Bilbao, 14 ene (EFE).- La expulsión que dejó a sus compañeros en inferioridad numérica en el minuto 13 de partido, hace un mes en Valdebebas, seguro que fue uno de los peores momentos de la carrera profesional de Raúl García.

Que le pase algo así a un jugador de su competitividad, de su entrega y de su implicación lo tuvo que llevar mal el navarro. Y más ante el Madrid. Enemigo íntimo de uno de los equipos de su corazón, el Atlético de Madrid, al que no olvida.

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Y lo habrá mascullado lo suyo. Fue aquella roja consecuencia del riesgo excesivo que corre en las disputas. Y que no suele pagar. Fue además, la puntilla a una temporada aciaga, de poco rendimiento y en la que había perdido hasta la titularidad.

Pero echaron a Gaizka Garitano, un técnico que aunque le sentó le idolatra; llegó Marcelino García Toral, el asturiano ha empezado jugándosela con los veteranos; el sorteo de la Supercopa emparejó el Athletic; y, de repente, a Raúl le apareció la ocasión de vengarse.

No la ha desaprovechado. En la primera oportunidad marcó su primer gol en jugada en lo que va de curso, definiendo bien ante Thibaut Courtois: 0-1; y, en la segunda, demostró su fiabilidad desde los 11 metros: 0-2.

Metió miedo el Madrid y Benzema el 1-2, pero sus compañeros, ya con él descansando tras el tremendo esfuerzo, aguantaron. Dos goles y el Athletic a la final. Raúl consumó su venganza.

Ramón Orosa

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