Es el campeón. Así se manifiestan los acólitos del ‘Cholismo’, que escupen esta letanía como defensa personal. Y es cierto que la lista de resultados de la temporada enmudece a los críticos porque lo alcanzado, aunque sea logrado in extremis, soporta el suspenso por el pobre desarrollo de fútbol exhibido. Llegó la primera derrota de la Liga y el Atleti de Simeone se sintió impotente, para reaccionar ante un gol en contra; indolente, para crear oportunidades de gol desde la base del juego; e inerte, para provocar miedo en el adversario y forzar errores en una zaga que se sintió fornida. En Milán, en la segunda puesta en escena de Champions, el equipo no mejoró, pero venció. Otra vez al final, y de penalti, por una mano señalada y muy protestada por los italianos. El equipo madrileño disparó por primera vez entre los tres palos en el minuto 77… frente a un rival que sumaba más de una hora de tiempo con uno menos sobre el campo.
Simeone relacionó la derrota en Vitoria con el tránsito del equipo por el peor momento del curso. En la víspera del duelo con el AC Milan, la crítica del técnico se ciñó a la falta de agresividad demostrada en las áreas en algunos duelos del pasado. Y este condicionante se volvió a repetir en San Siro. Pero la clave del mal rendimiento del Atleti no la esconde el argentino: cuando el Atleti debe ser protagonista con el balón es cuando se atasca. En descargo, esto ha coincidido con la ausencia de los dos generadores de juego -Koke y Lemar-. Ante los italianos, los elegidos para iniciar la acción en la base de la jugada resultaron el capitán y Kondogbia. Malas noticias para la creación cuando manoseó más el cuero el africano que el vallecano. El Cholo volvió al sistema de cuatro defensas, pero el conjunto sigue adoleciendo de la intensidad y la agresividad necesaria que reclama el argentino. El adversario, dirigido por Brahim, se comió a los rojiblancos en la primera media hora. Sólo la expulsión desequilibró el encuentro, especialmente en el segundo tiempo cuando los italianos se cerraron con una línea de seis zagueros para proteger al portero.

ASÍ FUE EL MILAN-ATLÉTICO

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El azar del sorteo provocó el regreso, cinco años después, del Atleti a San Siro. En aquella noche negra de mayo de 2016, los penaltis alejaron al club de la anhelada primera Champions. Y esa secuencia será difícil de olvidar. Incluso, más que los errores y no levantar la copa, retumbaron las amenazantes manifestaciones de Simeone que dejaba en el aire su continuidad al frente de la nave. El estado de shock en que se quedó la afición, provocó un sentimiento de más pena por la crudeza con que se deslizaron aquellas palabras. Ese dolor se acentuó tras unas semanas que se hicieron eternas ante la falta de reacción de la dirigencia, que era incapaz de responder al envite del técnico. Las sombras y el silencio del ‘mesías’ dejaron desnortado al club, que solucionó el órdago con dinero y con un viaje urgente a Argentina con la esperanza de abortar la crisis. En Buenos Aires, los desplazados se juntaron más con la hermana del entrenador que con el propio técnico, pero la sensación de salir de aquella agonía resultó suficiente para retener a la pieza maestra del contemporáneo tablero rojiblanco.
Después de aquel episodio y de recuperar la estabilidad sujeta al entrenador, el Atleti no ha dejado de crecer. Los resultados han permitido que el club sea cada vez más atractivo y que los grandes jugadores quieran exhibirse en el Metropolitano. Por eso no es anormal que cada año la plantilla sea un punto mejor que la anterior. En este curso, tras ser campeón, la delantera se ha reforzado con dos futbolistas más, pero las crueles estadísticas, cada día más respondonas en el Fútbol, no engañan. Con el partido de Milán, los números enseñan once goles en nueve partidos, tres de ellos sin anotar. El relato de la nómina de delanteros realza la inquietud de la escasa puntería. Los Suárez, Griezmann, Joao Félix, Correa y Cunha se convierten en un ejército más que cualificado para superar las barreras defensivas de los rivales. La buena noticia es que apareció Griezmann (el cuarto cambio en San Siro) para empatar. Sin embargo, Simeone había preferido a Correa y a Suárez de titulares. Si el argentino arrancó como un tiro en agosto, determinamos que se secó en septiembre. El uruguayo rompió el maleficio en Champions de visitante al anotar seis años después.

LA DEDICATORIA DE GRIEZMANN A LOS ATLÉTICOS

La sequía de Griezmann (o la de Joao Félix) había puesto nervioso a más de uno. El francés pide comprensión. Sin embargo, más allá de la escasez de los delanteros nos encontramos ante la poca diligencia de juego ofensivo. Los jugadores solicitaron, al abrigo del fichaje de Suárez, dar un paso adelante. El técnico lo vio necesario para arropar a su delantero de área, distinto a los anteriores ‘9’ (Costa y Morata) del equipo. Entonces, reconvirtió a Lemar en bastión del juego creativo y a Carrasco en peón lateral por todo el campo. Esta determinación se tradujo en la modificación a una defensa con tres centrales. Esto, que funcionó a las mil maravillas durante la primera vuelta pasada, no acaba de arrancar en este curso. Y a falta de buen juego nos encontramos a un equipo con un promedio de poco más de un gol por partido…con la artillería mencionada. En Milán, por primera vez y a la desesperada, vimos juntos a Griezmann y a Joao Félix, unidos a Correa y Suárez. No por participar con muchos delanteros ganas fluidez en ataque. El atasco del gol solo se soluciona con el buen juego. Pero mientras los resultados aplaudan, nadie le pondrá vinagre a la fiesta, aunque ganes de penalti en el descuento y empates con el segundo disparo a puerta del partido.
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