El Betis se presentó en el nuevo Metropolitano con la intención de rubricar su brillante trayectoria en un gran escenario. Sin embargo, el equipo desarrolló un pobre fútbol y se vio sometido por un gran Atleti en todas las fases del juego. El conjunto de Simeone recordó al once atractivo, ofensivo, agrupado y fornido que destacó en la sensacional primera vuelta completada la temporada pasada. Esa en la que sumó 50 puntos y que como buena cosecha supo administrar para terminar campeón. En el capítulo de individualidades destacó la jerarquía de Savic para volver a terminar con la portería a cero; la profundidad y la puntería de Carrasco; la agresividad e intensidad que le metió Rodrigo de Paul; la verticalidad de Correa; la buena armonía de Griezmann; o la intención con la que participó Joao Félix saliendo desde el banquillo. Quizá quien mantuvo un tono más gris resultó Suárez, en vísperas de su regreso a Liverpool. Quizá porque Simeone ya no va partido a partido, el charrúa disputó únicamente 70 minutos.
El tránsito de Suárez en Liverpool cruza de mordisco a mordisco. Suena a lo que sucedió y a que la paciencia de los ingleses se acabó tras lo acontecido durante el Mundial de Brasil y el posterior traspaso al FC Barcelona. El origen es que Luis aterrizó en Inglaterra penando una sanción de siete partidos por su acción frente a Bakkal. En este momento, el club británico supo aprovechar el remolino para sacar al sudamericano del Ajax por una cantidad inferior a su precio real de mercado. Los 25 millones de libras resultaron una gran inversión para los ‘reds’, que abonaron algo más ya que en Europa se masticaba el rumor de la más que posible traspaso millonario de Fernando Torres. Hablamos de los primeros días del mes de enero de 2011 donde se vivía una crisis galopante en Anfield, que devolvía al histórico Dalglish a los banquillos en sustitución de Roy Hodgson, la apuesta veraniega que reemplazó a Benítez.
Con este ambiente convulso aterrizó Suárez en el Merseyside. Con el castigo disciplinario a cuestas que arrastró desde Ámsterdam -tardó semanas en poder debutar-; sobrevolando la marcha de una de las estrellas -la del ariete madrileño-; con relevo en el banquillo -contratando a una leyenda, no a un entrenador-; y con una propiedad que buscaba decorar los balances para poder vender al alza una entidad inestable y en crisis deportiva. La idea de la dirección deportiva era reflotar un equipo que arrastraba la ‘herencia Benítez’. Rafa había salido del club en verano, unas semanas antes que Mascherano. El año anterior se había vendido a Xabi Alonso. Por tanto, no era el mejor momento para jugar en Liverpool, pero Suárez tampoco podía presumir después de lo acontecido en el aquel Ajax-PSV. Además, en su fuero interno quedaba la esperanza de mezclar con Torres en el frente de ataque ‘red’. Ya en suelo de Anfield, lo primero que cuestionaba, a sus más cercanos, era conocer si finalmente la negociación entre su nuevo club y el Chelsea fraguaría para la venta o no de quien era un verdadero referente entre los delanteros. Suárez seguía desde su hotel, después adquirió la vivienda a Fernando, el desenlace de los acontecimientos.
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Mientras se sucedían las disputas entre las dos entidades, pasaban y pasaban los partidos, y la sanción arrastrada lo impedía compartir alineaciones con Torres y perder ese deseo activo que tanto quería disfrutar. Admirador del Liverpool FC desde pequeño, Suárez se enfundó el disfraz de guerrero y desde el principio quiso liderar la delantera. Sus números en Inglaterra son extraordinarios: anotó 82 goles en 133 partidos, añadir 47 pases de gol en tres temporadas y media. Lideró un equipo en plena reconstrucción hasta terminar peleando por la Premier en el último curso, perdida escuetamente por un resbalón que condujo a una dolorosa derrota. Obviamente no se pierde una Liga por un detalle, pero cualquier ‘red’ maldice ese momento. Suárez se fue ganando al público que lo recibirá con salvas de aplausos, porque son conscientes de que Luis podría haber salido antes de aquella campaña, pero al que convencieron para seguir un último año Rodgers, el entonces técnico, y el capitán Gerrard. Lejos queda aquel 2014 cuando tras un nuevo mordisco, esta vez defendiendo a Uruguay, el club decidió aceptar los casi 80 millones de libras que tuvo que sacudirse el Barça para firmar a un auténtico depredador del área.
En este nuevo partido de Champions, Suárez y Torres compartirán desplazamiento en el avión. El ariete uruguayo como integrante de la convocatoria y el delantero ya retirado como miembro de la expedición del equipo juvenil, que unas horas antes vivirá desde el banquillo el aperitivo con el encuentro de la Uefa Youth League en otro Liverpool-Atleti. Para ambos será especial retornar a una ciudad y a una entidad donde recibieron tanto cariño y donde portaron tanto como deportistas. El destino les ha querido unir en esta visita. La tarde y la noche los agrupará ahora defiendo otro escudo, pero para ambos siempre quedará esa espina de no verse unidos con el balón atravesando el área adversaria buscando con afán la portería contraria.
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