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Blog Uría: Titularísimos y suplentísimos

Blog Uría: Titularísimos y suplentísimos

El 16/04/2018 a las 12:40Actualizado El 16/04/2018 a las 12:54

En el Madrid hay debate acerca de quién debe jugar y quién no. En el Barça, no. Los titulares son titularísimos. Y los suplentes, suplentísimos. Eso se paga.

No hay día, programa, tertulia o reportaje que no alimente el permanente debate sobre quién debe ser titular y sobre quién sobra en el Real Madrid. El día que las terminales mediáticas afines al equipo blanco descansan en su afán por martillean al personal con que fulano, mengano o zutano deben ser – no pueden ser, sino deben ser, ese es el matiz crucial- el próximo Balón de Oro por un par de partidos o un par de goles, vuelcan todo su empeño en cuestionar, abiertamente, qué jugador o qué futbolista debe ser titular o suplente en el equipo de Zidane. Más allá del ejercicio periodístico de moda, cabe reseñar que el patrón indica que en el Real Madrid siempre hay una competencia interna brutal. Mediática y real. Unos días se pone el grito en el cielo porque Isco no juega, otros porque Asensio debe ser titular siempre, otros porque no se entiende que Bale juegue y días después, porque no se comprende que Bale no juegue. Eso, cuando el asunto no va de si Benzema es el nueve que necesita el conjunto blanco o si no debe serlo, en bucle infinito. En resumidas cuentas, en el Madrid siempre existe debate. ¿Por qué? Fácil. La plantilla del Madrid tiene unos recursos humanos extraordinarios, el puesto se lo tienen que ganar y existe una segunda unidad – esto de la segunda unidad también es moda periodística- muy capaz. Es decir, en el Madrid existe competencia interna. Pero ¿hay debate y competencia en el Barça?

La respuesta a esa pregunta es sencilla: no. No existen medios, afines o no, al Barça, que hagan hincapié en esta cuestión, o que se rasguen las vestiduras por tal o cual decisión de Valverde, o por si zutano o mengano juegan más o menos minutos. En el Barça tienen al mejor de todos los tiempos, Messi, y el fútbol infinito de este señor lo tapa todo. Él dio tiempo a la directiva cuando se tambaleaba por su mala planificación. Él dio tiempo a Valverde para que aplicase mano izquierda cuando el Madrid le pasó por la quilla en verano. Él dio tiempo a la plantilla, superada en verano, para reaccionar cuando se presumía una pésima temporada. Messi jugó, lideró, marcó, decidió y asombró. Una vez más. Nunca una Liga tuvo la rúbrica tan decisiva de un solo jugador. Él sostuvo al Barça, lo puso en velocidad de crucero, lo alejó del Madrid, que dimitió antes de tiempo y lo encarriló en Europa, hasta que el equipo se acostumbró a vivir de manera confortable, sabiendo que, en caso de apuro, siempre tenía el ‘comodín Leo’. La pregunta era sencilla: ¿Qué sería del Barça el día que Leo no estuviese inspirado? La respuesta llegó en Roma. El Barça naufragó, no compitió y cuando quiso echar mano del comodín del diez, echándole balones rodeado de contrarios, no quedó tiempo. Culpar a Messi de la eliminación es un ejercicio de estupidez gigantesco, porque de no ser por él, el Barça no habría alcanzado esa ronda pero ¿qué tenía el Barça para agitar el partido? ¿Qué elementos tenía en el banquillo para mejorar el panorama? ¿Por qué no giró el partido con decisiones desde el banquillo? Pues porque en el Barça, los titulares son titularísimos y los suplentes, suplentísimos. Dramático en un club grande.

Un problema terrible, porque el club ha invertido 400 millones de euros en jugadores que no son titulares o que, en cualquier caso, no fomentan la competencia interna, porque no son claros aspirantes a quitar un lugar en el once a los titulares. Salvo en el caso de Umtiti – instalado en la titularidad por méritos propios- y Coutinho - que no puede jugar Champions-, ni Alcácer, ni Aleix, ni Dembélé, ni Mina, ni Paulinho, ni Deulofeu, ni ni Digne, ni Semedo son futbolistas que hayan demostrado que pueden derribar la puerta del entrenador para generar un debate sobre su capacidad, su rendimiento y aspiraciones. En el Madrid hay competencia interna y debate permanente sobre quién debe jugar. En el Barça, donde Messi es innegociable, porque es la bandera del club, no existe debate. Los suplentes, cada partido que pasa, son más suplentes. Y eso, en temporadas de calendario apretado, de cargadas de partidos y exigencia máxima, se paga. El Barça, que gobierna la Liga con puño de hierro y se diluye como un azucarillo en el café en las rampas de la Champions, necesita dar un giro a su política de fichajes. Ha gastado mucho, pero poco o nada mejora lo que había. Tres años después, en el Barça siguen llevando el peso los mismos. Y esa carga es tan pesada que, a la larga, se acaba notando. Si no hay debate sobre quién debe jugar, el equipo no evoluciona y el jugador, sea titular o suplente, pierde ambición. En el Madrid pueden jugar 23. En el Barça, no más de 13. Eso se paga. Y si no se reacciona en los despachos, se pagará aún más caro.

Rubén Uría / Eurosport

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