EFE

Traca final, lágrimas y la irreverencia necesaria de Quartararo

Traca final, lágrimas y la irreverencia necesaria de Quartararo

El 17/11/2019 a las 15:17Actualizado El 17/11/2019 a las 15:38

El Gran Premio de Valencia es la traca final de la temporada, nunca mejor dicho. Los campeones celebran sus títulos y el rugir de los motores se queda en ‘standby’. Es momento de reflexionar, echar la vista atrás y analizar el campeonato.

La hegemonía de Marc Márquez es incuestionable y tiene pinta de que va para largo. Es el mejor piloto, con una moto confeccionada a la perfección para él, como si de un fino traje se tratara. Si todo sigue su curso batirá todos los récords y ya nadie cuestiona que con solo 26 años es uno de los mejores de la historia. Pero eso tampoco es bueno.

Es necesario que aparezca alguien que le apriete las tuercas, que el bueno de Marc note un poco de presión. Parecía que Dovizioso era ese piloto, pero la Ducati de este año ha dado dos pasos atrás en vez de evolucionar. Es el momento de los Quartararo, de Rins y de la revolución de los jóvenes.

La rápida adaptación del francés ha sido una de las notas positivas del año. El ‘Diablo’ está llamado a ser el líder de ese pequeño motín, el estandarte de los rebeldes, de los que no tocan la puerta antes de entrar. En Valencia volvió a subirse al segundo escalón del podio y aprovechó para dejar un recado a todos los que no afirmaron que no se merecía el puesto. "Esto es para todos los que no confiaban en mi", pues eso, una irreverencia necesaria.

‘Martillo y mantequilla’

Una pena que Jorge Lorenzo se haya tenido que retirar de esta forma. Un CAMPEÓN como él se merecía acabar su carrera delante, luchando con los mejores. La parrilla de MotoGP se queda sin un inconformista, uno de los pocos que fue capaz de dominar una moto oficial siendo ‘rookie’. El salto de Jorge a la máxima categoría fue una bendición para Dorna, entre Lorenzo y Stoner consiguieron cambiar las tornas y acabar con el dominio absoluto de Rossi. Un campeonato que el italiano tenía ‘secuestrado’. Esperemos que Jorge Lorenzo haya esparcido un poco de su espíritu competitivo sobre los jóvenes y su legado no caiga en el olvido.