A la dificultad toca dar la cara y con asiento de premura. La elección caminó de dos maneras diferentes por las dudas: presencial y por carta. A la primera, en una reunión con las agrupaciones rojiblancas que solicitaron el encuentro y que ‘aceptaron’ las diferencias y los proyectos de soluciones. A la segunda, para el resto de los que no necesitan saber tanto, como canta Revolver. Esos que cada vello del cuerpo es suficientemente bello como para presumir con personalidad y distancia que el sentimiento de cada propio también ocupa un lugar destacado en el ecosistema rojiblanco hasta que el tiempo diga se acabó. Aquellos que mayoritariamente andan en la corriente del visto bueno a la gestión, porque no perturban, incluso no se pelean porque se limitan más a animar que a saber. Y además, no les parece que se penetre en un territorio tan maligno.
Quizá es que no hay momento para poder distinguir al dueño del Atleti. Los que lo hemos tratado un poco, admitimos que es un tipo noble, que huye de la aclamación, del protagonismo, del reinado que ostenta. En los días ‘D’, contó que se relajaba dando vueltas en la M-30, mientras los que juzgan sufren. Creo que vive de esa leyenda, pero llama la atención que sin crisis deportiva se aceleren las diferencias sociales ahora que cohabita en la M-40. Pero es que siempre se toca al mismo. Pocos profundizan sobre la cuestión futbolística de un pobre curso, quizá por agradecimiento, y tal vez por la amenaza del miedo a la huida, tal y como se atestiguó en 2016 tras caer en Milán, y que la gran masa ha olvidado sin rencor. Esta misma gente sobrevive protegiendo a quien despertó a la historia, a quien soliviantó el nuevo Atleti, aquél que se manejó cerca del poder, pero creando un estilo propio y una propia evolución avalada en los títulos y en su horda de personaje al margen del escudo. Por eso, no viene mal recordar que en ese invierno del lejano 2011 el único que apostó por el entrenador argentino es quien firmó la carta a la opinión pública atlética la semana pasada. Ningún técnico, ningún apóstol de futuro se apuntará ese tanto. Es evidente que la decisión tuvo dueño.

Simeone Rueda de prensa

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Apruebo que aceptar la nueva camiseta sea un error (horror) por más que la idea original se convirtiera en procedente. El resultado ha terminado siendo inaceptable, y por ahí el club debería mantener el pulso con la marca, que no olvidemos es quien sujeta parte del presupuesto anual de la entidad. Otra cosa es la barrila con el cambio de escudo, que todavía hoy suena cansina. Aunque sea cierto que se coló con calzador y sin toque de saxofón en una ceremonia prevista para otro asunto. Pero es que tampoco gusta la selección del Paseo del Centenario, como será renombrado, cuando se ideó con el visto bueno de la asociación de jugadores históricos del club. Son quienes en Junta Directiva admitieron la cifra centenaria que tanto disgusta en algunos casos determinados, no en la generalización del invento. Cierto es que no se puede andar sin escuchar a la masa social, necesaria y fundamental para el crecimiento del día a día porque es por el poro que respira el atlético. Todo esto es así, pero juntar tanto desencuentro procede a entender que un toque melódico también se debe aprender en el Atleti de Madrid. Lamentablemente, nos encontramos con dos equipos diferenciados: el Atleti de Madrid, al que todo se le castiga, y el Atleti de Simeone, al que todo se le perdona. Entonces, ¿sabemos hacia dónde se mueven? Sabemos que estamos en un tiempo para pensar en un tiempo nuevo.

Se filtra la posible nueva camiseta del Atlético de Madrid para la temporada 2022/23

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Eso de saber más que nadie se convierte en un mundo tan complicado que nadie dispone de la magia para discutir si la vida puede mejorar sin Gil en el Atleti. El yugo que sujeta su cabeza, por cuestiones pretéritas, olvida el tránsito que ha conducido hasta una necesaria nueva casa, una entidad poderosa en lo deportivo y un ámbito social que no debe frenarse en miramientos, más allá de aplaudir el penúltimo proyecto diseñado como anillo de edificaciones que será el legado que rodeará el nuevo estadio plagado de buenas intenciones. Claro que se debe alzar la voz, pero también cuando te aburres observando las rayas bien sean rectas o torcidas. Lo bueno es contar con un club vivo, con una masa social directa y sincera. Todos quieren ganar, pero no es necesario disparar siempre al mismo. El pianista es capaz de manejarse sin tibieza, porque, no lo olviden, él es quien puede proponer un nuevo escudo, pero nunca cambiará su sentimiento. Porque él también es atlético.
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