LA ÚLTIMA HORA DEL MERCADO DE FICHAJES

Y esto se ha producido, entre otras muchas consideraciones, cierto es, por haber claudicado a unos sueldos sin precedentes, al pago de soldadas injustificablemente elevadas y a haber creado un organismo regulador de sus desmanes pasados, la propia Liga. Esa que parecen detestar disparándose al pie. Del todo valía al control actual va un lloro lastimero al no saber ni cómo explicarse cómo hemos llegado hasta aquí. A esta penuria.
Ha sido la revolución sensual. Los jugadores se lo han quedado todo, aumentando su montaña económica hasta límites no imaginados. Como aquél inglés que subió una colina pero bajó una montaña. Y en poco tiempo, justo antes de lo que ya no van a ser los locos años 20 del siglo pasado. Así que Vitolos, Marianos y Umtitis de la vida futbolera nadan en la abundancia de la piscina de monedas de oro del Tío Gilito, el verdadero, no aquél impostor.
Fútbol
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Mariano intenta regatear a David Soria en el Getafe-Real Madrid

Fuente de la imagen: Getty Images

Siguiendo la estela del poder para el pueblo, el fútbol ya es de los futbolistas, que son los que se ganan a manos llenas los millones del negocio. La jarana, para ellos. Llegados a este punto, el fútbol en España se siente como un negocio quebrado por la imposibilidad de pagar los propios contratos de los jugadores y ceñirse a ese límite salarial que bloquea más sueños de grandeza.
Hombre, no todos han ganado lo de Messi y Cristiano, por supuesto, ni se acercarán a lo de Mbappé y Neymar, pero son ya bastantes (incluso algunos con reputada fama de tuercebotas, que no todo es excelencia por los campos verdes del señor) los que llevan un tiempo fuera realmente de mercado, hipotecando lo que ahora sucede, el colapso.
Luchar, lo que se dice luchar, se debe hacer por los que no llegan a fin de mes, por los que menos tienen y más falta les hace para alcanzar el mínimo de dignidad. Pero, si alguien ya gana 5 millones y pasa de repente a 10, pues está sobrepagado. Bien por él y por sus próximas generaciones. Ya lo vio venir alguien muy apreciado por sí mismo, Miguel Ángel Gil Marín, cuando cuestionó el porqué del hecho imparable de que los jugadores ganaran tanto como pasar de dos coches deportivos a seis. ¿Para qué?
Esa espiral es la que ha sumido al fútbol patrio en la tristeza de ver cómo deja de ser tan competitivo. Inglaterra es el nuevo maná, donde un cualquiera ficha casi lo que quiere y aquí a duras penas se está en la labor de ir tapando agujeros del pasado reciente, cuando cualquier medianía en un grande (o menos grande) disfrutaba de un sueldo inflado, innecesario seguramente para todas las partes implicadas menos los triunfadores en la sombra: los más listos, los agentes de los futbolistas. Esos comisionistas permanentes, esos que ahora se rebanan los sesos para solucionar el problema que ellos mismos propiciaron. Todo sea por la codicia, lo que mueve al primer mundo. Maldito parné que se decía antes.
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