Desde su inauguración en 1930, el Mundial no había dejado de crecer de crecer en importancia, por lo que se había convertido en el principal torneo de fútbol internacional. Después de que el Trofeo Jules Rimet fuera robado durante su exhibición en Londres, los anfitriones tuvieron una segunda alegría unos días más tarde, cuando un perro llamado Pickles lo descubrió entre unos arbustos de un jardín frente a la casa de un barrio del sur de la capital londinense.
Pelé volvió a ser maltratado, esta vez por Bulgaria y Portugal, y la ilusión brasileña de obtener su tercer título consecutivo quedó frustrada. Inglaterra, dirigida con mucha astucia e inteligencia por Alf Ramsey (que luego sería nombrado Sir), derrotó a Alemania Occidental por 4-2 en la prórroga de una apasionante final celebrada en Wembley. En aquella ocasión, Geoff Hurst hizo historia con un triplete, y con el gol más controvertido de la historia. ¿Cruzó el balón la línea de meta? Estamos ante uno de esos debates infinitos.

George Hurst en el Mundial 1966

Fuente de la imagen: Eurosport

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Una cita para no olvidar
Un enorme éxito de público dentro y fuera de Inglaterra rodeó este campeonato. En el terreno de juego, la nación anfitriona resultó vencedora e hizo que algunos de sus oponentes se sintieran tratados de manera injusta.
Poco antes del inicio de la fase de clasificación, 16 países africanos confirmaron su renuncia a participar en el torneo. La protesta había surgido como consecuencia de una nueva norma de la FIFA, que estipulaba que los ganadores de la zona africana debían superar a los ganadores de la zona asiática o de la zona de Oceanía para lograr una plaza en la fase final. Los africanos consideraron que imponerse en su zona era más que suficiente para acceder de forma directa al Mundial. Tras unas duras y arduas negociaciones, la norma de 1964 sería anulada cuatro años más tarde, en favor de África.
Mientras tanto, con 70 equipos participantes en la fase clasificatoria (otro nuevo récord), la FIFA decidió que de Europa se debían clasificar diez equipos, de Sudamérica cuatro, de Asia uno y de Norteamérica y Centroamérica otro. Puede que Portugal llegase a la cita como una de las grandes sensaciones ya que los lusos participarían por primera en este torneo, tras salir airoso de un grupo en el que también estaba Checoslovaquia, una de las finalistas cuatro años antes.
Los ingleses, en presencia de su propia hinchada y de las cámaras de la BBC, formaban parte del elenco de favoritos para lograr el triunfo final. Jugando bien y sin conceder un gol, fueron superando sus respectivos compromisos (0-0 contra Uruguay y sendos 2-0 ante México y Francia) hasta llegar a cuartos de final. La gran noticia de la primera vuelta fue la eliminación de Brasil que, tras vencer a Bulgaria, se vieron sorprendidas primero por Hungría y luego por Portugal. Una vez más, Pelé fue víctima del juego duro de los zagueros rivales. Lesionado contra Bulgaria, se perdió el partido frente a Hungría y tuvo que ser retirado en camilla durante el choque contra Portugal.

Portugal y Corea del Norte en el Mundial de 1966

Fuente de la imagen: Eurosport

Entre los clasificados para la segunda fase estuvo la selección de Corea del Norte, que sorprendieron a todo el mundo tumbando a los italianos para, en su siguiente cita, cobrar una ventaja de 3-0 contra los portugueses en el partido más electrizante del torneo. Los lusos resurgieron de sus cenizas y acabaron ganando 5-3, con cuatro goles de Eusebio.
Otra vez, profetas en casa
Desde su debut en 1950, Inglaterra nunca había realizado una buena actuación en un Mundial, por lo que sus jugadores se encontraron ante una magnífica oportunidad para dar ese paso al frente que sus seguidores tanto reclamaban.
Como era previsible, los locales se clasificaron para el encuentro de lucha por el título, en el que se medirían a la selección de Alemania Federal, con un Estadio de Wembley lleno a rebosar y con miles de aficionados que no paraban de animar ni de apoyar a su selección.

Inglaterra en el Mundial 1966

Fuente de la imagen: Imago

Tras empatar en el tiempo reglamentario, el partido llegó a la prórroga. En el minuto 101, Geoff Hurst disparó contra la portería alemana y el balón, tras golpear en el larguero y botar en el suelo fue despejado por el guardameta germano. El colegiado hizo sonar su silbato para dar validez al gol, con lo que se desató una polémica que sigue dando de hablar hoy en día. Según a quién se le pregunte, tendremos versiones muy diferentes de si el balón cruzó o no la línea de gol.
A falta de unos segundos para el final, con los once futbolistas de Alemania volcados sobre la meta inglesa, Bobby Moore recuperó un balón, le dio un gran pase a Hurst que, desde lejos, conectó un gran disparo y puso el 4-2 definitivo en el marcador. Minutos después, Moore recibiría la Copa Jules Rimet de las manos de la Reina Isabel II.
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