Porque con el paso de los años, ya somos muchos los que conocemos al Maradona futbolista a través de sus mejores jugadas, los vídeos que encontramos en nuestras búsquedas en Internet o los reportajes que a lo largo del tiempo se han realizado sobre su figura. Y uno se pregunta, ¿de verdad era tan bueno? Y la respuesta de los que sí que le vieron jugar es siempre la misma, era diferente, único, un futbolista irrepetible e inigualable que acabó convirtiéndose en divinidad balompédica.
En mi caso, apenas tenía ocho años cuando Maradona decidió colgar las botas en 1997 y los pocos recuerdos de su figura dentro del césped me llevan a la Copa Mundial de Estados Unidos de 1994, donde coleccionaba los cromos que tantos y tantos niños se afanaban a pedir a sus padres y que con ahínco intercambiaba con mi hermano y amigos con el fin de poder acabar la colección completa. Sin lugar a duda el del argentino era el más buscado por todos.
Existe una generación que no vio jugar a dios y aun así sigue siéndolo para muchos jóvenes que hoy lloran desconsolados ante la pérdida del mito. Dicen que Maradona es de todos los argentinos, también de los niños, jóvenes y ya adultos que no sintieron en sus propias carnes lo que era ver un encuentro en directo del número diez, pero a los que su grandeza futbolística les empapó de entusiasmo de igual manera por un deporte que él vivía con pasión y que fue el eje central de toda su vida.
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A pesar de que lo que veíamos de Maradona con el tiempo, conforme crecíamos y llegábamos a la edad adulta, no servía como ejemplo, castigado cada vez más por un estilo de vida que acabó en convertirle en un personaje mediático, más que en el futbolista brillante que hacía cosas inimaginables con un balón en los pies, siempre quedaba el poso de su grandeza, de lo que hizo como jugador, una sensación que pasara lo que pasara, siempre estaba por encima del alcance de cualquier noticia que pudiera llegar sobre él.
Yo no recuerdo ver jugar a Maradona en directo, pero es en un día como hoy, horas después de su fallecimiento, cuando más siento no haber podido retener en mi memoria los últimos coletazos de una carrera que le encumbró para muchos como el más grande. Otros jugadores conforman en la actualidad el olimpo del fútbol que me ha tocado vivir, Messi, Cristiano y otros muchos que nos hacen disfrutar en cada partido y que a buen seguro también tendrán su hueco en la historia una vez decidan colgar las botas, pero 'El Pelusa' era único y es por eso que ya no solo el mundo del fútbol, el del deporte en general, hoy se ha despertado más triste, sabiendo que el dios del balompié ha subido al cielo, con un balón pegado en los pies. Descanse en paz.
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