La Eurocopa 2016 no fue el torneo más brillante posible a pesar de su ampliación a 24 selecciones. La posibilidad de que algunas terceras de grupo pudieran superar la fase de grupos benefició a Portugal, un conjunto gris liderado sostenido siempre en el alambre por Cristiano Ronaldo hasta el día de la gran final, en la que tuvo que abandonar el terreno de juego lesionado a los 25 minutos. Es la imagen que quedó para el recuerdo de aquel partido, quizá junto al balón al poste de Gignac, pero en los anales del Campeonato Europeo de Fútbol está registrado para la posteridad que el gol que rompió el 0-0 lo anotó precisamente él. Éder, a los 109 minutos, se convirtió en un héroe improbable al que nadie, ni él mismo, esperaba ver en semejante tesitura.
El paso de Éder por la Seleção das Quinas fue discreto para un delantero, con cinco goles en 35 partidos, pero la casualidad quiso que uno de esos cinco fuera el más importante de la historia del país vecino. El ariete nacido en Guinea Bisáu pudo haber tenido más presencia en el partido, ya que Fernando Santos pensó en él para suplir a Ronaldo, pero no lo hizo hasta el minuto 79, cuando ocupó el lugar de Sanches para sumar más presencia y centímetros en los últimos metros. Tan descolocado estaba Éder tras haber batido a Lloris y darle el primer título grande a Portugal que le dio toda la importancia al ausente Ronaldo y sus gritos desde la banda durante el partido: “Nos ha dado toda su fuerza para que ganásemos”.

Portugal's forward Cristiano Ronaldo (L) and Portugal's forward Eder take a selfie as they arrive to receive their medals after the Euro 2016 final football match between Portugal and France at the Stade de France in Saint-Denis, north of Paris, on July 1

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Sus mejores números ante la portería rival los firmó en el Braga, donde sumó 34 en 85 partidos y se dio a conocer a nivel europeo, ganándose un traspaso al Swansea. Su paso por la Premier se resumió en 15 partidos, ningún gol y una cesión invernal al Lille, desde donde consiguió su ticket para la Eurocopa de Francia y el pasaporte a la eternidad. Tantas dudas había sobre su presencia en la convocatoria que hasta a Fernando Santos le sorprendieron sus palabras cuando salió a jugar en la final: “Cuando salió me dijo: ‘míster, voy a marcar’, y el patito feo marcó. Ahora es un bello cisne”.
Dos años antes, Sérgio Conceiçao lo tenía a sus órdenes en el Braga y desvelaba lo mal que lo pasaba al recibir tantas críticas por su falta de gol con Portugal: “Es víctima de la ansiedad que se vive en la selección”. Era un contexto distinto, con los lusos recientemente eliminados del Mundial de Brasil en la fase de grupos y cosechando alguna que otra derrota sonrojante, como un 0-1 en Aveiro contra Albania.
Con sus galones de goleador en una final, los últimos cuatro años de Éder han transcurrido a caballo entre Lille y Moscú. El club francés lo adquirió a título definitivo, pero su promedio de 0,25 goles por partido terminó derivando en una cesión -y otro traspaso posterior- al Lokomotiv de Moscú. En Rusia, los números de Éder no son mejores, ni mucho menos. En la actualidad luce un promedio de 0,13 goles por partido, pero sí ha encontrado la estabilidad, ya que es el club en el que más ha jugado -106 partidos- en toda su trayectoria profesional.
Yuri Semin ha sido el técnico que más cancha le ha garantizado, y Éder le correspondió como sabe, marcando el gol que decide un título. En 2018 repitió la gesta de dos años antes, y con un solitario 1-0 al Zenit le dio la tercera Premier League rusa al equipo ferroviario. Éder no es el delantero más técnico ni el más grácil, pero su carrera quedará siempre definida por estar en el lugar adecuado en momentos históricos, un oportunismo único en el fútbol.

Éder Macedo (Lokomotiv Moscú)

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Sólo el vestuario rojiblanco sabe el tiempo que Diego Simeone habrá dedicado a desentrañar el extraño caso de Éder en comparación con Lewandowski o Szoboszlai, las otras dos grandes amenazas a las que se ha medido en esta Champions. Lo que es seguro es que Oblak y compañía no se podrán despistar ante un jugador que en esta temporada ya sabe lo que es marcar en Europa. Fue de cabeza, sin buscarlo, como si el balón estuviera programado para terminar en su cabeza y de ahí llegar a la red. El Salzburgo fue víctima de ese extraño elemento llamado Éder Macedo, el encargado de alzar el telón de la Champions para el Lokomotiv.
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