunca por jugar más o menos, o por ser titular o suplente. Leo en Marca que Mateo Kovacic se ha declarado en presunta rebeldía horas después de haber entrenado con el resto del grupo (sic), para acelerar su salida. Ni será el primero, ni será el último. Ahora sólo falta que los aficionados que jalean esos comportamientos tengan claro que si se festeja el fichaje de jugadores que se declaran en rebeldía, toca aguantar el chaparrón cuando surge una rebeldía en casa. Y no es un plato de gusto, la verdad.
Sea como fuere, el orden de los factores y los dineros no altera el producto. Si alguien quiere un aumento, mejor en el despacho que en la prensa. Si alguien quiere salir de un club, que lo haga trayendo una oferta y sin televisar el descontento. Y si realmente no es feliz en un club que se lo ha dado todo, mejor salir de manera amistosa que no siendo un niño caprichoso. Hace años, Steve Mc Manamann, campeón de Europa, que tenía alegre hasta el apellido- Valdano dixit-, solía decir lo siguiente: “Juego en uno de los mejores clubes del mundo, me permiten entrenar con los mejores, a veces soy titular y me pagan bastante bien por hacer lo que más me gusta. ¿Qué más puedo pedir para ser feliz?”. Es posible que la doctrina Mc Manamann haya pasado de moda, pero lo que no tiene discusión es que si un jugador del Real Madrid, por el motivo que sea, quiere irse, lo tiene muy sencillo: que pise el despacho del presidente, que se lo explique, que traiga la mejor oferta posible si no puede abonar la cláusula que firmó, que deje un buen dinero en el club y que de las gracias por haber podido entrenar con muchos grandes jugadores a los que ha tenido como compañeros, diciendo adiós con la mayor elegancia posible y cerrando la puerta al salir. Esas y no otras son las formas que se le deben exigir a un futbolista que se autodenomina profesional. Las que merece el Madrid. Las que merece cualquier club, sea el Barça, el Athletic, la Real o el Atlético de Madrid. El resto, con perdón, es literatura barata. Filfa.
Rubén Uría / Eurosport
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