Siempre es un placer esta profesión de probador de automóviles y motocicletas, pero cuando te cae en las manos un coche del que por culpa de los apriorismos y los prejuicios no esperas mucho y luego descubres todo lo que encierra en su interior, te sientes un poco caballero de la tabla redonda acariciando con la mirada el santo grial.
Skoda, por razones de estrategia, le toca jugar el papel de hermano pobre respecto a su familia Audi-Volkswagen-Seat, donde a los primeros les toca el lujo, a los segundos la juventud/calidad y a los últimos la deportividad. Sin embargo, este Octavia no aparta la mirada cuando se cruza con el A4 o el Passat, al contrario, les tutea. Y más, si como en nuestra unidad probada, está equipado con el brillantísimo motor TDI de 140 caballos, unido al cambio DSG, que cuando pruebas, no quieres volver al tradicional por nada del mundo.
Pruebas
Seat Altea FR, 170 CV de pura raza
05/07/2006 A LAS 16:40
A simple vista del Skoda te llaman la atención muchas cosas. Por ejemplo su tamaño. Sus cuatro metros y 57 centímetros dan para mucho, y de esto te enteras cuando abres el maletero. 560 litros de capacidad para meterlo absolutamente todo. Sin embargo, el peso final del vehículo está más que contenido, unos 1.360 kilos sin líquidos, bastante menos incluso que coches del segmento inferior. Antes de entrar también llaman la atención los faros de xenon y las llantas de cinco radios y 17 pulgadas, aunque estos dos últimos elementos hay que pagarlos aparte.
En el habitáculo la sensación sigue siendo de agrado y sorpresa, cuando ves que todo ajusta a la perfección, que los plásticos, quiza mejorables al tacto, no son de mala calidad, y que enseguida encuentras el punto a todo cuando estás al volante, con un tacto en cuero que es una delicia. El mullido del asiento, pelín duro, no oculta las comodidades que encierra un espacio pensado para que el conductor esté como en su casa y lo tenga todo a mano. Las regulaciones del asiento en altura, longitud y lumbarse, así como el volante, hacen fácil encontrar la posición. Además, todo tiene su sitio en este Octavia.
Mil y un huecos y guanteras para dejarlo todo, desde el móvil y las llaves, hasta las monedas, tickets de autopista o todo lo imaginable. Todo estará ordenado en la gran variedad de recovecos diseñados para este fin. Tanto es así que esperas encontrar en alguno de ellos el pedal de embrague, que no existe gracias al cambio automático que reduce las palancas de los pies a solo dos: acelerador y freno. Por cierto, más vale que lo hagas todo con el pie derecho, porque la sensibilidad en el izquierdo -al menos la mía- es tan nula que los primeros frenazos inesperados me hicieron desistir del "doble pie".
Párrafo aparte merece la perfecta simbiosis entre el motor TDI de 140 caballos y el cambio DSG. Después de una semana disfrutando de estas delicias casi estoy por asegurar que el uno se creó para el otro, y el otro para el uno. Si vienes de un coche de marchas "tradicional", te costará habituarte un poco a ver letras (P,R,N,D,S), donde siempre hubo números (del 1 al 5, ó al 6). Pero la comodidad y facilidad de uso te hará olvidar casi al instenta las cifras numéricas para sumergirte en un mundo de sensaciones casi maravilloso.
El motor siempre tiene potencia para entregar en el acto, y el cambio es hipersensible a la presión que efectuas en el acelerador. Si lo haces suave, para acelerar con tranquilidad, la suavidad te es devuelta en grado sumo. Pero si necesitas aceleración por la razón que sea, tu "pisotón" al acelerador te será respondido con una sensación de pegarte al asiento y sailr disparado hacia adelante, pero siempre sin perder la compostura. A más presión en el acelerador, el cambio elegirá una relación de marcha menor para salir con más potencia. Sino, la suavidad presidirá las aceleraciones, siempre en una marcha larga para racionalizar un consumo que nunca es excesivo, más bien al contrario, pese a la cantidad de caballería que posee.
Y es que no soy el único en apreciar las excelencias y bondades de este coche. Mira a tu alrededor: más de la mitad de los taxistas de España no pueden estar equivocados. Horas y horas dentro del coche te harán apreciar su comodidas y facilidad de uso.
Tienes un Skoda Octavia desde 17.080 euros, el correspondiente a la versión más básica del 1.6 Active de gasolina y 102 caballos. Sin opciones, el TDI 140 caballos sale por 23.860 euros. En el caso de la unidad de la que hemos disfrutado, a la que yo llamaría "la joya de la corona", contaba con unos cuantos extras que hacen que el precio final alcance casi los 29.000 euros. 360 de la pintura metalizada, 295 de las llantas de 17 pulgadas y 225 de perfil, 700 de los faros de xenon, 1.565 del navegador y 1.930 de esa joya llamada cambio DSG.
CON LA MANO EN EL CORAZÓN
Un gran coche. Los puntos débiles son prácticamente inexistentes, y aunque los hay, pierden toda importancia en una hipotética balanza en la que el plato más pesado sería el que soportase todas las virtudes de este vehículo, pensado por y para la comodidad del conductor.
UN COCHE PARA...
...disfrutar de la conducción. Da igual que seas joven o entradito en años, que estés forrado o no llegues a fin de mes. Merece la pena disfrutar de los placeres de la vida, y esta versión del Skoda Octavia lo es. Ideal para casados con hijos, que viajan con muchas maletas, pero sin perder de vista el placer de conducir.
¡Ah! y también, por supuesto... para taxistas.
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