Eligió el destino que este Nápoles-Barcelona sirviera como debut en Champions de Gattuso y Setién, dos personalidades opuestas. Había curiosidad por ver si les pesaba la dimensión del escenario. Gattuso hizo de Gattuso desde el inicio con un once afilado que atrincheró cerca de su área para salir a la contra. Setién, por su parte, sacó un once digno de Valverde. Aparcó la poesía y pertrechó el mediocampo con De Jong, Busquets, Vidal y Rakitic. Paolo Sorretino, ilustre tiffosi napolitano y evocador cineasta que ha homenajeado al mismísimo Maradona en sus películas, presume de haber jugado al fútbol "de mediocampista. Donde mejor se aburre uno". Esa tramposa afirmación del napolitano define magistralmente a este Barça de mediocampistas soporíferos que acumulan la posesión sin intención alguna. Porque en ataque todo acaba y empieza en Messi. Como ocurría con Maradona.

Ataque del Nápoles.

Fuente de la imagen: Eurosport

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Setién se ha sacado la careta. Ha mutado de Riqui Puig a Arturo Vidal. De discípulo de Cruyff a aspirante a Bordalás. Más pierna dura que pie de terciopelo. Setien saltó a San Paolo a minimizar riesgos, como solía hacer Valverde, desatando a Messi entre líneas y encomendando a un lánguido Griezmann la ingrata tarea de ariete. De Setién se espera ataque, audacia, por eso verle acochinarse en tablas con un mediocampo trotón resulta sintomático. No hay equipo del cántabro que haya defendido bien. Y eso se demostró en la jugada del gol, donde un error del Barça fue aprovechado por Mertens. Pero lo malo no es que defendiera mal, lo peor es que no ataca nada. El Barça terminó la primera parte con un 70% de posesión, 440 pases y ni un disparo. Ni a puerta ni fuera. Setién llegó vendiendo ADN cruyffista y de momento ha diluído el fútbol azulgrana. Sin verticalidad, sin desequilibrio, sin automatismos, sin propuesta. Esperando a Messi...

Decía De Jong tras el baño de los de Bordalás al Ajax que "le resulta molesto ver al Getafe porque no juega para entretener al público". Este Barça también debe resultarle molesto por monótono. Ni él ni Busquets, con una entrada durísima a Mertens, ni un Vidal caótico ni Rakitic le cogieron el aire al partido. Pedía el partido a Ansu porque el Nápoles dejaba al Barça atacar por las bandas, justo donde no tenía jugadores para ocuparlas. Y con Setién debatiéndose entre sacar o no a Ansu Fati, Semedo rompió la línea para servir el primer gol a Griezmann. Primer desmarque al espacio, primer disparo a puerta, primer gol. Minuto 56. La ley del mínimo esfuerzo daba réditos.

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El partido se descosió y el Nápoles se fue arriba a morder porque el 1-1 no era buen resultado para los de Gattuso. El partido ganaba inercia y eso animó al barcelonismo que tiene dos estrellas en las áreas: Ter Stegen y Messi. El alemán salvó al Barcelona con dos paradas decisivas en el minuto 61 y en el 66, especialmente la última. Sin Jordi Alba en el campo, Arturo Vidal era el mejor cómplice de Leo, pero pasaban los minutos y el Barça sufría otra bajada de tensión. Ni siquiera la entrada de Ansu, a solo cinco minutos del final, revolucionó a este Barça perezoso. Valiosísimo empate del equipo azulgrana en Nápoles, de donde salió diezmado por la expulsión de Vidal y la lesión de Piqué, que probablemente no estará en el Clásico. El día que Setién fue presentado como sorprendente nuevo entrenador del Barcelona prometió "que mi equipo jugará bien al fútbol". A día de hoy, parafraseando a Sorrentino, este Barça de Setién pasa por ser "el equipo que mejor aburre".

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