Por eso, desde la reflexión del pospartido, ahora muchos entenderán el enfado de Pep con Mahrez cuando el duelo iba 2-0 cómodo a favor del City. Era una llegada de manual, había que tocar de primeras hacia el otro lado donde llegaba Foden.
Se venía el 0-3. Pero Mahrez eligió la peor opción, el egoísmo le llevó a buscar el lateral de la red de Courtois. Un desastre. Pep se quería morir. Salió como un volcán a la banda a echarle la bronca. Ante el Real Madrid un fallo de ese calado vale por dos. Era el fin del cocodrilo. Y en cambio, como bien se temía Pep, aquel regalo le iba a pasar factura.
¿Por qué Pep acabó enfadado y respondiendo con monosílabos a un gran reportero como Ricardo Sierra en Movistar? Leer la mente de Pep, traducirlo, interpretarlo, no es imposible. Si conoces su perfeccionismo y su alma de ganador es más fácil. Pero, más allá de las sensaciones y las percepciones de supremacía lógica que pueda tener Guardiola, cuando su cuerpo técnico analiza las estadísticas que aglutinan los cuatro elementos del fútbol: balón, tiempo, espacio y engaño, que define su biógrafo, mi admirado Martí Perarnau. Cuando aplica esos parámetros sobre el partido en Mánchester, siente incredulidad y le hierve la sangre.
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¿Cómo es posible ganar sólo por 4-3 al Madrid con estos números?. 59 %-41 % de posesión; kilómetros recorridos:122,8-114,6; 35-29 en balones recuperados -todos los datos a favor del City-. Y aún más, viendo que en el uno contra uno, una de las facetas del juego de Pep tiene en su equipo a tipos como De Bruyne, Foden y Gabriel Jesus, que limpian rivales con una autoridad absoluta.
Pues ni con todos esos datos, dominando la posesión, corriendo más que el Real Madrid, recuperando mejor en la presión, y teóricamente superando en nivel en el uno contra uno, ni aun así pudo sacar una ventaja que le hiciera feliz para el partido de vuelta en el Bernabéu.
Del Madrid, lo que más sorprendió al City fue la definición de Vinícius. La actuación de Benzema ya está amortizada. Está fuera de concurso. Va a estar siempre de diez puntos, que dirían los argentinos. Es algo así como juzgar a Messi en su buena época del Barcelona. El notable lo llevaba de saque Benzema. Es el número uno del momento.
Pero Vinícius sorprendió. Pep andaba tenso en la víspera. No tener a sus dos laterales titulares ante el Madrid era un palo. Perder a Walker y a João Cancelo era un hándicap, como luego se demostró. Vinícius arrancó como un búfalo en la banda izquierda, sorteando a Fernandinho, fuera de su posición, enfiló la portería de Ederson y ahí los centrales no leyeron bien la jugada del gol. Laporte no fue al cruce de Vinícius, espero el pase atrás. Entre dejar a Vinícius tirar a puerta y salir a por el brasileño le dejó avanzar y tirar a puerta.
La idea de darle vía libre a Vinícius en la definición comienza a no ser rentable. Y si Vinícius te genera dudas, es un problema que Pep tendría que mejorar con el regreso de Walker en el Bernabéu. Guardiola no solo ha ganado en Chamartín, ha goleado, él dirigía al Barcelona en el famoso 2–6. Pero que nadie se equivoque. Hay magia, aura, atmósfera, karma... en el Bernabéu. Pero el estadio no juega, sólo acompaña y empuja. La calidad de los jugadores del Madrid es top ahora. Hubo épocas donde no siempre los mejores jugaban en el Madrid. Las remontadas se ejecutan con jugadores buenos. Y ahora el Madrid los tiene, aunque se duerman en tramos.
En Inglaterra, jugadores famosos, ahora analistas como Jamie Carragher, intentan explicar lo inexplicable. No dan crédito. Se frotan los ojos con tanta montaña rusa, de subidas y bajadas.
El Madrid es un club que celebra todo rápido. La alegría por LaLiga sería exprés este fin de semana. El City, en cambio, la pelea ante el Leeds. Va a estar más distraído en su pugna con el Liverpool.
En la vuelta de Champions, por una elemental ley de probabilidades, es muy difícil que el Real Madrid repita un partido tan inestable a nivel defensivo. Por eso, el fútbol entendió los gestos de Pep tras el fallo de Mahrez. Ahí estuvo la eliminatoria. Ahora, el City tendrá que remar río arriba para conservar la ventaja. E incluso innovar. A Pep, en el Bernabéu, le gusta inventar. Mahrez le debe una. Otra fiesta del fútbol, apasionante, nos espera.
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