Al margen de la “tirria” deportiva que le tienen a la selección francesa, que les dejó sin poder reeditar su título de campeón al eliminarles en semifinales, había dos factores humanos que decantaban la balanza hacia los cataríes. El primero tenía como protagonista all cuerpo técnico del país organizador con el ex seleccionador español Valero Rivera, padre del jugador español del mismo nombre, dirigiendo al equipo. El segundo, quizás más entrañable, la presencia del amigo y compañero Borja Fernández vistiendo la camiseta del emirato árabe. Una bonita historia de superación y lucha que se acrecentó durante el campeonato cuando el jugador asturiano se lesionó y todo indicaba que tendría que dejar de competir.

Borja Vidal Fernández es el deportista que puede enarbolar la bandera de ser el verdadero “Hispano”. Un hombre nacido el día de Navidad de 1981 en la bella aldea de Pontigon (Asturias) con 2,06 de altura, 130 kilos de peso se convirtió en un símbolo en el mundo del deporte al cambiar, hace ahora diez años, el baloncesto profesional por el balonmano. Después de jugar en el Joventut, Melilla, Bilbao y Nápoles fichó por el CAI Zaragoza. Los jugadores de baloncesto y balonmano del equipo aragonés entrenaban en el mismo pabellón Príncipe Felipe. Los de la canasta primero y más tarde los de la portería. Esta coincidencia hizo que el técnico Fernando Bolea, entrenador del equipo de balonmano, observando las cualidades físicas de Borja, le propusiera cambiar de deporte. El chico no estaba convencido pero el asesor del club en aquella época, Valero Rivera (el hombre que le ha convertido en catarí y le ha solucionado la vida) le hizo ver que su potencial era tan prometedor que en tres años se convertiría en el pivote de la selección española. Aceptó el reto y firmó un contrato de tres años.

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Cuando Borja Vidal Fernández practicaba el baloncesto vivió una experiencia singular en Nápoles. Era muy joven y un día en el transcurso de un partido se convirtió en el gran protagonista. Su buen juego hizo que los espectadores en el pabellón empezaran a destacar su actuación gritando: ¡Hispano!, ¡Hispano! Era una manera de comparar su imagen como la de un gladiador en el Coliseo. Aquello fue el inicio de su nuevo bautismo, tanto le gusto que hizo suyo el apodo: “Yo soy Hispano, todos me llaman así desde mi estancia en Italia. Tanto gustó el nombre que cuando fiche por el CAI Zaragoza de balonmano el club aprovechó el apodo para hacer una campaña de publicidad vestido como un gladiador. Incluso un periódico deportivo (Marca) me hizo un reportaje disfrazado de Hispano”.

Borja jugó varios años en el HBC Nantes con sus amigos Valero Rivera junior, Jorge Maqueda, Alberto Entrerrios, entre otros. Como persona es un trozo de pan, un tipo entrañable, nada tiene que ver su apariencia feroz con su forma de ser. Se siente orgulloso de que su apodo (Hispano) haya servido para definir a un grupo de deportistas que han demostrado su talento y sus ganas de hacer historia con dos campeonatos del Mundo: “Soy el primer Hispano y me alegro de que ahora seamos muchos más. Es un nombre que requiere ser honrado cada vez que sales a una cancha”. Cuando Valero Rivera fue nombrado seleccionador de Catar tenía muy claro que entre sus seleccionados estaría Borja y le ofreció la posibilidad de jugar en un equipo (Al Oiyadah) como primer paso para nacionalizarse catarí y poder jugar con la selección el mundial que acabó ayer en Doha “Mi vida se ha movido por sueños y motivaciones. Jugar un mundial era muy importante para mí”. Borja nunca había sido internacional con España, por lo que no necesita los tres años de carencia para poder jugar con la selección de otro país.
Ahora goza de la doble nacionalidad y además ha incrementado su cuenta corriente con la decisión de nacionalizarse y los premios conseguidos por las victorias que le han permitido alcanzar el subcampeonato de la especialidad. Aquí podeis ver la celebración del título...

Esta es la historia de un ser humano maravilloso e increíble, que hoy es un hombre feliz y que celebra con sus amigos que el sueño se ha hecho realidad en el país de las mil y una noche. Su casa en Pontigon (una aldea de 30 habitantes) es un lugar de peregrinación para todos sus amigos y desde ayer lo será para muchos aficionados al balonmano. Le gusta pasar temporadas en su adora tierra asturiana y seguirá luciendo sus tatuajes, el de Hispano en la barriga, la Cruz de la Victoria de Asturias en el hombro izquierdo y el himno “Asturias patria querida” en su pierna. Ahora ya puede decir que el primer Hispano luce el título de subcampeón del mundo.

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