Blog Uría: La noche más hermosa del Athletic

El guión era explícito. Remontada o gabarra. En la introducción, temor vasco a la bestia Messi y esperanza culé en volver a ser reanimado por su respirador artificial habitual.

Eurosport

Fuente de la imagen: Eurosport

En el nudo, cambio de actitud azulgrana, empuje, gol al filo del descanso del diez y un ejercicio defensivo impecable del Athletic, echando el corazón por la boca. Lejos de la épica que adorna a otros en las grandes noches, el público culé apenas creyó cuando Mascherano rompió líneas, Suárez fabricó una dejada estupenda con el pecho y Messi mató, abriendo la lata a quemarropa.
El desenlace llegó tras el descanso. Fue el que todos esperaban si no mediaba la zurda divina de Messi: el Barça no tuvo puntería, no pudo, chocó con el airbag de Valverde, se quedó con uno menos por expulsión de Piqué y vio, con impotencia, cómo se le escapaba el título. Sucedió cuando Aduriz, uno de esos actores una dosis desbordante de carisma para encarnar un personaje admirable, lapidó las esperanzas culés. Aritz, que bailó al aire libre en San Mamés, sentenció en el Camp Nou. Siempre infravalorado, con menos prensa que otros pero más rendimiento que muchos, el 9 del Athletic ajustició al Barça para darle a su club un título después de una larga e interminable espera de tres décadas. Valverde repitió virtudes y presión en su mejor película como director. Dispuso orden, garra, una tela de araña viscosa en el centro del campo y de propina, contó con Aduriz, una herramienta de muerte perfecta, como una katana de Hattori Hanzo. 
El Athletic completó, con toda justicia, su noche más hermosa. Se coronó como el tercer equipo que logra ganar la Supercopa de España sin ganar Liga ni Copa, como el Barça y el Mallorca, y pasó a formar parte del selecto club de Sevilla y Atlético, los únicos clubes que han logrado arrebatarle títulos domésticos a Barcelona y Madrid desde 2008. Fiel a su filosofía, sin extranjeros – salvo Laporte y los de Bilbao suelen decir que nacen donde quieren- y con un presupuesto ínfimo en comparación al de los grandes, el Athletic logró campeonar en un escenario majestuoso, ante un rival poderoso al que derrotó, incluso a pesar de Messi. Generaciones de vascos soñaban con ver ganar un título a su equipo.
No en vano, del once titular del Athletic, sólo tres jugadores habían nacido antes del último título de “los leones”, en 1984, Gurpegi (80), Iraizoz y Aduriz (81). El resto, ni siquiera había venido a este mundo - De Marcos (89), Etxeita (87), Laporte (94), Balenziaga (88); Beñat (87); Eraso (90), Susaeta (87) y Bóveda (88)-, un dato que cuantifica la longeva espera que, después de esta noche, ya forma parte de la historia. El Athletic rompió su sequía a la tremenda, con grandeza, con el punto de épica que siempre ha adornado las virtudes tradicionales de un equipo que, por fin, reivindicó lo que es: un grande de España. Para el Barça, ganar el título menos importante de la temporada era una obligación. Para el Athletic, conquistar un entorchado oficial, una sobredosis de ilusión. Y ahí, apoyado en esa necesidad y ese hambre de gloria, fue donde el Athletic cimentó su éxito. Corrió como un poseso durante toda la eliminatoria, fue mejor en los pequeños detalles (no cometió errores en defensa y tuvo pegada en ataque) y se coronó supercampeón. Zorionak. 
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