Todo sobre la Ryder

Por fin llegó la hora. La competición por equipos más importante y prestigiosa del mundo del golf (y para muchos, y me incluyo, más importante del deporte en general) vuelve tras los dos preceptivos años de espera.

Eurosport

Fuente de la imagen: Eurosport

Analicemos los aspectos fundamentales que encierran las claves de esta apasionante 36ª edición de la Ryder Cup.
El equipo americano:
En Estados Unidos nadie olvida la humillante derrota sufrida en su propia casa (Oakland Hills 2004) durante el último envite disputado, donde el equipo europeo no dio opción alguna y arrasó por un histórico 18 ½ a 9 ½, varapalo que, sin duda, aún escuece en el país con el circuito más fuerte y poderoso del mundo y en el que más licencias federativas existen (superando los 20 millones).
Históricamente, al equipo americano de la Ryder se le ha achacado su falta de “sensación de equipo”. Como ocurre en otros muchos deportes (el último ejemplo lo encontramos en el pasado mundial de baloncesto) nos encontramos ante auténticos prodigios individuales que, sin embargo, bajan notablemente de rendimiento cuando se trata de participar en competiciones por equipos. Y si existe una competición en la que la asociación de las fuerzas, la estrategia común, el compañerismo e incluso la amistad resultan absolutamente claves, ésta es la Ryder Cup. Y de ello sabe mucho el equipo europeo.
Sin embargo, parece que, al menos en la presente edición, los americanos están dispuestos a enterrar definitivamente ese “sambenito” que durante tanto tiempo les ha perseguido. Tom Lehman (capitán y ganador como jugador de una Ryder (99) de las tres que disputó) y Tiger Woods (nº 1 del mundo) son perfectamente conscientes de que si el espíritu de equipo es vital para ganar la Ryder Cup, en la presente edición lo es mucho más aún, por dos razones fundamentales:
En primer lugar, por la presencia en el bando americano de 4 novatos en Ryder Cup, como consecuencia de un sistema de clasificación muy debatido en USA (los jugadores acumulan puntos exclusivamente en función de sus clasificaciones entre los 10 primeros de cada torneo durante la temporada). Sin duda, la experiencia es otro aspecto esencial en este torneo y la responsabilidad puede pesar demasiado en estos “rookies” (números 40, 59, 62 y 65 del mundo).
Y en segundo lugar, porque el ruidoso público irlandés se va a hacer notar y va a suponer una baza adicional para los europeos. Todos recordamos las desagradables imágenes de la edición de Brooklin en el año 99, dónde los jugadores americanos, sus mujeres e incluso el público invadieron el green del último partido cuando a José María Olazábal aún le restaba un largo put (pero al fin y al cabo una oportunidad) para empatar la Ryder y retener la copa. No estoy diciendo, de ninguna forma, que vaya ha ocurrir lo mismo en Dublín. Sin embargo, es un hecho que, al menos en lo que a golf se refiere, en Irlanda el público es mucho más fogoso que en Inglaterra, país donde se disputó la edición siguiente a la referida afrenta de Brooklin y la herida, para muchos, aún no ha cicatrizado…
Ante tal panorama, Lehman y Woods se han propuesto hacer piña desde el principio. El nº1 del mundo se ha convertido, desde que la lista del equipo fue oficial, en consejero y mentor de los novatos, motivándolos y ofreciéndose a resolver cualquier inquietud que a los rookies les pudiera surgir. Además, a modo de terapia, el equipo al completo llevó a cabo un viaje “relámpago” de un par de días a Irlanda donde una noche, tras una ronda de entrenamiento, los jugadores compartieron unas pintas en un pub de Dublín. Por algo se empieza…
En cuanto a los jugadores, dadas las circunstancias, mucho me temo que el “núcleo duro” (Woods, Mickelson, Furyk, Toms y Di Marco) va a tener que trabajar muy duro si quiere regresar a casa con la copa. De entre estos auténticos fenómenos, destacaría el papel que le toca jugar de una vez por todas a Tiger Woods en un torneo que hasta ahora no se le ha dado bien. El nº 1 llega en uno de los mejores momentos de su carrera y ha de adquirir el protagonismo que en ninguna de sus 4 apariciones ha tenido (tan solo una victoria -1999- en 4 apariciones). Jim Furyk y Chris Di Marco serán otros dos jugadores a seguir: luchadores natos y muy complicados de batir en individuales.
Por último, resultará muy interesante ver cómo el capitán Lehman combina, para los partidos por parejas, tanta veteranía con tanta inexperiencia. Lo que parece evidente es que no cometerá el enorme error de su antecesor Sutton y no volveremos a ver a Tiger y Mickelson juntos.
El equipo europeo:
La sensación es totalmente distinta en lado europeo. A pesar del “pataleo” de algunos jugadores (Langer y Bjorn) por no haber sido una de las dos elecciones del capitán Ian Woosman (Weswood y Clarke han sido los elegidos) y del último roce (otro más) entre Monty y Olazábal, el equipo (y este sí que lo es) es una balsa de aceite. De los 12 jugadores, 9 formaron parte del combinado que arrasó en Oakland Hills hace 2 años, otro es José María Olazábal (6 participaciones en Ryder Cup y 3 victorias) y los dos restantes forman son una pareja de novatos de mucha entidad (Karlson y Stenson) sumando 3 victorias en la presente temporada.
Un sistema de clasificación mucho más ponderado y sensato que el americano (se clasifican los 5 con mejores resultados durante la temporada y los cinco con mejor clasificación mundial) hace que el equipo resultante se caracterice, fundamentalmente, por su equilibrio. Europa lo tiene todo: jóvenes con experiencia, treinta añeros ya veteranos en Ryder y dos auténticos líderes: Olazábal y Montgomery. Un grupo de espléndidos jugadores que conocen a la perfección el torneo y, lo que puede ser más importante, que se conocen a la perfección entre ellos.
El equipo irradia alegría, compañerismo y, en muchos casos, amistad. Y todo ello de forma natural, fruto del sano paso de los años compartiendo el circuito europeo, circunstancia que, bajo mi punto de vista, es la clave de la camaradería y solidaridad del grupo. Ninguno de los componentes ha abandonado nunca su circuito natal, sin perjuicio de compartirlo con el americano.
Resulta complicado destacar especialmente a algún jugador, dado el elevado nivel de cada uno de ellos. Sin embargo, considero que la experiencia y el carácter ganador tanto de Montgomery como de Olazábal pueden ser claves en esta edición, sin olvidar los records de puntos ganados por la pareja García y Westwood (aunque parece que este año no jugarán juntos) o el juego de los 3 irlandeses ante el calor de su público.
Como incógnita queda por saber si la apuesta del capitán a la hora de elegir a Clarke saldrá ganadora, dado que el estado de ánimo de éste tras el reciente fallecimiento de su esposa; Personalmente pienso que la elección es muy acertada.
El campo:
Respecto al precioso recorrido de The K Club, lo primero que llama la atención es que su diseño es de un americano (Arnold Palmer) y, como no puede ser de otra forma, su estilo es americano. Mucho se está debatiendo acerca de si la elección del campo ha sido acertada ya que, incluso para el Director del mismo, The K Club favorece a los americanos por su diseño, cantidad de agua y anchura.
Sin embargo, y como no podía ser de otra forma, el Palmer Course (el complejo posee otro campo de 18 hoyos llamado Smurfit Course) está siendo preparado en beneficio del equipo de casa, tal y como ocurre en cada una de las ediciones; y donde se está haciendo mayor hincapié es en los greens: los americanos los encontrarán mucho más lentos de lo que están acostumbrados (entre 3 y 3 pies y medio más lentos respecto a la media de los campos estadounidenses).
A pesar de todos los detalles que se quieran destacar en relación al campo, como decía en rueda de prensa José María Olazábal, al final vencerá el que mejor haya jugado al golf durante los tres días. Y mi opinión es que el equipo europeo, a día de hoy, y a pesar de la extraordinaria calidad de los americanos, juega mejor a este tan ingrato y maravilloso deporte.
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