Vinicius, Ansu Fati y Lemar, se asoman con autoridad al primer plano.
Los jóvenes necesitan estructura. Era la idea fuerza del recién fallecido Colin Powell en uno de los monólogos TED más influyentes de la plataforma que se puede ver en Youtube. Recomendable cien por cien.
Y estructura, el mapa cartesiano en sus cabezas, es lo que han demostrado este trío de nombres en los tres grandes clubes, el Real Madrid, el FC Barcelona y el Atlético de Madrid. Los tres cuentan con un denominador común: son chicos con un alto nivel de resiliencia, que han superado estados de ánimo adversos con una firmeza admirable.
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Lemar, por ejemplo. Un futbolista top, de Guadalupe, territorio francés de ultramar. Campeón del mundo con un rol secundario con Francia, llegó al Atlético de Madrid, con poderío, un fichajazo del AS Mónaco. Un tipo con carisma. Buen chaval. Siempre con una sonrisa en el rostro. Divertido. Jugando y sin jugar. A las duras y a las maduras. Nunca una mala cara. Ni cuando era suplente. Arropado por el club, con el estímulo de un capitán de verdad como Koke, el Atlético ha resucitado a Lemar. Con ayuda, con vídeos que fomentaban su autoestima, recordándole que él es una estrella, que no es un jugador de relleno.
Lemar ha explotado con paciencia, un poco más tarde, a los 25 años. Es fino, elegante, lleva cosido el balón al pie. Es un pepino de futbolista. Y con un parámetro extra, que también ha vivido Vinicius en el Real Madrid: ha levantado el vuelo sin público en la grada. Me cuentan que el efecto pandemia ha permitido a Lemar respirar con fuerza, vivir sin presión, levantarse y recuperar la velocidad de crucero para convertirse en uno de los grandes cracks de LaLiga. Con calma y silencio, el reseteo de Lemar ha sido más sencillo.
Los vestuarios son clave para levantar el ánimo de jugadores que viven en el alambre emocional. Mérito añadido por eso tiene Vinicius. Rey de los memes por su falta de acierto ante el gol, estrella en las redes sociales por buscar el gol con niebla en el Real Madrid, Vinicius ha sabido dar la vuelta al calcetín de su vida deportiva. Con ayuda y el impulso del club, Vinicius es otro futbolista. Elegante, regateador, directo a portería, levanta la cabeza con autoridad, y ejecuta bicicletas de gol, de las de verdad, de las que limpian rivales. La marca Vinicius crece en el Real Madrid y le ha dado un sitio en el once inicial de Tite en Brasil.
Vinicius ahora sí va en serio. Los goles le acompañan y genera tanto ruido en el área que provoca y carga al contrario con cartulinas de amonestación que minusvaloran el valor del equipo rival. Al igual que Lemar, Vinicius ha despegado con el silencio de la afición. Pura psicología, en momentos críticos.
La gran pata del tridente de moda en España es Ansu Fati. Verle renovar hasta el 2027 en la noche del miércoles 20 de octubre con el FC Barcelona, invita al optimismo. A punto de cumplir 19 años y una cláusula de rescisión de 1000 millones de euros, el Barça blinda a Ansu en la semana del gran Clásico en el Camp Nou.
Volver a jugar con determinación tras un largo período de baja. Y ser decisivo. Por eso, se le incrementa su salario. Por entrar y marcar goles. Por entrar y resolver barullos. Ansu Fati, como todos los jóvenes con estructura, aquellos que mantienen la mirada arriba, que contestan en voz alta, que no se encorvan, que mantienen los ojos abiertos, y que son valientes, se ha convertido en la locomotora del FC Barcelona para salir del barro. Fútbol y descaro le sobran.
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