Nada tiene que ver con el mensaje que desarrolla el libro de Daniele Sallenave, con el mismo título excepto el ánimo final, que versa sobre la intelectual francesa Simone de Beauvoir, una de las grandes activistas del feminismo durante el siglo XX. Probablemente aquellos atléticos que pretendían realzar el ánimo del grupo desconocen la lucha de la filósofa gala por la igualdad de derechos de la mujer. La realidad es que el grito de auxilio implorado por los seguidores rojiblancos refleja un adorno con aires de victimismo para un equipo que ha demostrado coraje y corazón durante dos tercios de esta LaLiga. ¡Es el líder!
El Atleti pelea contra todo y contra todos en desigualdad de condiciones frente al Real Madrid y el FC Barcelona. El presupuesto económico que agrupa ingresos y gastos distancia a uno de los otros, pero luego hay que batirse en el césped. El excelso trabajo realizado en la última década ha recortado el sideral espacio con que se despidió el anterior siglo, cabe recordar que aquel Atleti luchaba por retornar a Primera división. Tras diez años de asentamiento en la categoría, Luis Aragonés pronosticó que a la entidad le restarían ocho para volver al presente perdido, el acierto en el fichaje de Simeone animó a todos. Paciencia y humildad cumplimentaron un retorno soñado a la elite. Más tarde, mientras los números apoyan la gestión del entrenador, creció a su albor una corriente consentida como cholismo que aflora frente a aquellos atléticos que se niegan a convertir al técnico en sagrado. La principal disensión: la escasa evolución ofensiva del juego del equipo.
El momento se presenta con ocho jornadas para el final del torneo y al club rojiblanco le han recortado una sustancial ventaja ganada tras una primera vuelta excepcional, con números de campeón. De los 50 puntos en 19 partidos se ha pasado a sumar 17 en los últimos 11 encuentros, cifras de un superviviente en la categoría. El técnico argentino mantiene el ritual de ‘partido a partido’, el mismo que dibujó a su llegada y que le permitió levantar el trofeo de 2014. Pero también desliza en las conferencias de prensa algunos mensajes que provocan dudas. Uno de los últimos descargaba que “la efectividad se entrena, pero hay jugadores de 25 goles y otros de 5, ahí está la diferencia”, señalaba Simeone. No es fácil sacarle punta al argentino con las declaraciones, básicamente porque se equivoca muy poco. Pero esta vez la justificación sonó a excusa.
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En el ático del club aprueban todo lo que provoca Simeone: ¡es el mejor paraguas para aliviar a las masas! Y cuando no se aprueba, la dirigencia se limita a deslizar entre dientes algunos de sus caprichos. Pero en el desarrollo del juego del Atleti nadie se mete. Es más, todo son parabienes y éxitos individuales. El cholismo mediático, que existe con una virulencia desatada y muy por encima de lo que transcurre por el graderío, ha conseguido crear un estado de ánimo en parte de la opinión pública que cuando se gana lo logra Simeone y cuando se pierde la culpa es del Atleti: bien de los dirigentes, de los jugadores… o alguien se habrá equivocado. La realidad es que acudiendo a los resultados es incontestable el trabajo del argentino en esta década.
Incluso, ilusionó a todos los atléticos cuando a sugerencia de los jugadores decidió adelantar líneas y pisar un territorio más ofensivo en esa idílica primera vuelta. Cuánto más tiempo en campo contrario pasaba el equipo, más disfrutaba la afición. Y eso queda reflejado en la efectividad. Si con Llorente se descubrió un segundo delantero, desconocido hasta entonces, otros compañeros no han corrido la misma buena suerte.
La teoría de algunos ‘silenciosos’ que trabajan en la entidad rojiblanca explica que a cincuenta metros de la portería contraria es difícil encontrar el gol, incluso para un depredador como Luis Suárez. El uruguayo, que ha mostrado internamente su disconformidad con la manera de disponer al equipo en el último tramo de LaLiga, renuncia a polemizar cuando se ha dado cuenta de la situación de intocable en la que vive el entrenador. Pero existen otros ejemplos, de jugadores de la actual plantilla, que han perdido efectividad y sus números son peores que los logrados en sus clubes de origen: Lemar, Carrasco o Vitolo promediaban una media de siete/ocho goles por curso. Otros como Koke o Saúl han disminuido su proyección de tantos respecto a otras temporadas. Incluso la eficacia de Herrera era más acentuada en Oporto. Tampoco han mejorada las cifras de goles a balón parado en esta campaña: una diana después de 30 partidos.
Simeone clama exigencia para los estamentos. Sin embargo, ¿quién le exige a él? La dirigencia vive rendida dejando sobre el buró de su hermana (es su agente) una sempiterna y millonaria oferta de renovación sin fecha de caducidad. El vestuario es consciente de quien es el líder y las viejas glorias de aquella exitosa primera etapa fueron cayendo derrumbadas por el paso del calendario: ninguno se retiró vestido de rojiblanco, por cierto. La afición díscola, la que no disfruta con el juego, admite y coloca en la balanza que mejor lo malo conocido que aquello que pueda venir a importunar. Además, desde el puente de mando atlético se tiene claro que el objetivo está cumplido con culminar la temporada entre los tres/cuatro primeros habiéndose clasificado para los octavos de la Champions, de esa manera queda ajustado el presupuesto. Lamentable nadie mira más allá, ni el propio Cholo. Nadie otea un futuro donde quizá lo mejor esté por llegar.
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