En estas aparece el escudo del Real Madrid, el profesor Don Alfredo Di Stéfano, que no es Sir pero sí conserva un sentido del humor inglés y se sale por la tangente. "El único Franco que conozco era uno que jugaba en el Deportivo de La Coruña". No le falla la memoria al entrañable Di Stéfano. ¿Pero quién fue el "otro" Franco? ¿Quién fue ese señor que compartía apellido con el caudillo que obsesiona a Ferguson? Pues fue uno de los futbolistas con más clase y elegancia entre los años cuarenta y cincuenta. Argentino, delantero centro rompedor, amigo de sus amigos y generoso con la vida, Rafael Franco ocupa un lugar, por derecho propio, entre el santoral de la afición deportivista. Todo, a pesar de que tuvo en su contra demasiados factores. Primero deportivos (tuvo la mala suerte de coincidir con "El Charro" Moreno y acabó haciendo las maletas de River Plate) y también extra-deportivos (imaginen la enorme presión y responsabilidad de pasear su primer apellido y nombre de guerra futbolístico por muchos campos de la liga española). Sin embargo, el "otro" Franco entró a formar parte de la leyenda del Deportivo junto a cuatro héroes de un fútbol entonces en blanco y negro. Franco y aquellos cuatro magníficos integraron la célebre "Orquesta Canaro". Una delantera eléctrica y deslumbrante, que destrozó las porterías rivales y que siguen recitando los más viejos del lugar de carrerilla, como si una regla mnemotécnica o una fórmula científica. "Corcuera, Osvaldo, Franco, Moll y Tino".
Rafael Franco nació en Rosario a comienzos de los años veinte. Soñó con ser futbolista y comenzó a hacer goles en "la lepra", en Newell's Old Boys. Después fue santo y seña de la parroquia de los "funebreros" y se hinchó a hacer goles de todos los colores en el Chacarita Juniors. En aquel entonces, Franco estaba en el apogeo de su carrera, y probó suerte con River Plate. Sin embargo, no pudo tener peor experiencia con los millonarios, ya que uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, "el Charro" Moreno, le cerró las puertas de la titularidad. El bigotudo Moreno era el futbolista del momento y el gran crack mediático. La punta de lanza de la gloriosa delantera conocida como "La Máquina" de River. Sin esperanzas de jugar asiduamente y entendiendo que Moreno truncaría su progresión, Rafael Franco abandonó River. Y también hizo las maletas y se marchó de Argentina. Durante esa época, jugó para el Nacional uruguayo y después por el Marte de Mexico. A España, a La Coruña, llegó en 1948. Y el bueno de Franco llegó, vio y venció. Fue uno de los goleadores más prolíficos de la historia del Depor, en el que militó durante cuatro temporadas, y fue uno de los cinco míticos miembros de la delantera más famosa de la historia del club, la "Orquesta Canaro".. Valladolid, Racing de Ferrol y Estoril fueron sus últimos destinos como futbolista. Cuando colgó las botas, Rafael Franco echó raíces en Coruña. Se casó con una gallega y se compró una coqueta casa. Allí pasó el resto de sus días hasta 1997, año en el que su corazón dejó de latir.
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Su fútbol de quilates, su calidad humana, su compañerismo y su apellido — por supuesto-, aún perduran en A Coruña. Al recordar sus goles, al escuchar a Di Stéfano esta semana, al pronunciarse su apellido, muchos viejos, nostálgicos y hermosos recuerdos se agolpan en las memorias de los más viejos del lugar. En las memorias de esos señores que todavía, a día de hoy y en voz alta, siguen recitando, de carrerilla, una delantera prodigiosa que es inmortal y se formula como una regla mnemotécnica: "Corcuera, Osvaldo, Franco, Moll y Tino".
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